Cien Palabras ha cumplido 10 años. Gracias a todos.

Parece mentira. Hace diez años empece a escribir estos pequeños cuentos, y cree esta página para darlos a conocer. Al principio la intención era escribir uno cada día, pero al final la cosa se fue espaciando, lo que me remuerde la conciencia, pero que le vamos a hacer...

Os digo de verdad que intentaré ser más constante. Pero la voluntad es débil. Así que, como oí una vez: "No puedo aseguraros que lo intente, pero os aseguro que intentaré intentarlo."

Muchas, muchas gracias a todos. Gracias por leerme y, un poquito, por entenderme.


Jordi Cebrián


Éstos son mis cuentos de Cien Palabras.


Ocupan eso, 100 palabras exactas, sin contar el título.

Leed uno.
Despues otro.
Despacio, sin prisa.
Hay muchos, centenares de ellos.
Para sonreir, para reflexionar, para estremecerse...
Teneis tiempo, volved cuando querais.

23 abril, 2005

El Carro (VII)




Se sentía invencible conduciendo ese carro de combate, sin muros ni obstáculos que pudieran detenerle. Recuerda la academia, las carreras con otros blindados, la euforia de sentirse tan vivo y fuerte. Pero nunca le enseñaron qué había que sentir cuando se tiene en frente, como ahora, a un hombre con sólo dos bolsas de plástico en las manos y un lazo azul en la solapa, al que se le unen en silencio otros hombres, y mujeres, y niños. No quiere mirar los rostros, por no reconocer a nadie. Recibe por radio la orden que no quería oír, y debe obedecer.


22 abril, 2005

El Ermitaño (IX)




El Ermitaño (IX)

El anciano baraja de nuevo los arcanos mayores, y compone con ellos la cruz céltica. No quisiera ver repetidas las lecturas anteriores, pero las cartas no mienten, aun cuando el orden nunca se repita. Ve de nuevo confirmado que aquella historia tiene un discurrir inevitable, ya escrito, y que tras cada cuento, tras cada carta, ira dejando algo de si mismo. Pero no hay opción, pues los personajes corren ya libres y piden ser contados. Así, el anciano repasa de nuevo los arcanos y lee sus cíclicas historias, y se limita luego a transcribirlas, una tras otra, en cien palabras.



21 abril, 2005

El Sumo Pontífice (V)



Imparte la bendición a la multitud congregada en la plaza, y advierte muchos lazos azules entre la concurrencia como protesta contra la muerte de un pobre infeliz al que el emperador ha hecho colgar por disidente. No ha querido condenar la ejecución, pues sabe que eso provocaría revueltas y no está bien. Además, mientras muchos se niegan a aceptar ese silencio, otros piden una defensa cerrada del emperador. Mientras les habla en latín, un idioma que no entienden, los más fieles entre los fieles imponen el orden, arrancan lazos azules, ordenan rezos y ofrecen en holocausto a los malos creyentes.



20 abril, 2005

La Justicia (XI)




Los verdugos no les gustamos, lo sé, pero odio cuando esos señoritos trajeados me preguntan eso. Quieren orden y seguridad pero desprecian a quienes hacemos el trabajo necesario. Nos encuentran útiles pero estéticamente desagradables. ¿Saben qué hizo este tipo al que acabo de ahorcar? Destripaba gente, sus últimas víctimas sobrevivieron, pero el chico sigue en coma y con ella jugó tanto que tardará en sanar. Mañana ahorcaré a otro, si, un escultor subversivo, creo. Por eso odio esta pregunta: ¿Que si disfruto con mi trabajo? ¿Por quién me han tomado? ¿Acaso no soy humano? Claro que disfruto, ¿quién no disfrutaría?



19 abril, 2005

El Diablo (XV)




La noche es asquerosamente fría. Conduce despacio por la comarcal, y ve a la pareja de tortolitos haciendo autostop. Ella es un bomboncito, sí señor. El frío se anula por un fuego interior que lleva tiempo sin quemarle. Para el coche, finge amabilidad, suben. No paran de contarle sus historias absurdas: unos padres intolerantes, una bruja que les había sugerido ir a ver a no sé que idiota. Pero están cansados, y se duermen abrazados en el asiento trasero. Sonríe, y se alegra de llevar en el maletero, como siempre, su bolsa con los libros de anatomía y los bisturíes.


La Sacerdotisa (II)




Acaba de atender a una pareja joven a quienes sus padres quieren ver separados. Les ha dado un par de velas de colores y un buen consejo, y se han ido felices y confiados. Ahora los ha olvidado ya, y estudia los dibujos trazados en la arena, y los completa con un círculo y un par de lineas cruzadas. Siente que algo está cambiando, que la estabilidad del imperio puede ser sólo una apariencia, así que persevera en sus lecturas y sus invocaciones. Siempre ha sabido mantener el secreto, pero llegan tiempos interesantes, y la verdad habrá de abrirse paso.




El Emperador (IV)



Su despacho está en lo alto de una torre de cristal. Desde sus ventanales contempla su imperio, habla por teléfono, dicta directrices, toma decisiones. Apenas se discuten sus mandatos, pero circulan por la ciudad esculturas burlescas que fabrica un vagabundo y que le faltan al respeto. Se ocupará de ello, pero ahora sólo piensa en la visita anterior, un extraño personaje que no estaba en su agenda y que le ha mostrado papeles, y le ha hecho observar unas figuras en su ordenador. Finalmente se han dado la mano, y siente de repente que le duele tanto poder, tanta responsabilidad.



18 abril, 2005

El Mago (I)




Llega cuando no se le espera, a veces rodeado de niños a los que divierte con trucos, otras veces solo y huraño. Desde las ventanas se le observa con respeto y temor: su presencia aporta sabiduría pero también es presagio de cambios e incertidumbres. Lleva una bolsa de piel, o tal vez un ordenador portátil conectado a Internet por satélite. Tal vez te llamará por tu nombre sin conocerte, y en sus libros o en su pantalla barajará símbolos, letras, signos y señales. Y si entonces te mira a los ojos fijamente sabrás que no puedes escapar de tu destino.


El Loco (0)



Dejó atrás todo, y ahora hace esculturas extrañas que vende a turistas despistados, y aprende trucos de magia que jamás muestra a nadie. Cree tener cosas que contar, reflexiones nunca dichas, nunca escritas, pero nadie quiere oírlo, ni a él le gusta hablar con gente. Antes, cuando era contable, cada día se parecía a otro día, y soñaba con vivir así, pero sin latas de comida y sin frío. Ahora es libre, o algo parecido, y no tiene que explicarse ante nadie, y come cuando quiere y hace lo que quiere. Pero, incluso ahora, cada día es igual al anterior.



07 abril, 2005

Homenaje, en estos días, a una buena persona

Homenaje, en estos días, a una buena persona

Murió, ante todo, una buena persona. No fue fácil su infancia, tras una guerra, teniendo que pasar hambre, pero él se preocupó siempre de los suyos, trabajó por ellos, estuvo siempre a su lado. Tuvo que cambiar de país sin dejar de ser humilde, pero el mundo a veces es injusto y él tuvo que abandonar a los suyos de nuevo, ahora para siempre, hasta más allá del horizonte, viajando en patera hacia un lugar desconocido donde trabajar para hacer dinero y volver a casa. Pero esa noche la patera volcó, y no ha habido colas para ver su cadáver.