Cien Palabras ha cumplido 10 años. Gracias a todos.

Parece mentira. Hace diez años empece a escribir estos pequeños cuentos, y cree esta página para darlos a conocer. Al principio la intención era escribir uno cada día, pero al final la cosa se fue espaciando, lo que me remuerde la conciencia, pero que le vamos a hacer...

Os digo de verdad que intentaré ser más constante. Pero la voluntad es débil. Así que, como oí una vez: "No puedo aseguraros que lo intente, pero os aseguro que intentaré intentarlo."

Muchas, muchas gracias a todos. Gracias por leerme y, un poquito, por entenderme.


Jordi Cebrián


Éstos son mis cuentos de Cien Palabras.


Ocupan eso, 100 palabras exactas, sin contar el título.

Leed uno.
Despues otro.
Despacio, sin prisa.
Hay muchos, centenares de ellos.
Para sonreir, para reflexionar, para estremecerse...
Teneis tiempo, volved cuando querais.

30 noviembre, 2001

Los últimos

Perdimos pronto la inocencia prometida, pero tardó en llegar para nosotros aquel momento impensado en que nuestros deseos devinieron actos y ofrendas y certezas terribles e insólitas. Pronto fuimos legión y bajo nuestros pies corrieron ríos helados y universos vacíos. Ya entonces nuestro juego era el juego de los padres primeros, el juego de la ira ciega y el abandono. El último amanecer estuvo preñado de turbias señales. La locura empezó a deshacer los hilos del pasado. Nuestra obra impía se perdió entre las olas y nuestros cuerpos desgajados quedaron como petreo legado de un futuro que no nos merecimos.

29 noviembre, 2001

El proyecto

El proyecto parecía simple, pero con los meses fue adquiriendo una inercia propia, y se necesitaron centenares de reuniones para asumir la velocidad con que cambiaba, la dinámica que iba tomando. Más allá de voluntades particulares, crecieron sus dimensiones, e hicieron falta miles de comisiones para absorber las descomunales tareas que de él se desprendían. Con los años, todo lo demás iba siendo abandonado o engullido por el canibalismo insaciable del Proyecto, ahora en mayúsculas. Cuando quienes lo iniciaron ya habían muerto, como sus hijos, y los hijos de sus hijos, de repente, sin previo aviso, el Proyecto fue cancelado.

28 noviembre, 2001

Como en toda ficción

Toda ficción es la del sueño en el sueño, la del guerrero ante el abismo perdido en la noche helada, entre lobos, donde dormido cree andar hacia el trabajo por la mañana, cada mañana, y tras una mesa hablar y hablar, hasta que el fuego le despierta y se ve rodeado de soldados que le atan y le llevan y le encierran y al dormir es de nuevo alguien que vuelve de la oficina, sus niños, su mujer y mientras come y habla el corazón se para y su muerte en el sueño es su muerte en el campamento enemigo.

Transgresión

Todos necesitamos una transgresión. Cruzar los límites, adormecer la conciencia, penetrar en un mundo amoral para recuperar el goce primigenio de la irresponsabilidad. Yo quería disfrutar ese momento, tentándome a mí mismo, preguntándome si sería capaz de ejercer ese acto de crueldad total con quien había compartido mi infancia conmigo. Destruirlo me haría sentirme, de algún modo vergonzoso y terrible, capaz de cualquier cosa. Pero no pude, mis manos perdieron su tensión, se relajaron mis nudillos y el gesto brutal se convirtió de nuevo en el abrazo infantil, de nuevo el abrazo con mi osito, al que jamás podré romper.

26 noviembre, 2001

Amor total

Cuando ella me pidió lo más oscuro, descendí hasta el centro mismo del infierno por hacerla feliz. Cuando ella susurró en mis oídos palabras de sangre, tendí mis manos más allá de los límites para teñir de rojo su felicidad. Cuando ella me abrasó como un fuego y me pidió la vida de mis seres queridos, llorando se la di para saciar su sed. Hoy al amanecer, dormida junto a mí, vi en sus sueños mi muerte y quise huir. La calle estaba fría. Volví para tenderme de nuevo junto a ella, y velar su sueño, abrazándola hasta su despertar.

El devenir de la guerra

El rey quería conocer el devenir de la guerra. Astrólogos insignes se reunieron durante diez días y diez noches. Observaron estrellas y planetas; calcularon conjunciones, oposiciones y alineaciones. Cuando el rey oyó su predicción les mandó matar, y busco a brujos que supieran leer de las entrañas de animales la verdad que quería. Sacrificaron un buey y veinte palomas, y sus vientres abiertos corroboraron la verdad de las estrellas. Mataron a los brujos.

Pero, a la mañana siguiente, al frente de sus ejércitos, el rey sabía que la victoría sería de su pueblo, y que él no llegaría a verla.

23 noviembre, 2001

La fórmula

Los científicos observaron los resultados que había proporcionado el ordenador. Repasaron los cálculos y, tras asegurarse que todo estaba bien, volvieron los ojos a la fórmula obtenida. Se miraron en silencio, hasta que uno se atrevió a hablar.

- Así que éste es el secreto de la mente humana; la fórmula que encierra todos los misterios del cerebro del hombre: su comportamiento, sus dichas, sus pesares...

No pudo acabar la frase. Avergonzado, empezó a llorar, apartando la vista de los otros.

- ¿Qué te ocurre? - le preguntaron

Él miró a sus compañeros y a la fórmula:

- No lo sé - sollozó.

22 noviembre, 2001

Destino

Seguí el rastro de la mujer vieja. Me adentré por rincones donde niños borrachos de olvido jugaban a morir. La vi entrar en la última puerta de la ultima casa. Gris, gastada, triste. Pintada de años vacíos. Pintada de adiós.

No entré. Me senté en un portal al otro lado de la calle. Al matarla, de algún modo, yo también moriría. Pero cuando tras muchas horas la puerta se abrió, fui tras ella de nuevo. Llegué a estar a un palmo de su espalda. Habíamos dejado la ciudad. Se giró y me miro con ojos muy cansados.

- ¿Ya? - preguntó.
- Si.

21 noviembre, 2001

El jhais

En las orillas del río Hastir habita un animal pequeño e improbable, el jhais, cruce de ratón y tortuga, al que todos los habitantes de allí respetan y jamás osarían perturbar. Los jhais entran en las aldeas y se comen el grano; entran en las escuelas y roen los libros y los mapas; entran en los templos y anidan tras las imágenes. A veces un hombre enloquece, arremete contra ellos y mata alguno. Inevitablemente, el hombre es desterrado y muere alejado de su pueblo y de los suyos, sintiéndose culpable por su arrebato y sabiendo que se reencarnará en jhais.

20 noviembre, 2001

La tienda del señor Guillermo

La tienda es pequeña y se encuentra en un callejón estrecho de la parte vieja de la ciudad. Puedes pasar por delante y no verla: una puerta de madera oscura, unos cristales que el tiempo ha vuelto opacos. Si entras te atenderá el señor Guillermo, divertido y jovial. Te pedirá algunos hilos rojos, o el olor de una tarde de tu infancia, o tu sueño de anteayer. Si llegáis a un acuerdo, mantén tu palabra. Él te dejará buscar por la tienda, y llevarte lo que quieras; la sonrisa del hijo que perdiste, el beso de quien no te amo.

18 noviembre, 2001

Bajo el suelo

Estaban hartos de vivir escondidos, de tener que huir siempre, vivir bajo la tierra, en túneles oscuros y húmedos, donde realizaban sus ceremonias y bebían sangre y tomaban vino hasta emborracharse. No podían salir a la luz, pues los de fuera les temían. Temían su fuerza, su vitalidad y sus ritos que podían convertirles en uno de ellos. Y, pese a todo, cada vez eran más. El número de los que llevaban esa vida subterránea crecía, y algún día dejarían los túneles y saldrían fuera, abandonarían para siempre las catacumbas y practicarían bajo el sol de Roma sus ritos cristianos.

Soledad

Él guarda las fronteras del imperio, solo en la nieve, sobre su caballo. Al cinto lleva una espada antigua, con inscripciones que ya nadie sabe leer. Todo lo que su vista divisa es el desierto blanco. A cientos de kilómetros, detrás suyo, sus ciudades bullen de actividad, las mujeres cantan, los niños juegan, los hombres comercian, mienten, roban. Saben que él está allí, velando sus sueños, sus anhelos diarios, sus vidas.

El vigilante levanta la vista. Cerca del horizonte ve crecer hileras de soldados, con antorchas, lanzas, carros cargados de metal y piedras. Y, por primera vez, se siente solo.

16 noviembre, 2001

Problemas de agenda

Mi mujer me dijo que cómo se iba a acabar el mundo ese fin de semana si ya habíamos quedado con sus padres para comer, así que cancelé el Apocalipsis y pensé que con la de millones de años que llevaba todo en marcha no vendría de una semana. Al otro miércoles mi madre me llamó: "Pobre de ti que se acabe el mundo el fin de semana, con la de tiempo que hace que no nos vemos". ¿Iba a decirle que no a mi madre? Ahora bien, hoy es viernes y, por fin, tengo el fin de semana libre.

15 noviembre, 2001

Qué hacer si uno se muere de repente

Si uno se muere de repente, si cae muerto, fulminado, antes de haber tenido tiempo de reaccionar, lo primero es no lamentarse. Ya está. Ya pasó. No tiene ya sentido (ni viabilidad práctica) echarse las manos a la cabeza, o intentar cambiar las cosas. Paciencia. En segundo lugar, tampoco debería uno pensar en moverse o en realizar acciones de otro tipo que tengan un gran componente de interacción con nuestro entorno físico. Estas ideas están, irremediablemente, condenadas al fracaso, olvidémonos de ellas. No. En estos casos, lo mejor es mantener la serenidad y tener en todo momento muy presente que

En el lugar de trabajo

No es este el mejor lugar donde he trabajado, pero tiene algo en común con los demás. Mi mesa parece un vertedero. Lápices, memosticks, tarjetas y papeles se amontonan como pueden. Cuando dentro de un tiempo revuelva los documentos, aparecerá debajo algún tesoro oculto, o algo que debía hacerse, y no se hizo, y no pasó nada. Ocurre mucho en este trabajo. En mis primeras tareas para la Corporación ya aprendí que no hay que hacer caso a lo que te pide la gente; no demasiado. Con que justifiques un par de ejecuciones a la semana, nadie te dice nada.

13 noviembre, 2001

Camiones

El hombre avanzó despacio. A su lado, largas colas de personas, caminando disciplinadamente por la carretera soleada. Las consignas se oían cada vez con más fuerza, provenientes de los grandes altavoces que habían instalado en los camiones. La gente se apretujaba para entrar. El camión, con gente aun subiendo, arrancaba para irse y otro, vacio, le sustituía. El hombre se sentó en el suelo. No sabía a donde iban los camiones, pero ya había perdido el interés por montar en ellos. Veía a la gente empujarse cuando les faltaba poco para llegar y los camiones llenos desaparecer en la lejanía.

Carta en el buzón

Apreciado vecino:

Desde que hace dos meses me mudé a este apartamento, he observado que su actitud hacia mí podría calificarse, cuando menos, de desconsiderada. Como usted ya debe intuir a estas alturas de la carta, me refiero a su constante ir y venir, su arrastrar muebles y su reiterada música a un más que excesivo volumen. Por todo esto, y dados mis reiterados e infructuosos intentos de llegar a una solución civilizada con usted, he matado a su perro y se lo he dado de comer a mis gatos.

Deseando que entienda mi proceder, se despide atentamente,

Su vecino.


12 noviembre, 2001

Labor pastoral

¿Qué se cuenta de mí por el pueblo?, dime. ¿Te han contado que la iglesia se llenaba cada domingo para oír mis sermones? Luego empecé a dedicar más tiempo al estudio y descuidé un poco mi labor pastoral, pero los temerosos, los inseguros, los pobres de espíritu, venían a mí, y yo les devolvía la fuerza de la que Dios les había desposeído. Al final eran muchos, ¿sabes?, y eso hizo que la gente del pueblo empezara asustarse y a portarse mal con nosotros. Nos quisieron quemar vivos allí dentro, ¿te lo han contado?. Pero hemos vuelto, ¿les oyes acercarse?

10 noviembre, 2001

Escribiendo un cuento

Cuando le quitaron las vendas de los ojos parecía un buen principio para un cuento, con frases como y la humedad del suelo y el serrín sucio y recrear el ambiente y angustiar al lector, usar las heridas apenas le dolían, pero el hambre le retorcía el estómago, y una pausa, un vaso de bourbon, cerrar los ojos y seguir escribiendo sin saber donde estaba, que eran esas manchas en las paredes intentando no forzar el ambiente, una nueva pausa, otro cerrar los ojos de nuevo y seguir escribiendo y no poder, ahí, con las manos atadas a la espalda.

08 noviembre, 2001

Perdido

Ha salido a jugar, pero se ha perdido, está oscuro y cree que sabrá volver, pero no sabe, no hay caminos en el bosque de noche, sólo ruidos, ramas rotas, cada sombra una garra, cada sonido una amenaza, y por eso corre y tropieza y se cae y sigue corriendo y, entonces, no una sombra, sino una luz que le congela en el sitio, le hace arder el rostro y ve dos formas de seres que no reconoce, y la silueta de una nave antes de desmayarse, antes de que los astronautas se lo lleven como esclavo a la Tierra.

Propuesta cruel

Aquel viejo, millonario y engreído, me ofrecía 300 millones si estrangulaba al cachorro de dálmata con mis manos. ¿El motivo? Jugar con mi alma, corromperla. ¿Mi dignidad? Perdida en los casinos. Me dio el perrito, me lo hizo tener en brazos. Me miró y no pude sostener la mirada de aquellos ojos puros. Pero, 300 millones. La solución a mis problemas, mi futuro. Ahora me arrepiento de haberlo hecho, pues en mis sueños, cada noche, siento unas manos cerrándose en mi garganta, cortándome la respiración, rompiéndome la traquea como yo lo hice aquel día, loco de rabia, con el viejo.

06 noviembre, 2001

Hurto

En el súper no me creyeron cuando les dije que yo no había robado nada. Entre dos seguratas, me llevaron al calabozo del hipermercado, donde estuve atado un par de horas, sin que me hubieran leído mis derechos ni invitado a zumo. Llegaron luego quienes habían de juzgarme y, sin demora, pero con los debidos formalismos, me condenaron a estarme allí diez años como reponedor.

He pasado tres años en este infierno, y aunque conozco el trágico destino de quienes lo intentaron antes, esta tarde probaré de huir, escondido entre las bolsas de comida, en el carro de alguna viejecita.

Escribir cansa

Aquella noche se le hacía duro ponerse a escribir. Ya no sentía la necesidad imperiosa de antaño. Cuando al fin se animó, fue llenando metódicamente hoja tras hoja. Tras un par de horas, se sintió cansado y pensó en dejarlo. Nunca se acostaba dejando lo escrito sin terminar, pero desde que tomaba la medicación se sentía menos compulsivo, menos obsesivo. Se estiró en la cama y, por primera vez en mucho tiempo, se durmió sin angustias, pese a no haber acabado de escribir su protección ritual. Más tarde, su habitación se llenó de garras y dientes y gritos y sangre.

04 noviembre, 2001

Intervención rutinaria

Llegaron de noche. Su compañero de habitación, que había ingresado ayer por una hernia inguinal, estaba durmiendo. Los enfermeros fueron muy amables, y le dijeron que se había adelantado la operación. Le sedaron, le pusieron en la camilla y le aseguraron que antes de que se diera cuenta su apéndice ya no le molestaría más. Le bajaron al sótano, por un pasillo donde sólo distinguió la luz que salía del quirófano del fondo. Al entrar, aunque estaba ya durmiéndose, creyó ver a su mujer con el doctor, besándose. "Estate tranquila. Sólo será un momento", le decía el doctor.

Objetivo militar

Cuando me dijeron los vecinos de escalera que Bush había salido por la tele diciendo que quería bombardear mi piso no me lo creí. Pero la del tercero, una chica muy maja, me aseguro haberlo oído ella misma, así que fui al Ministerio del Interior.

- Mire usted, nuestro país mantiene buenas relaciones con Estados Unidos, así que el problema es entre usted y ellos.

Cuando volví a casa, ya habían hecho una primera ofensiva. De una de las habitaciones que daba a la calle no quedaba nada. Llamé a Bush, pero no se ponía. Entonces oí que volvían los aviones.

03 noviembre, 2001

Noticia reciente

- Señores telespectadores, nos vemos obligados a dar una trágica noticia, recién llegada a redacción. Hace pocos minutos ha sido descubierto el cadáver de nuestra compañera, Clara Rius. Con éste ya son tres los casos que...

Ella prosiguió con los detalles. Al acabar, Jaime se le acercó.

- ¿Estás bien? ...teníamos que dar la noticia.

- He de salir. Me ahogo aquí dentro.

- Te acompaño.

Dudó, pero no tenia miedo a Jaime.

- Si, por favor, con todo esto prefiero no andar sola. - dijo y sus dedos, en el bolsillo, acariciaron un mechón del cabello de Clara, recien arrancado. Esa chica nunca le gustó.

01 noviembre, 2001

BST-Serie 600

Los modelos anteriores BST no habían funcionado. Uno estalló por el camino, mucho antes de llegar a la Tierra, sin haber entrado en el Sistema Solar. Los técnicos realizaron modificaciones y revisaron cálculos. Tras el fallo de los modelos 664 y 665, los especialistas umnitas habían remapeado los circuitos neurales para evitar más contratiempos.

- No podemos esperar más. Desde el gobierno nos presionan para que enviemos otro de inmediato, y esta vez sin fallos

El lanzamiento fue perfecto. Los umnitas rezaron porque llegara bien a su objetivo. Esta vez no hubo errores. El modelo BST-666 destruyó el planeta Tierra.