Cien Palabras ha cumplido 10 años. Gracias a todos.

Parece mentira. Hace diez años empece a escribir estos pequeños cuentos, y cree esta página para darlos a conocer. Al principio la intención era escribir uno cada día, pero al final la cosa se fue espaciando, lo que me remuerde la conciencia, pero que le vamos a hacer...

Os digo de verdad que intentaré ser más constante. Pero la voluntad es débil. Así que, como oí una vez: "No puedo aseguraros que lo intente, pero os aseguro que intentaré intentarlo."

Muchas, muchas gracias a todos. Gracias por leerme y, un poquito, por entenderme.


Jordi Cebrián


Éstos son mis cuentos de Cien Palabras.


Ocupan eso, 100 palabras exactas, sin contar el título.

Leed uno.
Despues otro.
Despacio, sin prisa.
Hay muchos, centenares de ellos.
Para sonreir, para reflexionar, para estremecerse...
Teneis tiempo, volved cuando querais.

27 mayo, 2003

Elecciones

Votamos entre los vecinos de escalera para elegir al próximo presidente. El del segundo afirmó haber ganado, pues la mayoría de pisos votaron por él. Pero el del tercero argumentaba que teniendo en cuenta los residentes de cada piso, las personas que confiaban en él eran más, así que se proclamó también vencedor. Las dos chicas del ático, que no habían votado, dijeron disentir del sistema y declararon su piso autogestionado. La viejecita del cuarto propuso ilegalizarlas y prohibirles usar el ascensor. Por el bien de la escalera, daré un golpe de mano y asumiré la presidencia por la fuerza.

23 mayo, 2003

Posicionamientos

No me dejaron entrar, y cuando me quejé, me replicaron que la pegatina que llevaba era ambigua, que no quedaba claro ni que yo fuera demócrata, ni que estuviera en contra de las guerras, ni que condenara con la suficiente vehemencia las agresiones a los animales, las violaciones de niños o los maltratos físicos y mentales a las mujeres. Yo intenté exponer que mis ideas y mis posicionamientos políticos o sociales eran de difícil transcripción a pegatinas polícromas, pero me di cuenta por las miradas de que no estaban por demasiadas sutilezas, así que decidí marcharme. Ya votaré otro año.

13 mayo, 2003

Bloqueo del escritor

Fue al psicólogo y le contó que ya no podía escribir, que le faltaban ideas y sentía angustia y vacío ante la página en blanco, eso a lo que llaman bloqueo del escritor. Tras escuchar sus lamentos, el psicólogo le explicó sus innovadores métodos de tratamiento conductista, consistentes en amenazar con romperle las piernas si la semana que viene no traía escritos veinte cuentos. El escritor expresó reticencias, y el psicólogo hizo entrar a un matón para que le diera, como advertencia, un puñetazo en el estómago. En casa los cuentos fluyen como nunca antes, pero ahora se siente avergonzado.

El tren de la bruja

Desde muy pequeño he odiado el tren de la bruja, esa atracción donde los niños recorren en un trenecito un lugar oscuro donde la bruja les espera, gritando y agitando su escoba, para asustarles, hacerles reír, o ambas cosas. Pero para mí era un lugar horrible de verdad, un lugar donde la oscuridad podía contener cosa malsanas y terribles, donde cada ruido podía ser presagio de males insospechados, y aun recuerdo el sudor frío que sentía cuando mi padre me obligaba a estar allí, horas y horas, disfrazado de bruja y asustando a los niños, mientras él llevaba la taquilla.

06 mayo, 2003

Fe perdida

Pasaron los años, y se dio cuenta demasiado tarde de que no creía en dios, que sus ceremonias y ritos se le antojaban de repente gestos vacíos y huecos. Aunque siguió estudiando cada día los libros arcanos y releyendo sus pasajes, que en otro momento fueron fuente de inspiración y ahora resultan sólo cuentos rancios, el anciano no pudo recuperar la fe perdida, ni hallar la fuerza y el valor necesarios que le permitieran rebelarse. Y por eso, aunque carentes ya de significado, mantiene sus rezos, sus misas y sus bendiciones desde el balcón de la Plaza de San Pedro.