Cien Palabras ha cumplido 10 años. Gracias a todos.

Parece mentira. Hace diez años empece a escribir estos pequeños cuentos, y cree esta página para darlos a conocer. Al principio la intención era escribir uno cada día, pero al final la cosa se fue espaciando, lo que me remuerde la conciencia, pero que le vamos a hacer...

Os digo de verdad que intentaré ser más constante. Pero la voluntad es débil. Así que, como oí una vez: "No puedo aseguraros que lo intente, pero os aseguro que intentaré intentarlo."

Muchas, muchas gracias a todos. Gracias por leerme y, un poquito, por entenderme.


Jordi Cebrián



Éstos son mis cuentos de Cien Palabras.


Ocupan eso, 100 palabras exactas, sin contar el título.

Leed uno.
Despues otro.
Despacio, sin prisa.
Hay muchos, centenares de ellos.
Para sonreir, para reflexionar, para estremecerse...
Teneis tiempo, volved cuando querais.

15 abril, 2003

Distorsiones temporales

En mi casa el tiempo sufre distorsiones muy extrañas: puedes entrar en una habitación, consultar tu reloj, y darte cuenta al salir de que es más pronto que cuando entraste. Estas distorsiones provocan, por ejemplo, que se me queme la comida antes de haberla puesto al fuego, o que aparezca aun sucia la ropa que puse en la lavadora. Mi mujer me asegura que eso no es posible, y sospecha que son excusas mías para justificar mis despistes. Yo no quiero contradecirla, pero la prueba de que estoy en lo cierto es que eso mismo ya me lo dijo ayer.

En tan pocas palabras

Se le habían encallado las palabras en algún pliegue extraño del cerebro. Quisiera hacer fluir historias en las que poder dotar de pasado y familia a cada personaje creado, y construir su personalidad ficticia en cientos de páginas perfectas donde las vidas, las mentiras y los deseos se cruzasen y entrecruzasen. Pero no se sentía capaz de asomarse a ese vértigo, y por eso escribía unos cuentecillos ínfimos y aun así notaba que las ideas tardaban en llegar, como si no quisieran ser encerradas en tan pocas palabras, igual que los pájaros que mueren de pena en jaulas tan pequeñas.

Trámites

Estuvo llamando toda la mañana, pero en los juzgados le aseguraban que nadie sabía nada de su caso, así que se fue hacia allí en persona, indignado por un trámite judicial que le habían comunicado, que no entendía, y que nadie parecía poder explicarle. Cuando mostró el papel en recepción, la señorita hizo que un par de guardias se lo llevaran. Con buenas palabras y sin dejar de sonreír, le cachearon, desnudaron y desinsectaron. Sus intentos de resistirse fueron inútiles: eran amables, pero grandes y fuertes. Ahora, solo en la celda, comprende amargamente que hubiera sido mejor tramitarlo por Internet.

02 abril, 2003

El presidente

(Este microcuento lo publiqué originalmente el 2 de enero de 2002. Siento enormente que parezca actual.)

El presidente lo sabe todo. Sus consejeros bullen a su alrededor, aportándole datos, argumentos, estrategias. El cerebro del presidente organiza, clasifica, disecciona y decide. Entonces los teléfonos se ponen en marcha y se gritan ordenes. Muy lejos alguien explota en pedazos, pero lo hace en silencio, dignamente, procurando no molestar. El presidente, sin embargo, tampoco estaba ya escuchando, pues de un vistazo necesita interpretar y asimilar los nuevos datos. Otra reflexión, otra orden, otra muerte. Sus consejeros admiran su coraje, su resistencia, su decisión. Al presidente, esa noche, mientras da de comer ratas a sus serpientes, le sangrará la nariz.

Objetivo militar

(Este microcuento lo publiqué originalmente el 14 de setiembre de 2001. Siento enormente que parezca actual.)

Cuando me dijeron los vecinos de escalera que Bush había salido por la tele diciendo que quería bombardear mi piso no me lo creí. Pero la del tercero, una chica muy maja, me aseguro haberlo oído ella misma, así que fui al Ministerio del Interior.

- Mire usted, nuestro país mantiene buenas relaciones con Estados Unidos, así que el problema es entre usted y ellos.

Cuando volví a casa, ya habían hecho una primera ofensiva. De una de las habitaciones que daba a la calle no quedaba nada. Llamé a Bush, pero no se ponía. Entonces oí que volvían los aviones.

31 marzo, 2003

Ayuda humanitaria

Son gente muy rara, traidores y desagradecidos, pero puede entenderse por la tiranía a que se han visto sometidos tanto tiempo. Su suspicacia es extrema: si les apuntas con un rifle, se sienten amenazados. Tengo que hacerlo para evitar malentendidos, no sea que piensen que mis balas y mis bombas son una amenaza para ellos y se lo tomen a mal. Pero aunque no valoran el esfuerzo y sacrificio que hacemos por ellos, seguiremos aquí, garantizando que reciban nuestra ayuda, aunque confieso que cuando les ves así, gritando enfurecidos, de lo que te dan ganas es de liarte a balazos.

27 marzo, 2003

Tormenta de arena

Nunca se había visto en Madrid una tormenta de arena como ésta, ni en Londres, ni en Washington. Los meteorólogos afirman que es casualidad, que nada tiene que ver con los sucesos de Irak, a los que los extremistas llaman guerra. Pero es difícil hacer entender a la gente que este viento cargado de polvo, este cielo rojo que cubre nuestras ciudades, sean casuales, porque la arena que azota las casas, que cubre nuestros coches, que nos impide respirar, no sabe sólo a tierra, a fango y a petróleo; queda también en el paladar un regusto terrible a carne quemada

12 marzo, 2003

Fiebre

Caí en un estado febril causado por la gripe y se me llenaron las noches y los días de sueños ácidos, de sonidos moviéndose y colores aullando. Cuando el sudor y la ausencia de tiempo se funden, el alma y la materia se reconcilian por fin, y sólo queda esa extraña sensación como de estar cayendo, hundiéndose de espaldas en un mar denso y blando. Perdido en mis paraísos víricos, esperé que se me mostrara mi animal totémico para guiarme hasta la luz y el conocimiento, pero lo cierto es que los antibióticos funcionaron antes de que alcanzara la sabiduría.

05 marzo, 2003

Otros lugares

Hoy, mientras andaba hacia el trabajo, una excavadora que retrocedía ha estado a punto de dar a un pobre hombre en la cabeza. Él no se ha dado cuenta, ha seguido andando, sin saber que de inmediato en otro universo no habrá tenido suerte, y yo habré tenido que agacharme, sobresaltado, para ayudar al hombre, intentar reanimarle en un esfuerzo estéril y terrible. Ahora escribo este cuento, pero hay otros cuentos que se están escribiendo al mismo tiempo, en lugares que se multiplican y se desdoblan en cada nuevo pliegue del destino, cuentos reales sobre hombres que mueren de verdad.

26 febrero, 2003

Día de lluvia, día de muerte

Mal día para los paraguas. El viento y una lluvia densa y espesa llenan las calles de cientos de paraguas muertos, cadáveres de alambre deshilachado y piel suelta. Avanzo por la calle y oigo los lamentos de mi paraguas antes de desfallecer y retorcerse y abrirse en una caricatura ridícula y grotesca. Luchando vanamente contra los elementos y el destino cruel, contemplo impotente su final. Intento reanimarlo, devolverle su anterior forma y función, pero acabo envolviéndolo con respeto en su propia tela, y sigo andando con dignidad bajo una lluvia cruel a la que no le importa una muerte más.

19 febrero, 2003

En mi pueblo

En mi pueblo hay tres tipos de personas: quienes viven en las casas, los que duermen en la calle, y los que habitan los tejados. Los que vivimos en casas, cuando por las mañanas salimos hacia el trabajo les vemos sentados junto a los semáforos o en los bancos de las plazas. A la gente de los tejados pocos les ven: algún antenista, alguna señora mientras tiende la ropa. Pero ellos intentan no estorbar, se apartan de las terrazas y las ventanas. Les gustan las tejas y los techos inclinados, y se juntan en corros para charlar y cantar bajito.

12 febrero, 2003

Informe

Me han pedido que redacte el apéndice de un subapartado de unos documentos anexos a un informe, trabajo de gran importancia. Me dedicaré a ello esta tarde. Redactaré unas cuantas páginas que enmarquen las frías cifras dentro del ámbito global y estratégico de la Corporación. A mi lado, mi misma mesa se repite interminable, y muchos como yo teclean datos parecidos. Al cabo de horas, días o meses, la Impresora Central publicará y encuadernará el informe. El Departamento de Validaciones comprobará errores tipográficos y de cálculo. Y sólo cuando los datos sean correctos, se archivará en el Gran Archivo Central.

10 febrero, 2003

Espejos

Todos los espejos son un mismo espejo. Detrás de sus reflejos mentirosos hay oscuridades que los unen. Si fuerzas la mirada hasta que tu imagen falsa se nuble y se borre, atisbarás a ver lo que se ve detrás de los espejos, verás una joven peinarse mientras sonríe enamorada, verás ancianos que miran al niño que fueron, verás hombres temerosos de reconocer su mirada cobarde. Y en algún otro espejo, si miras demasiado, ella verá también desvanecerse su rostro, y tu mirada estará en la suya un instante, hasta que un parpadeo te devuelva reflejados de nuevo tus ojos tristes.

05 febrero, 2003

Estudios de mercado

Me llamaron para participar en una prospección de mercado, para un nuevo producto de una empresa japonesa. Éramos ocho personas y el entrevistador nos preguntaba nuestra opinión sobre distintos aspectos de aquello que querían vender. Yo les dije que me parecía una birria, y les expuse las razones que me llevaban a pensar que aquello no lo compraría nadie en su sano juicio. Los demás invitados opinaban lo mismo, y acabamos todos opinando vehementemente sobre la perspicacia de aquel empresario. Cuando ya nos íbamos, me pareció ver por una puerta entreabierta un japonés compungido con una katana en la mano.

29 enero, 2003

Sopesando riesgos

A veces me pregunto por que amontono tantos trastos en esa habitación. Quisiera comprobar el contenido de unas cajas que hay allí al fondo, pero dudo que pueda jamás acceder a ellas. La posibilidad de morir aplastado por un desplome accidental de algún amontonamiento de libros me disuade de intentarlo. Analizo la situación. Debería mover esos hierros a un lado (¿cuándo los puse aquí?) y apartar el caballete y las pesas, pero el riesgo aun sería demasiado alto y no estoy dispuesto a asumirlo por una malsana curiosidad. Me resignaré a olvidar su contenido e intentaré no pensar que pueden esconder tesoros.

Solos

Llevan varios días andando entre ruinas y cenizas, y ahora están solos en el bosque quemado, solos desde que el mundo terminó. Aprovechan el mínimo cobijo para comer algo y descansar. Hace ya dos semanas que ocurrió, y mientras se miran en silencio, añoran aquel mundo donde aun había luz y cielo, y no ese polvo denso que oscurece el sol. Deciden dormir allí, por turnos. Mañana seguirán andando hasta la siguiente ciudad devastada y buscarán latas de comida y cosas útiles entre los escombros y los cadáveres, rezando porque los monstruos no les encuentren, pues también ellos tienen hambre.

21 enero, 2003

Perdido

Quise cortar camino y me vi metido en un laberinto enrevesado de callejuelas estrechas, perdído de la manera más absurda, cuando ya oscurecía, en una zona de la ciudad que creía conocer perfectamente. No circulaban coches, ni gente, ni quedaban ya portales o ventanas que dieran a los lugares angostos por donde pasaba. Sólo el interminable deambular entre sombras. Intenté volver atrás deshaciendo mis pasos, procurando recordar los lugares por donde ya había pasado y los giros que tomé. No sirvió de mucho. Creo que habían pasado varias horas cuando te encontré y ahora al menos buscamos juntos la salida.

17 enero, 2003

Presencias

Les ve fugazmente moverse a su lado, y cuando gira la cabeza hacia ellos, desaparecen. Sabe que andan por su casa, en instantes reconoce sus presencias afanándose de un lado a otro, paseándose por sus habitaciones, hurgando en papeles que sólo él debería tocar. Intenta comportarse como si no estuvieran allí, como si no les escuchara susurrar por la noche cuando creen que duerme, contándose recuerdos de crímenes antiguos, planeando venganzas contra él. En sus noches repletas de miedos teme quedarse dormido y sueña que no duerme, que les vigila despierto y les ve venir cuando se acercan con cuchillos.

14 enero, 2003

Ficciones en la oficina

En la oficina todo seguía igual, la misma actividad, el mismo inmovilismo. Era tanto el hastío, tanto el aburrimiento, que dedicó la mañana a inventar historias ficticias. Imaginó a sus compañeros y a su jefe en situaciones comprometidas, enfrentados a realidades que les superaban. En una de sus ficciones convirtió los montones de papeles aburridos en tesoros que ocultaban conocimientos arcanos. No eran facturas, ni hojas de control, sino pergaminos que atesoraban ciencias ya desconocidas. El interfono le despertó de sus ficciones. El jefe le pedía una tabla con presupuestos y previsiones. Dudó entre llevársela o retarle a un duelo.

10 enero, 2003

Lugares susurrados<

Cuando ya no había otros bares ni otras luces en la calle, aun podía entrarse allí, una caverna oscura decorada con velas y seda roja, cojines en el suelo, miradas penetrantes desde las tinieblas de algún rincón. La música: vibraciones de cuerdas, algún metal profundo, un latir rítmico y cautivador. Algunas mujeres se atrevían a entrar solas, seducidas por misterios que la ciudad susurra. Se sentaban inquietas, excitadas, temerosas, y bebían un licor peculiar, un destilado fuerte, acre. No tardaban en tener compañía, en sentir ese placer prohibido de palabras seductoras, de una boca en el cuello vaciándote de sangre.

08 enero, 2003

Conspiración oculta

Su conspiración para dominar el mundo pasaba desapercibida, pues la desarrollaba y dirigía desde una carnicería del barrio antiguo. Desde allí aprovechaba su trato con las clientas para ir introduciendo de manera subrepticia consignas e insinuaciones, encaminadas todas a tejer la trama del nuevo orden. Con el tiempo fue modelando el mundo a su antojo, y cuando por fin decidió que las condiciones eran las idóneas para darse a conocer, fue a un programa de televisión y contó que, desde aquel momento, mandaba él. Cuando le cortaron la palabra para dejar paso a los anuncios, hizo que despidieran al presentador.

07 enero, 2003

Jugando con el tiempo

Haciendo experimentos en casa con un juego de química y electrónica que trajeron los reyes a los niños, encontré la manera de manipular el tiempo a voluntad. Tras hacer algunas pruebas y confirmar mis hipótesis, fui entusiasmado a contárselo a mi mujer. Ella, levantando la vista del libro con condescendencia, me dijo que eso ya se lo había dicho antes, y siguió leyendo. Desconcertado por su reacción y sin querer molestarla, fui a la cocina a picar algo, y me di cuenta definitivamente de que algo iba mal cuando me vi a mi mismo de espaldas rebuscando en la nevera.

03 enero, 2003

Mentiras

Me quieren convencer de que vivo en una tiranía, tan sólo porque nuestro líder viste ropa de campaña. Quieren hacerme creer que me falta libertad, sólo por tener que dar cuenta a la administración de mis movimientos y por tener que pedir permiso para expresar opiniones extrañas. Me quieren convencer de que vivo esclavo, sólo porque son cadenas lo que llevo colgado de las manos y los pies. Quieren que me crea que lo que cuentan por la tele no es verdad, que no avanzamos, que los que mueren de hambre no lo hacen solamente para dañar a su patria.

Nuevas necesidades

En mi barrio abrieron una tienda nueva. Desde fuera no podía saberse que vendían, y a través de los escaparates sólo se atisbaban algunas cajas puestas en los estantes, sin etiquetas ni indicaciones. Un día vi a un vecino salir cargado con un par de cajas grandes. ¿Que venden aquí?, le pregunté. Si no lo sabes es que no lo necesitas, me dijo, y se fue. Así que entré en la tienda y le aseguré al dependiente, señalando una caja, que necesitaba ésa, la más grande. Me miró sorprendido, pero nada comentó. Ahora, en casa, no me atrevo a abrirla.

01 enero, 2003

Letargo invernal

Ese invierno el anciano quedó atrapado dentro de un iglú, sin posibilidad de mandar sus cuentos de cien palabras en botellas o en palomas mensajeras para que llegaran al mundo, más allá de aquellos glaciares inacabables y aquellas focas hurañas. Y así, día a día, sin poder salir, los cuentos iban quedando congelados apenas nacían de su imaginación, hasta que la imaginación misma se congeló y todo fue letargo y la tentación de un bienestar eterno. Luego volvió el calor, el iglú se fundió, y los ínfimos cuentos volvieron a la vida, igual que la hierba nueva bajo el hielo.

19 diciembre, 2002

El mapa robado

Robó el mapa a un mercader con el que compartieron algunas jarras de vino en la peor taberna de la ciudad. Aprovechó la ebriedad del hombre para hurgar en los bolsillos de su chaqueta, hallando sólo aquel papel doblado. Luego supo que era un mapa mágico, que brillaba de noche y te indicaba con puntos amarillos los lugares donde había riquezas ocultas. Tras usarlo para cometer algunos robos afortunados se dirigió a un punto de la ciudad que brillaba rojo. Allí no vio nada especial, hasta que un perro rabioso le saltó encima y le mordió en el cuello, matándole.

17 diciembre, 2002

La serpiente

Me remuevo inquieto en la cama. No he debido dejarme convencer para cuidar la serpiente de mi amigo, pero no supe decirle que no. Me ha asegurado que me será sencillo: sólo tengo que darle un ratón al día y dejarla dormir. Me ha traído también una jaula con siete ratoncillos blancos, uno por cada día que piensa estar fuera. Dice que sólo tengo que coger uno, tirarlo dentro por un agujero de la parte superior, y dejar que la serpiente se lo coma vivo. Mañana toca el primero. He de tranquilizarme, y vencer el miedo a que pueda gustarme.

Monstruosidad

Llevaba meses haciéndolo sin que nadie sospechara sus atrocidades. Los sábados entraba de noche en la iglesia descolgándose desde el tejado por unas vigas de madera, abría la puerta de la sacristía, y cambiaba el vino sacramental por vino de taberna. Se arrodillaba en medio de la pequeña sala, rezando a dioses diferentes para que quitaran de aquel lugar toda la fuerza, toda la magia. El domingo por la mañana se sentaba en un banco a ver salir la gente de la iglesia, y sentía un placer cruel en la certeza de que les había condenado a todos al infierno.

13 diciembre, 2002

Construcción

El rascacielos crece y crece, cada vez más alto. Hace tiempo que se perdieron los planos originales en un incendio fortuito, y el equipo de arquitectos que lo diseñó murió en un desafortunado accidente de aviación cuando iban a asistir a una conferencia internacional sobre luz y espacios vacíos. Así que desde entonces, desprovistos de guía y supervisión, los equipos de trabajo siguen apilando piso sobre piso, en una torre ya inmensa y monstruosa. Los más desconfiados aseguran que aquello no puede proseguir indefinidamente, y que los fuertes crujidos que se escuchan son de la estructura que empieza a resentirse.

12 diciembre, 2002

Pilas de corta duración

No me quedaban pilas de recambio, así que he bajado a una tienda que hay cerca de mi casa, que abre hasta muy tarde. Allí me han explicado, muy amables, que por algún problema de suministro sólo tenían ahora pilas planas y unas pequeñas que se usan para los relojes y las calculadoras. A esas horas todas las demás tiendas de mi barrio estaban cerradas y no podía ir hasta el centro, donde siempre hay tiendas abiertas. Así pues he vuelto a casa, y me he sentado a escribir este cuento, antes de que se me acaben del todo las

10 diciembre, 2002

Motivación

Me dijeron que el nuevo trabajo sería muy motivador, me lo aseguraron repetidas veces, así que el primer día me instalé en el despacho a la espera de notar algo. A las pocas horas vi que allí tampoco tendría futuro, pues no notaba mayor motivación que la que ya es en mí habitual y notoria. Cuando me di cuenta de que me habían engañado, fui a hablar con el gerente quien, con la excusa de una reunión, no quiso recibirme. He vuelto a mi mesa, pero no pienso trabajar hasta que venga alguien y me motive, porque me lo dijeron.

08 diciembre, 2002

Lenta soledad

Me levanté y fui a despertar a mis hijos, pero sólo había uno. Le pregunté a mi mujer por nuestra hija, y me miró extrañada, mostrándome su mirada que el error era mío, que mi hija nunca existió. Al día siguiente mi mujer seguía allí, y hacíamos una buena pareja, pero nunca habíamos tenido niños. Hoy al ir a dormir la he abrazado con fuerza, y a ella le ha extrañado este súbito arrebato de cariño. Y no quiero decirle que mañana yo estaré soltero, y viviré en este mismo piso, pero más sucio, más desordenado, y muy, muy vacío.

05 diciembre, 2002

Mal sueño

Hoy he vuelto a tener la pesadilla terrible y recurrente de que en mi trabajo descubren por fin lo que yo hago y me despiden, para mi vergüenza, entre la indiferencia de mis compañeros, y el sarcasmo cruel de mis superiores. Cuando en mis sueños siento estos temores, algo en mi se esfuerza en despertar rápido, en dejar aquellas ilusiones tramposas. También hoy he abierto los ojos, y me he dado cuenta de que todo era un sueño, de que estaba en la oficina, en mi mesa, y seguro que el jefe, que se acerca, no me ha visto durmiendo.

03 diciembre, 2002

Protección de datos

Estaban muy preocupados por la privacidad de sus datos, que podían valer millones en el mercado negro, así que me contrataron para que les montara un sistema seguro, con encriptaciones fractales y recifrado dinámico, para no tener que preocuparse de que nadie les tocara los bits. Les instalé el sistema, reforcé sus canales de comunicaciones y blindé, en una palabra, sus valiosas informaciones. Les expliqué como usarlo todo y les recordé que, pese a lo sofisticado de los sistemas, siempre el punto más débil es el factor humano. Agradecieron mi trabajo y salí, tranquilamente, con mi portátil bajo el brazo.

29 noviembre, 2002

Cronopizzas

Había descubierto el secreto para viajar atrás en el tiempo, así que montó un negocio de pizzas a domicilio que hacía llegar la comida a casa un segundo después de haber hecho el pedido. A veces el motorista temporal se aceleraba demasiado y llegaba a casa con las pizzas segundos antes de la llamada. Si superado el desconcierto el cliente usaba el teléfono para hacer el encargo que ya tenía, se salvaba la situación, pero si echaba al repartidor diciendo que no había pedido nada, las distorsiones temporales hacían que en todo el barrio, durante un rato, antes fuera después.

27 noviembre, 2002

El juego de las navidades

Se reunieron muchos expertos en pedagogía y psicología evolutiva, y diseñaron el juego perfecto para los niños: nada de violencia, nada de competitividad, y mucho aprendizaje en valores. Las asociaciones de padres estuvieron encantadas, e hicieron campaña para que fuera el juguete más vendido de las navidades. Los niños que jugaban, como es muy lógico, se morían de asco, y ni aprendían ni se divertían, y acababan tirándose el tablero por la cabeza, y haciendo apuestas para ver a quien le cabían más fichas en la boca. Los padres, pobres, se miraban consternados y pensaban en qué habían hecho mal.

26 noviembre, 2002

Sueños de pago

Me pagaban por soñar. Cada noche me encontraba con ellos en un sotano húmedo y oscuro, donde bebía sus hierbas y dormía sobre un suelo alfombrado, mi mente elaborando las ficciones que, de algún modo, les nutrían. No sé qué hacían con mis sueños, pero recuerdo haber vislumbrado personas que habitaban mis ensoñaciones y se escondían tras mis fábulas y mis terrores, espectadores voraces de las mentiras que mi cerebro ideaba. Al principio tuve miedo de que me dañaran mientras dormía, pero pronto supe que sólo en sueños corría peligro, y por ello evitaba soñar con cuchillos o con hachas.

25 noviembre, 2002

El monstruo quiere vírgenes

El monstruo quiere vírgenes, le dicen. Los padres la llevan al bosque, y por el camino la hacen cantar canciones de despedida. Han de ofrecerla al monstruo para evitar que destruya sus campos y queme sus cosechas. La dejan arrodillada en la entrada de la cueva, vestida de blanco. La han enseñado a no llorar, a no mirar atrás aunque oiga a sus padres sollozar a sus espaldas, alejándose. Se van, piensa, nadie se atreve a ver al monstruo. Ella esperará allí, y cuando descubra que no hay monstruo en la cueva para llevársela, será tarde, y no sabrá volver.

22 noviembre, 2002

Bibliomancia

Había leído en alguna revista acerca de la bibliomancia, y la puso en práctica cuando tuvo una crisis matrimonial. Abrió la Biblia tres veces dejando que su vista cayera por azar sobre tres palabras. Estudiando sus relaciones y significado, encontró la mejor manera de solucionar los problemas conyugales. Viendo que la cosa funcionaba, usó también el método en su empresa, y decidió así que debía echar a la mitad de la plantilla a la calle. Aquello fue un éxito, y se forró. Usó la bibliomancia para invertir, pero por mucho que pensó no supo como relacionar “camello”, “gehena” y “aguja”.

20 noviembre, 2002

Motín

Ayer nos pusimos de acuerdo para decirle al presidente lo que opinamos sobre su estrategia. Sin callarnos nada, sin medias tintas. Lo haremos durante la reunión de cierre de inventario: antes de que empiece a hablar, le soltaremos todo lo que tenemos preparado. Lo estuvimos ensayando anoche, practicando las posibles respuestas. Consensuamos el contenido, pero costó decidir quien lo expondría. Eso nos costó más, pues sería comprometido leerle todas aquellas barbaridades sin que se lo tomara a mal. Al final decidimos que lo hiciera el jefe de contabilidad, que no había venido. Estábamos borrachos, es cierto, pero la intención era buena.

19 noviembre, 2002

Nuevas tecnologías

Nadie estaba contento con esa tecnología, pero todos querían usarla. Al principio, cuando pocos podían poseerla, fueron muchos los detractores, pero al abaratarse los precios se popularizó. Era cómodo, en efecto, usar aquellos teletransportadores de salón: marcabas el número deseado y si el otro usuario lo autorizaba te teletransportabas a su casa u oficina, dotada de un dispositivo similar. Accidentes había pocos, pero bastantes fallos de seguridad y, pese a los muchos controles de privacidad, a veces familiares indeseados se materializaban en casa por sorpresa, o llegaban por la noche hombres malos a los que no habías invitado a cenar.

18 noviembre, 2002

Miedo a dormir en sueños

En mis sueños intento no dormir nunca, por miedo a soñar también, y a no saber si estar despierto es sólo otra ficción, o si la vigilia es tenue e inexacta como la duermevela. Por eso en mis sueños, tras amarte, te abandono en una cama fría y grande, por no saber si seguiré durmiendo para siempre, más allá de otras noches y otros días, de otras vidas prestadas. Siempre despierto cansado, pero hoy no, pues soñé que dormía en tu regazo y allí soñaba también que nunca te habías ido, y despertaba igual que ahora, teniéndote a mi lado.

13 noviembre, 2002

Método científico

Mis padres no tomaban muy en serio mis aficiones científicas, y pensaban que yo experimentaba con animales para hacerles daño, disfrutando con ello. No reconocían mi método, ni valoraban los avances que realizaba. Cuando empecé a usar corrientes dejaron de bajar al sótano, pues no soportaban el olor. Yo anotaba en mis cuadernos cada progreso en mi búsqueda de un sistema para hacer revivir sus cuerpos inertes o regenerar sus mutilaciones. Pero las pruebas fracasaban siempre, hasta que descubrí el motivo: los animales no tienen alma, y eso les impide renacer. Feliz, llamé a mis padres para contarles mis conclusiones.

12 noviembre, 2002

Neuroimplantes

Para conseguir los neuroimplantes no me importó tener que fundirle los plomos a algún mediorobot. Es más, disfruté haciéndolo. Odiaba a esos seres, antes personas, y finalmente disuelta su humanidad en un revoltijo de cables y órganos eléctricos recubiertos de titanio y neopiel. Pero era consciente de que cuando tuviera los neuroimplantes iniciaría también ese descenso imparable y voluntario: querría también un corazón sin fallos, visión nocturna y telescópica, más memoria de acceso rápido, sintonizadores emocionales. Los orgánicos desprecian y odian la inhumanidad de los mediorobots, pero todos anhelan congelar su conciencia en formoles binarios y, como yo, devenir inmortales.

08 noviembre, 2002

Peluche

Cuando mi hija me dijo que su tortuga de peluche la había mordido, le dije que era una tortuga mala, y que no tenía que morder a niñas tan bonitas como ella. Di un par de azotes fingidos al muñeco de trapo, y lo puse de nuevo a los pies de la cama. Luego, para curarle el mordisco a mi hija, bese el brazo que me mostraba, con una marca roja circular como prueba del presunto ataque. Pensé que se lo habría hecho sola, con sus dientes, pero al cerrar la luz vi brillar maliciosos los ojos de la tortuga.

07 noviembre, 2002

Grandes decisiones

Llegan en coches oficiales, cargados de maletines. Se encierran en la sala y empiezan los preparativos. Sobre la mesa hay ya muchos dados de diferentes colores y número de caras, con símbolos y cifras. Para cada decisión hay que seguir complejos procedimientos, y algunas tiradas conllevan repetir el proceso desde el principio. Se apuntan resultados, se consultan tablas de decisión, se vuelven a tirar los dados. Tras muchas horas de trabajo despiertan al portavoz y le comunican las decisiones. Él convoca entonces una rueda de prensa y explica las resoluciones tomadas y los motivos, porque el portavoz tiene gran imaginación.

06 noviembre, 2002

Poderes especiales

En la última reunión de vecinos concedimos al presidente el privilegio de poder liarse a palos con cualquiera que incumpliera los estatutos de la comunidad, sobre todo si este incumplimiento pudiese implicar problemas de seguridad para la comunidad de vecinos. Las cosas mejoraron mucho: tras los primeros apaleamientos apenas nadie baja la basura fuera de horas, ni usa en sus balcones pinturas de colores no autorizados. Seguimos teniendo el problema de las músicas a todo volumen, o del excesivo olor a ajo que desprenden algunas cocinas, pero en la próxima reunión daremos al presidente una llave maestra de los pisos.

05 noviembre, 2002

Noche de difuntos

Es noche de difuntos y hoy, en la costa de la muerte, se cuentan historias junto al fuego. Sólo los locos desafiarían la niebla espesa de la noche abandonando el calor y el olor a queimada de la taberna. De la densa oscuridad del exterior surge una mujer que entra en silencio y se sienta cerca de la chimenea. Les cuenta que ella ya había estado allí, cientos de años atrás, cuando gobernaba un barco de marineros locos. Se la escucha en silencio temeroso, y el terror crece al ver hombres en las ventanas, y las espadas, y las hachas.

04 noviembre, 2002

Vida en pareja

Ella se levanta antes, para ir a trabajar. Él se hace el dormido, y espera a oír la puerta del piso cerrándose para abrirle los armarios y revolver sus cosas y papeles. Tacha nombres de hombres en cartas ya amarillas. Rasga sus medias negras y tira a la basura uno de sus pendientes azules. En el armario, le mancha algunas prendas de tinta y de aceite, y descose costuras, y se nubla su vista. Antes de salir, en un bolsillo del abrigo azul de su mujer deja un trozo de pan mascado, y en el otro una hoja de afeitar.

31 octubre, 2002

Cambiarme la memoria

Quiero comprarme una memoria nueva, recordar lugares en donde nunca he estado, rememorar tus besos, y las sonrisas que nunca me ofreciste. Quiero recuerdos que borren mis memorias antiguas, que sustituyan esos momentos huecos, de aire helado, de atardeceres solo. Quiero esta noche cambiar esta realidad turbia en la que fuimos cayendo por tu culpa, tu desamor, tu indiferencia. Cuando ya tenga la memoria nueva, todo será distinto, más bonito, te recordaré fiel y amantísima, y aunque no pueda devolverte a la vida, ya no sabré jamás cuanto he llegado a odiarte, ni recordaré que fui yo quien te mató.