Cien Palabras ha cumplido 10 años. Gracias a todos.

Parece mentira. Hace diez años empece a escribir estos pequeños cuentos, y cree esta página para darlos a conocer. Al principio la intención era escribir uno cada día, pero al final la cosa se fue espaciando, lo que me remuerde la conciencia, pero que le vamos a hacer...

Os digo de verdad que intentaré ser más constante. Pero la voluntad es débil. Así que, como oí una vez: "No puedo aseguraros que lo intente, pero os aseguro que intentaré intentarlo."

Muchas, muchas gracias a todos. Gracias por leerme y, un poquito, por entenderme.


Jordi Cebrián



Éstos son mis cuentos de Cien Palabras.


Ocupan eso, 100 palabras exactas, sin contar el título.

Leed uno.
Despues otro.
Despacio, sin prisa.
Hay muchos, centenares de ellos.
Para sonreir, para reflexionar, para estremecerse...
Teneis tiempo, volved cuando querais.

31 julio, 2003

Monarquía y burocracia

Revolviendo antiguos papeles familiares, descubrió que le correspondía por estirpe el título de rey. Fue al ministerio para informar de la situación y allí, tras comprobar los papeles y cobrarle las tasas de verificación registral, le dieron la razón y le acompañaron hasta el palacio real, donde desalojaron al monarca que, ilegítimamente, reinaba aun. No se lo tomó muy bien, e intentó usar su cetro con contundencia para impedir el desalojo, pero acabaron echándole a patadas. Tras firmar la aceptación de las cláusulas estándar, el nuevo rey se sentó en el trono y ordenó decapitar al anterior. Viva el rey.

30 julio, 2003

Depósito municipal

Se me llevó el coche la grúa por estar mal aparcado. Tardé dos días en ir a retirarlo del depósito municipal, y ya había una familia viviendo dentro. Me explicaron que el ayuntamiento utiliza los coches como albergues provisionales para refugiados de distintos países, acogidos en el nuestro. Mientras pagaba la tasa de la grúa, la multa y diez arbitrios, vi que en el asiento de detrás de mi coche dormían un niño y una niña. También su padre dormía, en el asiento del conductor. La mujer, despierta, me miraba con ojos tristes a través del cristal. Volví en taxi.

29 julio, 2003

Sinceridad

Llevan más de cuarenta años casados, una relación que les ha hecho felices, que ha sobrevivido con amor y comprensión. Pero hoy él está inquieto. Va a contarle a su mujer un secreto que durante todo este tiempo ha ido llevando, como una herida mal cerrada, a la que se acostumbró, pero que nunca ha dejado de quemar y doler. Una semana después de casados, por única vez, engañó a su mujer. Fue con una amiga común de entonces, una locura que duró tres días, y que hoy no comprende. Probablemente hoy se lo contará, o mañana, como cada ayer.

24 julio, 2003

Manchas

Cuando bajo la escalera para ir a trabajar, me entretengo observando los dibujos que forma el mármol de los peldaños. Distingo a veces tortugas, o palomas, o siluetas femeninas. Hoy me he fijado por primera vez en un rostro, dibujado por el azar con maestría de trazo. Era mi rostro el allí dibujado por las formas caprichosas de las manchas del mármol, perfectamente distinguible si sabías mirar. Volví a casa e hice bajar a mi mujer hasta la mitad de la escalera para que lo viera, pero no supe encontrar de nuevo el dibujo, y mi mujer no me cree.

17 julio, 2003

Contrainformación

Me hice policía para que mi patria fuera más segura, y enseguida me pidieron de infiltrarme en un grupo subversivo para investigar sus actividades. Tras meses con ellos, me convencieron de que su causa era justa, y yo empecé a pasar información erronea a mis jefes. Desgraciadamente me descubrieron, y bajo la amenaza de ser fusilado, me pidieron que hiciera creer a los subversivos que seguía con ellos, pero les traicionara informándoles falsamente acerca de las mentiras que contaba a mis jefes referentes a las falsedades que ellos me confiaban. Acabé hecho un lío, sin saber ya para quien trabajo.

15 julio, 2003

Libros letales

Me leyeron el futuro, y me informaron de cual iba a ser el último libro que leería antes de morir. Se trataba de una obra menor de Joyce, quien nunca me había interesado. Pese a todo, me hice el firme propósito de no leer jamás, por si acaso, nada de ese autor.

Han pasado muchos años. Conocí a una mujer excepcional, de la que me enamoré. Es doctorada en literatura, especializada en Joyce, e insiste en que debo conocer toda su obra. Me avergoncé de contarle mis miedos, y, por amor, arriesgo la vida leyendo los libros que me recomienda.

14 julio, 2003

Arma de fuego

Se compró un arma porque le gustaba imaginar, aunque nunca lo haría, que disparaba a la gente desde la ventana y les veía caer y retorcerse sobre una creciente flor roja. Siempre que apuntaba a alguien desde su ático se aseguraba de que el cargador estuviera vacío. Tras unos días de juego morboso quiso probarse a si mismo que, aun con el rifle cargado, sería incapaz de dañar a nadie. Ahora está emboscado en su balcón, el dedo tenso en el gatillo, frío en el estómago, el rostro de una mujer en el punto de mira. No, probablemente no disparará.

05 julio, 2003

Costumbres de días de lluvia

Nunca le explicaba a su mujer porqué salía de casa cuando llovía, y ella lo atribuía a una de sus tantas manías, como la de no soportar las colas o dormir, incluso en los meses fríos, con las ventanas abiertas.

Él salía a la calle, y empapado miraba arriba, dejaba que su boca se llenara de agua y desbordara. Entonces buscaba alguna tapa de alcantarilla que no costara levantar, y se perdía durante horas en aquellos laberintos inundados, cazando sólo. Cuando volvía a casa se duchaba durante largo rato y, si su mujer ya dormía, la besaba en la mejilla.

20 junio, 2003

Terrores

Desesperado, tras muchas noches de soñar con cuchillos y con garras y despertar gritando, fui a pedir ayuda profesional a un psiquiatra. Tras escuchar mis miedos me pidió que me estirara en el diván, que me relajara, cerrara los ojos y encontrara mi yo. En mi oscuridad, relajado ya, oí el sonido inconfundible del metal contra el metal, de la bestia afilando sus uñas en la roca, y antes de que pudiera abrir los ojos, una mano grande y que olía a formol me lo impidió. Aun no, me dijo, manténgalos cerrados, esto hará que sus terrores desaparezcan para siempre.

16 junio, 2003

Inconveniencias

A las visitas no les gustaba que el monstruo estuviera en casa, pese a que lo dejaramos encerrado en su habitación mientras cenábamos. Los invitados oían los gritos lastimeros, los golpes y el raspar de sus uñas rotas contra la puerta. Cómo nuestros amigos eran todos gente bien educada, no decían nada, pero se iban pronto y sospecho que cuando no podíamos oirles nos criticaban cruelmente, como si ellos hubieran hecho otra cosa con un monstruo en casa, si tuvieran que tenerlo encerrado cuando hay visitas y darle de comer luego, porque al fin y al cabo es tu hijo.

07 junio, 2003

...son ojos porque te ven

Me convencieron para que fuera al psicólogo, y me explicó que mi problema consistía en que tengo una cara con la que miro al exterior, y otra con la que me miro a mi mismo. Y al verme a mi mismo desde fuera, no me reconozco, ni reconozco la cara que me observa, que es la mía, o eso decía el psicólogo al menos, pues a esas alturas yo ya me había perdido y no entendía de que cuernos hablaba. Pero, por no desairarle, asentía con ambas caras, y miraba la suya como si me importara algo lo que dijera.

05 junio, 2003

La solución

Inicia el informe admirando la magnitud de lo que va a exponer. Si se siguieran sus directrices, si se aplicaran sus criterios tal y como expondrá en esas hojas, la empresa se salvaría. Él ha sido el primero en reconocer de forma tan clara el orden que subyace bajo la desorganización, y las formas tan simples e inmediatas en que podrían reenderezarse las cosas. ¡Y los gráficos! Los ve tan claros en su cabeza, esos diagramas, esos bloques... Sería un buen informe, pero desiste, harto de que le salten los tabuladores y que las barras estadísticas salgan de otro color.

Palabras como balas

Entraron en mi casa de noche mientras estábamos durmiendo. Quise llamar a la policía, pero ellos eran la policía, y me apuntaron con sus linternas, cegándome. Uno de ellos empezó a llenar grandes bolsas con mis libros mientras su compañero hacía callar a mi mujer, que gritaba. Entonces me agarraron del brazo, me hicieron levantar. Mientras me esposaban las manos a la espalda, vi a mi hija pequeña mirar sin comprender, llorar porque se me llevaban, y ése fue el único momento en que me arrepentí de haber escrito aquel cuento en el que describía en aquellos términos al presidente.

04 junio, 2003

Pregunta de un libro de mates

Morirá dentro de diez minutos, pero él no lo sabe, y se para a mirar los escaparates en una tienda de libros de ocasión. Pasa un rato, tres minutos. Entonces sigue andando, no piensa detenerse hasta llegar a casa. Pero dos minutos más tarde compra en el quiosco un diario que no llegará a leer y una película que nunca verá, y emplea en todo ello dos minutos más. ¿Si le separan 200 metros de su casa, a que velocidad debería ir para morir justo en el portal? ¿Cuántos minutos le quedan de vida? ¿Si lo supiera, como debería disfrutarlos?

27 mayo, 2003

Elecciones

Votamos entre los vecinos de escalera para elegir al próximo presidente. El del segundo afirmó haber ganado, pues la mayoría de pisos votaron por él. Pero el del tercero argumentaba que teniendo en cuenta los residentes de cada piso, las personas que confiaban en él eran más, así que se proclamó también vencedor. Las dos chicas del ático, que no habían votado, dijeron disentir del sistema y declararon su piso autogestionado. La viejecita del cuarto propuso ilegalizarlas y prohibirles usar el ascensor. Por el bien de la escalera, daré un golpe de mano y asumiré la presidencia por la fuerza.

23 mayo, 2003

Posicionamientos

No me dejaron entrar, y cuando me quejé, me replicaron que la pegatina que llevaba era ambigua, que no quedaba claro ni que yo fuera demócrata, ni que estuviera en contra de las guerras, ni que condenara con la suficiente vehemencia las agresiones a los animales, las violaciones de niños o los maltratos físicos y mentales a las mujeres. Yo intenté exponer que mis ideas y mis posicionamientos políticos o sociales eran de difícil transcripción a pegatinas polícromas, pero me di cuenta por las miradas de que no estaban por demasiadas sutilezas, así que decidí marcharme. Ya votaré otro año.

13 mayo, 2003

Bloqueo del escritor

Fue al psicólogo y le contó que ya no podía escribir, que le faltaban ideas y sentía angustia y vacío ante la página en blanco, eso a lo que llaman bloqueo del escritor. Tras escuchar sus lamentos, el psicólogo le explicó sus innovadores métodos de tratamiento conductista, consistentes en amenazar con romperle las piernas si la semana que viene no traía escritos veinte cuentos. El escritor expresó reticencias, y el psicólogo hizo entrar a un matón para que le diera, como advertencia, un puñetazo en el estómago. En casa los cuentos fluyen como nunca antes, pero ahora se siente avergonzado.

El tren de la bruja

Desde muy pequeño he odiado el tren de la bruja, esa atracción donde los niños recorren en un trenecito un lugar oscuro donde la bruja les espera, gritando y agitando su escoba, para asustarles, hacerles reír, o ambas cosas. Pero para mí era un lugar horrible de verdad, un lugar donde la oscuridad podía contener cosa malsanas y terribles, donde cada ruido podía ser presagio de males insospechados, y aun recuerdo el sudor frío que sentía cuando mi padre me obligaba a estar allí, horas y horas, disfrazado de bruja y asustando a los niños, mientras él llevaba la taquilla.

06 mayo, 2003

Fe perdida

Pasaron los años, y se dio cuenta demasiado tarde de que no creía en dios, que sus ceremonias y ritos se le antojaban de repente gestos vacíos y huecos. Aunque siguió estudiando cada día los libros arcanos y releyendo sus pasajes, que en otro momento fueron fuente de inspiración y ahora resultan sólo cuentos rancios, el anciano no pudo recuperar la fe perdida, ni hallar la fuerza y el valor necesarios que le permitieran rebelarse. Y por eso, aunque carentes ya de significado, mantiene sus rezos, sus misas y sus bendiciones desde el balcón de la Plaza de San Pedro.

28 abril, 2003

Nuestro doble

Cada persona tiene en algún lugar su reflejo invertido, alguien que se comporta en todo al reves, cuyos gustos son exactamente los opuestos, y cuyas emociones funcionan de forma contraria a la del original. Nuestro doble invertido jamás hubiera abandonado a esa mujer con la que no te atreviste a salir, ni hubiera aguantado tanto tiempo en el trabajo ínfimo y mezquino donde no te encuentras a gusto. Es probable que ella esté ahora con él, diciéndole al oido las cosas que por vergüenza o miedo jamás le confesaste, y mientras te consumes de envidia y desesperanza, él es feliz.

15 abril, 2003

El bien y el mal

Los hombres malos explicaron a los buenos los buenos resultados de obrar mal. Muchos hombres buenos sabían que era malo confundir bien y mal, pero algunas buenas personas vieron entonces que el mal podía ser bueno contra males mayores, y admitieron que los malos hicieran cosas malas si era por hacer el bien. Los malos, mientras tanto, seguían con sus maldades, justificadas por buenos fines, y lo malo es que, en ocasiones, haciendo el mal conseguían cosas buenas. Entonces los buenos dejaban de sentirse mal y se ponían contentos, y los malos jugaban a ser buenos, pero lo hacían mal.

Bajar al sótano

El jefe me hace bajar a veces al sótano a por papel de fotocopias. Se que no hay nada allí, que las fantasías de presencias oscuras y viscosas tienen poco que ver con la realidad y mucho con las películas de miedo que debiera evitar. Pero eso no quita que cuando alargo la mano hacia el interruptor para bajar las escaleras, tema sentir unos dedos muertos agarrando mi muñeca y tirando de mí hasta su oscuridad. Por eso hace días que vengo a trabajar con el cuchillo, por si el jefe me pide que baje, que no lo pida más.

Distorsiones temporales

En mi casa el tiempo sufre distorsiones muy extrañas: puedes entrar en una habitación, consultar tu reloj, y darte cuenta al salir de que es más pronto que cuando entraste. Estas distorsiones provocan, por ejemplo, que se me queme la comida antes de haberla puesto al fuego, o que aparezca aun sucia la ropa que puse en la lavadora. Mi mujer me asegura que eso no es posible, y sospecha que son excusas mías para justificar mis despistes. Yo no quiero contradecirla, pero la prueba de que estoy en lo cierto es que eso mismo ya me lo dijo ayer.

En tan pocas palabras

Se le habían encallado las palabras en algún pliegue extraño del cerebro. Quisiera hacer fluir historias en las que poder dotar de pasado y familia a cada personaje creado, y construir su personalidad ficticia en cientos de páginas perfectas donde las vidas, las mentiras y los deseos se cruzasen y entrecruzasen. Pero no se sentía capaz de asomarse a ese vértigo, y por eso escribía unos cuentecillos ínfimos y aun así notaba que las ideas tardaban en llegar, como si no quisieran ser encerradas en tan pocas palabras, igual que los pájaros que mueren de pena en jaulas tan pequeñas.

Trámites

Estuvo llamando toda la mañana, pero en los juzgados le aseguraban que nadie sabía nada de su caso, así que se fue hacia allí en persona, indignado por un trámite judicial que le habían comunicado, que no entendía, y que nadie parecía poder explicarle. Cuando mostró el papel en recepción, la señorita hizo que un par de guardias se lo llevaran. Con buenas palabras y sin dejar de sonreír, le cachearon, desnudaron y desinsectaron. Sus intentos de resistirse fueron inútiles: eran amables, pero grandes y fuertes. Ahora, solo en la celda, comprende amargamente que hubiera sido mejor tramitarlo por Internet.

02 abril, 2003

El presidente

(Este microcuento lo publiqué originalmente el 2 de enero de 2002. Siento enormente que parezca actual.)

El presidente lo sabe todo. Sus consejeros bullen a su alrededor, aportándole datos, argumentos, estrategias. El cerebro del presidente organiza, clasifica, disecciona y decide. Entonces los teléfonos se ponen en marcha y se gritan ordenes. Muy lejos alguien explota en pedazos, pero lo hace en silencio, dignamente, procurando no molestar. El presidente, sin embargo, tampoco estaba ya escuchando, pues de un vistazo necesita interpretar y asimilar los nuevos datos. Otra reflexión, otra orden, otra muerte. Sus consejeros admiran su coraje, su resistencia, su decisión. Al presidente, esa noche, mientras da de comer ratas a sus serpientes, le sangrará la nariz.

Objetivo militar

(Este microcuento lo publiqué originalmente el 14 de setiembre de 2001. Siento enormente que parezca actual.)

Cuando me dijeron los vecinos de escalera que Bush había salido por la tele diciendo que quería bombardear mi piso no me lo creí. Pero la del tercero, una chica muy maja, me aseguro haberlo oído ella misma, así que fui al Ministerio del Interior.

- Mire usted, nuestro país mantiene buenas relaciones con Estados Unidos, así que el problema es entre usted y ellos.

Cuando volví a casa, ya habían hecho una primera ofensiva. De una de las habitaciones que daba a la calle no quedaba nada. Llamé a Bush, pero no se ponía. Entonces oí que volvían los aviones.

31 marzo, 2003

Ayuda humanitaria

Son gente muy rara, traidores y desagradecidos, pero puede entenderse por la tiranía a que se han visto sometidos tanto tiempo. Su suspicacia es extrema: si les apuntas con un rifle, se sienten amenazados. Tengo que hacerlo para evitar malentendidos, no sea que piensen que mis balas y mis bombas son una amenaza para ellos y se lo tomen a mal. Pero aunque no valoran el esfuerzo y sacrificio que hacemos por ellos, seguiremos aquí, garantizando que reciban nuestra ayuda, aunque confieso que cuando les ves así, gritando enfurecidos, de lo que te dan ganas es de liarte a balazos.

27 marzo, 2003

Tormenta de arena

Nunca se había visto en Madrid una tormenta de arena como ésta, ni en Londres, ni en Washington. Los meteorólogos afirman que es casualidad, que nada tiene que ver con los sucesos de Irak, a los que los extremistas llaman guerra. Pero es difícil hacer entender a la gente que este viento cargado de polvo, este cielo rojo que cubre nuestras ciudades, sean casuales, porque la arena que azota las casas, que cubre nuestros coches, que nos impide respirar, no sabe sólo a tierra, a fango y a petróleo; queda también en el paladar un regusto terrible a carne quemada

12 marzo, 2003

Fiebre

Caí en un estado febril causado por la gripe y se me llenaron las noches y los días de sueños ácidos, de sonidos moviéndose y colores aullando. Cuando el sudor y la ausencia de tiempo se funden, el alma y la materia se reconcilian por fin, y sólo queda esa extraña sensación como de estar cayendo, hundiéndose de espaldas en un mar denso y blando. Perdido en mis paraísos víricos, esperé que se me mostrara mi animal totémico para guiarme hasta la luz y el conocimiento, pero lo cierto es que los antibióticos funcionaron antes de que alcanzara la sabiduría.

05 marzo, 2003

Otros lugares

Hoy, mientras andaba hacia el trabajo, una excavadora que retrocedía ha estado a punto de dar a un pobre hombre en la cabeza. Él no se ha dado cuenta, ha seguido andando, sin saber que de inmediato en otro universo no habrá tenido suerte, y yo habré tenido que agacharme, sobresaltado, para ayudar al hombre, intentar reanimarle en un esfuerzo estéril y terrible. Ahora escribo este cuento, pero hay otros cuentos que se están escribiendo al mismo tiempo, en lugares que se multiplican y se desdoblan en cada nuevo pliegue del destino, cuentos reales sobre hombres que mueren de verdad.

26 febrero, 2003

Día de lluvia, día de muerte

Mal día para los paraguas. El viento y una lluvia densa y espesa llenan las calles de cientos de paraguas muertos, cadáveres de alambre deshilachado y piel suelta. Avanzo por la calle y oigo los lamentos de mi paraguas antes de desfallecer y retorcerse y abrirse en una caricatura ridícula y grotesca. Luchando vanamente contra los elementos y el destino cruel, contemplo impotente su final. Intento reanimarlo, devolverle su anterior forma y función, pero acabo envolviéndolo con respeto en su propia tela, y sigo andando con dignidad bajo una lluvia cruel a la que no le importa una muerte más.

19 febrero, 2003

En mi pueblo

En mi pueblo hay tres tipos de personas: quienes viven en las casas, los que duermen en la calle, y los que habitan los tejados. Los que vivimos en casas, cuando por las mañanas salimos hacia el trabajo les vemos sentados junto a los semáforos o en los bancos de las plazas. A la gente de los tejados pocos les ven: algún antenista, alguna señora mientras tiende la ropa. Pero ellos intentan no estorbar, se apartan de las terrazas y las ventanas. Les gustan las tejas y los techos inclinados, y se juntan en corros para charlar y cantar bajito.

12 febrero, 2003

Informe

Me han pedido que redacte el apéndice de un subapartado de unos documentos anexos a un informe, trabajo de gran importancia. Me dedicaré a ello esta tarde. Redactaré unas cuantas páginas que enmarquen las frías cifras dentro del ámbito global y estratégico de la Corporación. A mi lado, mi misma mesa se repite interminable, y muchos como yo teclean datos parecidos. Al cabo de horas, días o meses, la Impresora Central publicará y encuadernará el informe. El Departamento de Validaciones comprobará errores tipográficos y de cálculo. Y sólo cuando los datos sean correctos, se archivará en el Gran Archivo Central.

10 febrero, 2003

Espejos

Todos los espejos son un mismo espejo. Detrás de sus reflejos mentirosos hay oscuridades que los unen. Si fuerzas la mirada hasta que tu imagen falsa se nuble y se borre, atisbarás a ver lo que se ve detrás de los espejos, verás una joven peinarse mientras sonríe enamorada, verás ancianos que miran al niño que fueron, verás hombres temerosos de reconocer su mirada cobarde. Y en algún otro espejo, si miras demasiado, ella verá también desvanecerse su rostro, y tu mirada estará en la suya un instante, hasta que un parpadeo te devuelva reflejados de nuevo tus ojos tristes.

05 febrero, 2003

Estudios de mercado

Me llamaron para participar en una prospección de mercado, para un nuevo producto de una empresa japonesa. Éramos ocho personas y el entrevistador nos preguntaba nuestra opinión sobre distintos aspectos de aquello que querían vender. Yo les dije que me parecía una birria, y les expuse las razones que me llevaban a pensar que aquello no lo compraría nadie en su sano juicio. Los demás invitados opinaban lo mismo, y acabamos todos opinando vehementemente sobre la perspicacia de aquel empresario. Cuando ya nos íbamos, me pareció ver por una puerta entreabierta un japonés compungido con una katana en la mano.

29 enero, 2003

Sopesando riesgos

A veces me pregunto por que amontono tantos trastos en esa habitación. Quisiera comprobar el contenido de unas cajas que hay allí al fondo, pero dudo que pueda jamás acceder a ellas. La posibilidad de morir aplastado por un desplome accidental de algún amontonamiento de libros me disuade de intentarlo. Analizo la situación. Debería mover esos hierros a un lado (¿cuándo los puse aquí?) y apartar el caballete y las pesas, pero el riesgo aun sería demasiado alto y no estoy dispuesto a asumirlo por una malsana curiosidad. Me resignaré a olvidar su contenido e intentaré no pensar que pueden esconder tesoros.

Solos

Llevan varios días andando entre ruinas y cenizas, y ahora están solos en el bosque quemado, solos desde que el mundo terminó. Aprovechan el mínimo cobijo para comer algo y descansar. Hace ya dos semanas que ocurrió, y mientras se miran en silencio, añoran aquel mundo donde aun había luz y cielo, y no ese polvo denso que oscurece el sol. Deciden dormir allí, por turnos. Mañana seguirán andando hasta la siguiente ciudad devastada y buscarán latas de comida y cosas útiles entre los escombros y los cadáveres, rezando porque los monstruos no les encuentren, pues también ellos tienen hambre.

21 enero, 2003

Perdido

Quise cortar camino y me vi metido en un laberinto enrevesado de callejuelas estrechas, perdído de la manera más absurda, cuando ya oscurecía, en una zona de la ciudad que creía conocer perfectamente. No circulaban coches, ni gente, ni quedaban ya portales o ventanas que dieran a los lugares angostos por donde pasaba. Sólo el interminable deambular entre sombras. Intenté volver atrás deshaciendo mis pasos, procurando recordar los lugares por donde ya había pasado y los giros que tomé. No sirvió de mucho. Creo que habían pasado varias horas cuando te encontré y ahora al menos buscamos juntos la salida.

17 enero, 2003

Presencias

Les ve fugazmente moverse a su lado, y cuando gira la cabeza hacia ellos, desaparecen. Sabe que andan por su casa, en instantes reconoce sus presencias afanándose de un lado a otro, paseándose por sus habitaciones, hurgando en papeles que sólo él debería tocar. Intenta comportarse como si no estuvieran allí, como si no les escuchara susurrar por la noche cuando creen que duerme, contándose recuerdos de crímenes antiguos, planeando venganzas contra él. En sus noches repletas de miedos teme quedarse dormido y sueña que no duerme, que les vigila despierto y les ve venir cuando se acercan con cuchillos.

14 enero, 2003

Ficciones en la oficina

En la oficina todo seguía igual, la misma actividad, el mismo inmovilismo. Era tanto el hastío, tanto el aburrimiento, que dedicó la mañana a inventar historias ficticias. Imaginó a sus compañeros y a su jefe en situaciones comprometidas, enfrentados a realidades que les superaban. En una de sus ficciones convirtió los montones de papeles aburridos en tesoros que ocultaban conocimientos arcanos. No eran facturas, ni hojas de control, sino pergaminos que atesoraban ciencias ya desconocidas. El interfono le despertó de sus ficciones. El jefe le pedía una tabla con presupuestos y previsiones. Dudó entre llevársela o retarle a un duelo.

10 enero, 2003

Lugares susurrados<

Cuando ya no había otros bares ni otras luces en la calle, aun podía entrarse allí, una caverna oscura decorada con velas y seda roja, cojines en el suelo, miradas penetrantes desde las tinieblas de algún rincón. La música: vibraciones de cuerdas, algún metal profundo, un latir rítmico y cautivador. Algunas mujeres se atrevían a entrar solas, seducidas por misterios que la ciudad susurra. Se sentaban inquietas, excitadas, temerosas, y bebían un licor peculiar, un destilado fuerte, acre. No tardaban en tener compañía, en sentir ese placer prohibido de palabras seductoras, de una boca en el cuello vaciándote de sangre.

08 enero, 2003

Conspiración oculta

Su conspiración para dominar el mundo pasaba desapercibida, pues la desarrollaba y dirigía desde una carnicería del barrio antiguo. Desde allí aprovechaba su trato con las clientas para ir introduciendo de manera subrepticia consignas e insinuaciones, encaminadas todas a tejer la trama del nuevo orden. Con el tiempo fue modelando el mundo a su antojo, y cuando por fin decidió que las condiciones eran las idóneas para darse a conocer, fue a un programa de televisión y contó que, desde aquel momento, mandaba él. Cuando le cortaron la palabra para dejar paso a los anuncios, hizo que despidieran al presentador.

07 enero, 2003

Jugando con el tiempo

Haciendo experimentos en casa con un juego de química y electrónica que trajeron los reyes a los niños, encontré la manera de manipular el tiempo a voluntad. Tras hacer algunas pruebas y confirmar mis hipótesis, fui entusiasmado a contárselo a mi mujer. Ella, levantando la vista del libro con condescendencia, me dijo que eso ya se lo había dicho antes, y siguió leyendo. Desconcertado por su reacción y sin querer molestarla, fui a la cocina a picar algo, y me di cuenta definitivamente de que algo iba mal cuando me vi a mi mismo de espaldas rebuscando en la nevera.

03 enero, 2003

Mentiras

Me quieren convencer de que vivo en una tiranía, tan sólo porque nuestro líder viste ropa de campaña. Quieren hacerme creer que me falta libertad, sólo por tener que dar cuenta a la administración de mis movimientos y por tener que pedir permiso para expresar opiniones extrañas. Me quieren convencer de que vivo esclavo, sólo porque son cadenas lo que llevo colgado de las manos y los pies. Quieren que me crea que lo que cuentan por la tele no es verdad, que no avanzamos, que los que mueren de hambre no lo hacen solamente para dañar a su patria.

Nuevas necesidades

En mi barrio abrieron una tienda nueva. Desde fuera no podía saberse que vendían, y a través de los escaparates sólo se atisbaban algunas cajas puestas en los estantes, sin etiquetas ni indicaciones. Un día vi a un vecino salir cargado con un par de cajas grandes. ¿Que venden aquí?, le pregunté. Si no lo sabes es que no lo necesitas, me dijo, y se fue. Así que entré en la tienda y le aseguré al dependiente, señalando una caja, que necesitaba ésa, la más grande. Me miró sorprendido, pero nada comentó. Ahora, en casa, no me atrevo a abrirla.

01 enero, 2003

Letargo invernal

Ese invierno el anciano quedó atrapado dentro de un iglú, sin posibilidad de mandar sus cuentos de cien palabras en botellas o en palomas mensajeras para que llegaran al mundo, más allá de aquellos glaciares inacabables y aquellas focas hurañas. Y así, día a día, sin poder salir, los cuentos iban quedando congelados apenas nacían de su imaginación, hasta que la imaginación misma se congeló y todo fue letargo y la tentación de un bienestar eterno. Luego volvió el calor, el iglú se fundió, y los ínfimos cuentos volvieron a la vida, igual que la hierba nueva bajo el hielo.

19 diciembre, 2002

El mapa robado

Robó el mapa a un mercader con el que compartieron algunas jarras de vino en la peor taberna de la ciudad. Aprovechó la ebriedad del hombre para hurgar en los bolsillos de su chaqueta, hallando sólo aquel papel doblado. Luego supo que era un mapa mágico, que brillaba de noche y te indicaba con puntos amarillos los lugares donde había riquezas ocultas. Tras usarlo para cometer algunos robos afortunados se dirigió a un punto de la ciudad que brillaba rojo. Allí no vio nada especial, hasta que un perro rabioso le saltó encima y le mordió en el cuello, matándole.

17 diciembre, 2002

La serpiente

Me remuevo inquieto en la cama. No he debido dejarme convencer para cuidar la serpiente de mi amigo, pero no supe decirle que no. Me ha asegurado que me será sencillo: sólo tengo que darle un ratón al día y dejarla dormir. Me ha traído también una jaula con siete ratoncillos blancos, uno por cada día que piensa estar fuera. Dice que sólo tengo que coger uno, tirarlo dentro por un agujero de la parte superior, y dejar que la serpiente se lo coma vivo. Mañana toca el primero. He de tranquilizarme, y vencer el miedo a que pueda gustarme.

Monstruosidad

Llevaba meses haciéndolo sin que nadie sospechara sus atrocidades. Los sábados entraba de noche en la iglesia descolgándose desde el tejado por unas vigas de madera, abría la puerta de la sacristía, y cambiaba el vino sacramental por vino de taberna. Se arrodillaba en medio de la pequeña sala, rezando a dioses diferentes para que quitaran de aquel lugar toda la fuerza, toda la magia. El domingo por la mañana se sentaba en un banco a ver salir la gente de la iglesia, y sentía un placer cruel en la certeza de que les había condenado a todos al infierno.