28 noviembre, 2006

Intimidad protegida

Mi hija me pidió un cuento sobre ella, y, para inspirarme, decidí echar un vistazo a hurtadillas a su diario personal. Un día que ella había salido, entré en su habitación, y empezaron a sonar las alarmas. Estaba preparado para eso: desconectando un par de cables, las hice callar. Pero no contaba con el gas, ni con la trampa que golpeó mis tobillos. Tapándome la boca, alargué la mano hacia el cajón, pero algo me cayó encima. Salí huyendo, sin el diario y sin saber cómo se lo explicaría a Alba. Pero al menos ya tenía tema para un cuento.

3 comentarios:

willy dijo...

malo jordi eso no se hace
por hacer eso me lleve ingrata sorpresa

Anónimo dijo...

Muy bueno. Me imagino que alba no pasa de los 12 años, y todas esa trampas, más que objetos fisicos, eran tus propios temores y moral impidiendote ejecutar el acto. Bueno, me fui en la volada jajaja.

Anónimo dijo...

genial.