Cien Palabras ha cumplido 10 años. Gracias a todos.

Parece mentira. Hace diez años empece a escribir estos pequeños cuentos, y cree esta página para darlos a conocer. Al principio la intención era escribir uno cada día, pero al final la cosa se fue espaciando, lo que me remuerde la conciencia, pero que le vamos a hacer...

Os digo de verdad que intentaré ser más constante. Pero la voluntad es débil. Así que, como oí una vez: "No puedo aseguraros que lo intente, pero os aseguro que intentaré intentarlo."

Muchas, muchas gracias a todos. Gracias por leerme y, un poquito, por entenderme.


Jordi Cebrián


Éstos son mis cuentos de Cien Palabras.


Ocupan eso, 100 palabras exactas, sin contar el título.

Leed uno.
Despues otro.
Despacio, sin prisa.
Hay muchos, centenares de ellos.
Para sonreir, para reflexionar, para estremecerse...
Teneis tiempo, volved cuando querais.

23 septiembre, 2003

Desmemoria

Está condenado a olvidar. Unos lo consiguen refugiándose en el alcohol, o entumeciendo el cerebro ante el televisor.. Él, en cambio, que quiere recordar, vive su maldición con horror y con pena. Todo empezó con temas menores: no saber dónde dejó el coche, o las llaves, o el libro que leía. Pero ahora olvida también el dolor que ha infligido, y eso provoca más sangre y más dolor. De día todo es desmemoria y rutina. Al revés que la gente, por la noche se emborracha para recordar, y sale a la calle sabiendo que las nuevas muertes las olvidará mañana.

Pero no siempre fue así

Tras la gran guerra, los vampiros salieron de sus escondites y controlaron el mundo. No haber creido nunca en ellos no nos libraba de la esclavitud, ni de servir de alimento a quienes se proclamaban nuestros superiores. Algunos intentaron rebelarse, es cierto, pero lo que hicieron con ellos provocó que cada vez hubiera menos resistentes, nadie quería arriesgarse a acabar de aquel modo. Muchos se acomodaron, recibieron cargos y prebendas, fueron lacayos serviles de los chupasangre, y pusieron sus voces y sus libros a su servicio. Ahora parece que nunca hubiera existido otro pasado, y yo mismo empiezo a olvidarlo.

16 septiembre, 2003

Espera

A él no le dejaron salir. Los demás ya estaban fuera, incluso la pareja de delante en la cola, que también había tenido problemas. Ahora, en la sala sin muebles, sólo estaba él. Habían cerrado las puertas, y reducido la luz al mínimo. Estaba acostumbrado a obedecer, así que se sentó resignado en el suelo, junto a una pared. Pasaron algunas horas y finalmente llegó un responsable, quien le informó de su situación y de los complejos motivos burocráticos que retrasaban su turno. En unos días, le aseguró, estará resuelto, entretanto llene estos papeles. Siguió esperando, pero nadie más vino.

El caparazón de la tortuga

Le habían regalado la tortuga para que no se sintiera sólo, allí en su piso. No le gustaba demasiado el animal, pero se obsesionó con las manchas y dibujos de su caparazón. Aquellas formas y simetrías, códigos que pedían ser abiertos, símbolos con significados arcanos. Estudió y analizó aquel lenguaje. Llegó a conocer de memoria cada curva y relieve, y ensayó con letras y con cifras buscando un sentido que se le escapaba.

La tortuga murió. No la había alimentado. De cuclillas, en una esquina, mirando concentrado el caparazón vacío, sigue buscando signos y portentos. Sólo eso, un caparazón vacío.

08 septiembre, 2003

Acaban las vacaciones

Se acabaron las vacaciones. Estos días ha estado descansando, jugando con los críos, intentando quitarse de la cabeza los gritos y agobios del quehacer diario. En la playa, aburrido ya de leer la prensa, añoraba que acabara el verano, y poder volver a trabajar. Hay personas que sólo viven pendientes de las fiestas y los fines de semana. Pero a él le gusta lo que hace, siempre le ha gustado, así que vuelve al trabajo con ánimos renovados y examina el expediente que debe tratar hoy. Se trata de un disidente, un subversivo, pero él sabe cómo arrancarle la información.