Cien Palabras ha cumplido 10 años. Gracias a todos.

Parece mentira. Hace diez años empece a escribir estos pequeños cuentos, y cree esta página para darlos a conocer. Al principio la intención era escribir uno cada día, pero al final la cosa se fue espaciando, lo que me remuerde la conciencia, pero que le vamos a hacer...

Os digo de verdad que intentaré ser más constante. Pero la voluntad es débil. Así que, como oí una vez: "No puedo aseguraros que lo intente, pero os aseguro que intentaré intentarlo."

Muchas, muchas gracias a todos. Gracias por leerme y, un poquito, por entenderme.


Jordi Cebrián


Éstos son mis cuentos de Cien Palabras.


Ocupan eso, 100 palabras exactas, sin contar el título.

Leed uno.
Despues otro.
Despacio, sin prisa.
Hay muchos, centenares de ellos.
Para sonreir, para reflexionar, para estremecerse...
Teneis tiempo, volved cuando querais.

29 noviembre, 2002

Cronopizzas

Había descubierto el secreto para viajar atrás en el tiempo, así que montó un negocio de pizzas a domicilio que hacía llegar la comida a casa un segundo después de haber hecho el pedido. A veces el motorista temporal se aceleraba demasiado y llegaba a casa con las pizzas segundos antes de la llamada. Si superado el desconcierto el cliente usaba el teléfono para hacer el encargo que ya tenía, se salvaba la situación, pero si echaba al repartidor diciendo que no había pedido nada, las distorsiones temporales hacían que en todo el barrio, durante un rato, antes fuera después.

27 noviembre, 2002

El juego de las navidades

Se reunieron muchos expertos en pedagogía y psicología evolutiva, y diseñaron el juego perfecto para los niños: nada de violencia, nada de competitividad, y mucho aprendizaje en valores. Las asociaciones de padres estuvieron encantadas, e hicieron campaña para que fuera el juguete más vendido de las navidades. Los niños que jugaban, como es muy lógico, se morían de asco, y ni aprendían ni se divertían, y acababan tirándose el tablero por la cabeza, y haciendo apuestas para ver a quien le cabían más fichas en la boca. Los padres, pobres, se miraban consternados y pensaban en qué habían hecho mal.

26 noviembre, 2002

Sueños de pago

Me pagaban por soñar. Cada noche me encontraba con ellos en un sotano húmedo y oscuro, donde bebía sus hierbas y dormía sobre un suelo alfombrado, mi mente elaborando las ficciones que, de algún modo, les nutrían. No sé qué hacían con mis sueños, pero recuerdo haber vislumbrado personas que habitaban mis ensoñaciones y se escondían tras mis fábulas y mis terrores, espectadores voraces de las mentiras que mi cerebro ideaba. Al principio tuve miedo de que me dañaran mientras dormía, pero pronto supe que sólo en sueños corría peligro, y por ello evitaba soñar con cuchillos o con hachas.

25 noviembre, 2002

El monstruo quiere vírgenes

El monstruo quiere vírgenes, le dicen. Los padres la llevan al bosque, y por el camino la hacen cantar canciones de despedida. Han de ofrecerla al monstruo para evitar que destruya sus campos y queme sus cosechas. La dejan arrodillada en la entrada de la cueva, vestida de blanco. La han enseñado a no llorar, a no mirar atrás aunque oiga a sus padres sollozar a sus espaldas, alejándose. Se van, piensa, nadie se atreve a ver al monstruo. Ella esperará allí, y cuando descubra que no hay monstruo en la cueva para llevársela, será tarde, y no sabrá volver.

22 noviembre, 2002

Bibliomancia

Había leído en alguna revista acerca de la bibliomancia, y la puso en práctica cuando tuvo una crisis matrimonial. Abrió la Biblia tres veces dejando que su vista cayera por azar sobre tres palabras. Estudiando sus relaciones y significado, encontró la mejor manera de solucionar los problemas conyugales. Viendo que la cosa funcionaba, usó también el método en su empresa, y decidió así que debía echar a la mitad de la plantilla a la calle. Aquello fue un éxito, y se forró. Usó la bibliomancia para invertir, pero por mucho que pensó no supo como relacionar “camello”, “gehena” y “aguja”.

20 noviembre, 2002

Motín

Ayer nos pusimos de acuerdo para decirle al presidente lo que opinamos sobre su estrategia. Sin callarnos nada, sin medias tintas. Lo haremos durante la reunión de cierre de inventario: antes de que empiece a hablar, le soltaremos todo lo que tenemos preparado. Lo estuvimos ensayando anoche, practicando las posibles respuestas. Consensuamos el contenido, pero costó decidir quien lo expondría. Eso nos costó más, pues sería comprometido leerle todas aquellas barbaridades sin que se lo tomara a mal. Al final decidimos que lo hiciera el jefe de contabilidad, que no había venido. Estábamos borrachos, es cierto, pero la intención era buena.

19 noviembre, 2002

Nuevas tecnologías

Nadie estaba contento con esa tecnología, pero todos querían usarla. Al principio, cuando pocos podían poseerla, fueron muchos los detractores, pero al abaratarse los precios se popularizó. Era cómodo, en efecto, usar aquellos teletransportadores de salón: marcabas el número deseado y si el otro usuario lo autorizaba te teletransportabas a su casa u oficina, dotada de un dispositivo similar. Accidentes había pocos, pero bastantes fallos de seguridad y, pese a los muchos controles de privacidad, a veces familiares indeseados se materializaban en casa por sorpresa, o llegaban por la noche hombres malos a los que no habías invitado a cenar.

18 noviembre, 2002

Miedo a dormir en sueños

En mis sueños intento no dormir nunca, por miedo a soñar también, y a no saber si estar despierto es sólo otra ficción, o si la vigilia es tenue e inexacta como la duermevela. Por eso en mis sueños, tras amarte, te abandono en una cama fría y grande, por no saber si seguiré durmiendo para siempre, más allá de otras noches y otros días, de otras vidas prestadas. Siempre despierto cansado, pero hoy no, pues soñé que dormía en tu regazo y allí soñaba también que nunca te habías ido, y despertaba igual que ahora, teniéndote a mi lado.

13 noviembre, 2002

Método científico

Mis padres no tomaban muy en serio mis aficiones científicas, y pensaban que yo experimentaba con animales para hacerles daño, disfrutando con ello. No reconocían mi método, ni valoraban los avances que realizaba. Cuando empecé a usar corrientes dejaron de bajar al sótano, pues no soportaban el olor. Yo anotaba en mis cuadernos cada progreso en mi búsqueda de un sistema para hacer revivir sus cuerpos inertes o regenerar sus mutilaciones. Pero las pruebas fracasaban siempre, hasta que descubrí el motivo: los animales no tienen alma, y eso les impide renacer. Feliz, llamé a mis padres para contarles mis conclusiones.

12 noviembre, 2002

Neuroimplantes

Para conseguir los neuroimplantes no me importó tener que fundirle los plomos a algún mediorobot. Es más, disfruté haciéndolo. Odiaba a esos seres, antes personas, y finalmente disuelta su humanidad en un revoltijo de cables y órganos eléctricos recubiertos de titanio y neopiel. Pero era consciente de que cuando tuviera los neuroimplantes iniciaría también ese descenso imparable y voluntario: querría también un corazón sin fallos, visión nocturna y telescópica, más memoria de acceso rápido, sintonizadores emocionales. Los orgánicos desprecian y odian la inhumanidad de los mediorobots, pero todos anhelan congelar su conciencia en formoles binarios y, como yo, devenir inmortales.

08 noviembre, 2002

Peluche

Cuando mi hija me dijo que su tortuga de peluche la había mordido, le dije que era una tortuga mala, y que no tenía que morder a niñas tan bonitas como ella. Di un par de azotes fingidos al muñeco de trapo, y lo puse de nuevo a los pies de la cama. Luego, para curarle el mordisco a mi hija, bese el brazo que me mostraba, con una marca roja circular como prueba del presunto ataque. Pensé que se lo habría hecho sola, con sus dientes, pero al cerrar la luz vi brillar maliciosos los ojos de la tortuga.

07 noviembre, 2002

Grandes decisiones

Llegan en coches oficiales, cargados de maletines. Se encierran en la sala y empiezan los preparativos. Sobre la mesa hay ya muchos dados de diferentes colores y número de caras, con símbolos y cifras. Para cada decisión hay que seguir complejos procedimientos, y algunas tiradas conllevan repetir el proceso desde el principio. Se apuntan resultados, se consultan tablas de decisión, se vuelven a tirar los dados. Tras muchas horas de trabajo despiertan al portavoz y le comunican las decisiones. Él convoca entonces una rueda de prensa y explica las resoluciones tomadas y los motivos, porque el portavoz tiene gran imaginación.

06 noviembre, 2002

Poderes especiales

En la última reunión de vecinos concedimos al presidente el privilegio de poder liarse a palos con cualquiera que incumpliera los estatutos de la comunidad, sobre todo si este incumplimiento pudiese implicar problemas de seguridad para la comunidad de vecinos. Las cosas mejoraron mucho: tras los primeros apaleamientos apenas nadie baja la basura fuera de horas, ni usa en sus balcones pinturas de colores no autorizados. Seguimos teniendo el problema de las músicas a todo volumen, o del excesivo olor a ajo que desprenden algunas cocinas, pero en la próxima reunión daremos al presidente una llave maestra de los pisos.

05 noviembre, 2002

Noche de difuntos

Es noche de difuntos y hoy, en la costa de la muerte, se cuentan historias junto al fuego. Sólo los locos desafiarían la niebla espesa de la noche abandonando el calor y el olor a queimada de la taberna. De la densa oscuridad del exterior surge una mujer que entra en silencio y se sienta cerca de la chimenea. Les cuenta que ella ya había estado allí, cientos de años atrás, cuando gobernaba un barco de marineros locos. Se la escucha en silencio temeroso, y el terror crece al ver hombres en las ventanas, y las espadas, y las hachas.

04 noviembre, 2002

Vida en pareja

Ella se levanta antes, para ir a trabajar. Él se hace el dormido, y espera a oír la puerta del piso cerrándose para abrirle los armarios y revolver sus cosas y papeles. Tacha nombres de hombres en cartas ya amarillas. Rasga sus medias negras y tira a la basura uno de sus pendientes azules. En el armario, le mancha algunas prendas de tinta y de aceite, y descose costuras, y se nubla su vista. Antes de salir, en un bolsillo del abrigo azul de su mujer deja un trozo de pan mascado, y en el otro una hoja de afeitar.