Cien Palabras ha cumplido 10 años. Gracias a todos.

Parece mentira. Hace diez años empece a escribir estos pequeños cuentos, y cree esta página para darlos a conocer. Al principio la intención era escribir uno cada día, pero al final la cosa se fue espaciando, lo que me remuerde la conciencia, pero que le vamos a hacer...

Os digo de verdad que intentaré ser más constante. Pero la voluntad es débil. Así que, como oí una vez: "No puedo aseguraros que lo intente, pero os aseguro que intentaré intentarlo."

Muchas, muchas gracias a todos. Gracias por leerme y, un poquito, por entenderme.


Jordi Cebrián


Éstos son mis cuentos de Cien Palabras.


Ocupan eso, 100 palabras exactas, sin contar el título.

Leed uno.
Despues otro.
Despacio, sin prisa.
Hay muchos, centenares de ellos.
Para sonreir, para reflexionar, para estremecerse...
Teneis tiempo, volved cuando querais.

28 enero, 2004

Taller

En aquel taller sólo trabajaban vampiros. Al entrar extrañaba tanta oscuridad, un hangar grande con paredes altas, sin ventanas. Por lo demás era un taller normal: fotos de mujeres desnudas sentadas sobre neumáticos, grasa en el suelo, tornillos y piezas incomprensibles sobre estanterias metálicas. Eran buenos mecánicos, lo hacían bien. Muchos en la ciudad traían sus coches para reparar, y nunca les faltaba trabajo. Estaban bien allí, se sentían integrados en la comunidad, ganaban mucho dinero, y la comida no escaseaba, pues algunos clientes dejaban el coche en el taller con gente dentro, y así la reparación les salía gratis.

Espíritu cívico

Mientras tiraba algunos periódicos viejos a la basura vi que una mujer me fotografiaba haciéndolo y luego llamaba por móvil para denunciarme por no reciclar. Quise recriminarla por acusica, pero me aclaró que era una Informadora Municipal Voluntaria, y que ése era su deber. No quise discutir y me largué rápido, con tan mala pata que pasé la calle con el semáforo de peatones en rojo. No venía nadie, pero un señor me vio, y telefoneó a la Guardia Urbana. Huí corriendo por las aceras, actividad ilegal, mientras me recriminaban mi actitud y sacaban el móvil amenazadoramente. Maldito espíritu cívico.

22 enero, 2004

Muertes absurdas (1)

Como cuando estás esperando en la cola del super, pasando las cosas del carro a la cinta transportadora, pensando en no olvidarte de pedir que te apliquen el descuento promocional, y de pronto, qué estupidez, la corbata enganchada en la cinta, párela señorita, por favor, párela, he dicho que la pare, pero los nervios, ya se sabe, la señorita no acierta con el botón, se equivoca, aumenta la velocidad, y tu cara se arrastra sobre la cinta, la corbata te tira y te ahoga, y se oyen gritos, manos voluntariosas intentan desatarte, pero cambias de color, y ya es tarde.

20 enero, 2004

No más fotos

Un buen día descubrí que yo ya no estaba en las fotos antiguas. Mi mujer aparecía sola en todas, y mi anterior presencia era ahora invisible. En algunas, se la veía riendo o hablando a alguien inexistente. Constaté que tampoco en mis documentos oficiales había más que cartulinas blancas donde antes estaba mi rostro. El espejo seguía reflejándome, así que desestimé haberme convertido en vampiro, pero probé de fotografiarme y tampoco conseguí nada. Yo desesperaba ante el misterio, pero mi mujer me consoló diciéndome que total nunca quedaba bien en las fotos y que era mucho más guapo al natural.

14 enero, 2004

Monstruo en el bosque

La mujer dejó a su marido durmiendo en la cabaña y se adentró, sola y descalza, en el bosque oscuro, buscando el monstruo que habitaba sus sueños. Era noche sin luna, y tras mucho andar, perdida ya, desfalleció.

Algo grande, fuerte y peludo, la levantó sin esfuerzo, mientras aún dormía, y la llevó a algún lugar donde abusar de ella. Antes de que un manotazo la despertara, ella soñaba aún con el monstruo del bosque, que la salvaría y la llevaría más allá de los árboles, muy lejos, a salvo de su marido que, otra vez, la había atrapado antes.

09 enero, 2004

Enturbiando almas

Soy psiquiatra, atiendo a pacientes ansiosos, melancólicos o desesperanzados. Tumbados en el divan, me cuentan sus historias. Debería ayudarles, pero mis preguntas e intervenciones tienen otro propósito: hacer más oscuros sus miedos, más turbias sus soledades, más dolorosos sus vacios. Ellos no lo notan, creen que estamos escarbando en sus recuerdos y traumas, y que saldrán renovados de la terapia tras muchas, muchas sesiones. En realidad, tras cada visita, su alma se va volviendo algo más fragil, y de sus debilidades saco yo mi fuerza y mi poder.Y además de hacer lo que me gusta, me pagan generosamente por ello.

07 enero, 2004

Planes de dominio

Mi ambición, desde siempre, ha sido dominar el mundo. Dediqué a ello muchas horas y elaboré planes maquiavélicos. Ensayé risas sardónicas, me compré un par de mascotas inquietantes, y establecí un centro de operaciones en el sótano de casa, donde iba acumulando materiales diversos ante la estupefacción indignada de mi mujer. Yo carecía de deformidades o mutilaciones que me dieran apariencia siniestra, pero confié en que la ejecución de mis propósitos y los enfrentamientos con los inevitables enemigos me las proporcionarían cuando menos lo pensara. Hoy, aunque lo nieguen, domino por fin el mundo y ya sólo temo al aburrimiento.