Cien Palabras ha cumplido 10 años. Gracias a todos.

Parece mentira. Hace diez años empece a escribir estos pequeños cuentos, y cree esta página para darlos a conocer. Al principio la intención era escribir uno cada día, pero al final la cosa se fue espaciando, lo que me remuerde la conciencia, pero que le vamos a hacer...

Os digo de verdad que intentaré ser más constante. Pero la voluntad es débil. Así que, como oí una vez: "No puedo aseguraros que lo intente, pero os aseguro que intentaré intentarlo."

Muchas, muchas gracias a todos. Gracias por leerme y, un poquito, por entenderme.


Jordi Cebrián



Éstos son mis cuentos de Cien Palabras.


Ocupan eso, 100 palabras exactas, sin contar el título.

Leed uno.
Despues otro.
Despacio, sin prisa.
Hay muchos, centenares de ellos.
Para sonreir, para reflexionar, para estremecerse...
Teneis tiempo, volved cuando querais.

25 agosto, 2007

Confrontación política

El presidente y el jefe de la oposición, se lamentan ahora de haber aprobado esa estúpida ley, pero ya no pueden echarse atrás. En su momento pareció un buen sistema para solventar las discrepancias políticas cuando las votaciones no fueran suficientes. Ahora que debe aplicarse, hay gran expectación, y todas las televisiones lo transmitirán en directo. Ambos están en el centro del hemiciclo, ante las miradas atentas de los diputados. Espalda contra espalda, avanzarán ocho pasos cada uno, y podrán girarse y disparar, y dejar claro de una vez quien tiene razón y quien será enterrado con todos los honores.

05 julio, 2007

Historias de carretera (3)

No entiende cómo es posible, pero la carretera parece volver sobre si misma. Sigue adelante, kilómetros y kilómetros sin desvíos ni intersecciones. Y de nuevo el mismo pueblo, las mismas casas, las mismas tiendecitas. No hay indicaciones, y cuando pregunta a un grupo de vecinos, le dan poca información, pues la gente del pueblo, dicen, nunca salen. Recorre de nuevo la carretera, por si ha descuidado alguna salida, oculta tal vez entre árboles, pero no. Al volver a pasar, tal vez por cuarta o quinta vez, ve que ya no queda gente en el pueblo, ya nadie a quien preguntar.

04 julio, 2007

Historias de carretera (2)

Una gasolinera abandonada, ¿por qué no paramos y tomamos fotos?. Esos arbustos, como las películas, mira cómo ruedan. Fíjate, sólo quedan las paredes, los restos de un coche, y esa especie de cobertizo, haz fotos ahí, ven, déjame la cámara, ponte ahí, en ese rincón, junto a esas maderas, estás guapísima, agárrate a esas cuerdas, así, cómo si estuvieras atada, qué suerte ha sido encontrarte, no tener que conducir sólo, otras chicas tendrían miedo, tu en cambio, tan amable, tan confiada, no, no temas, sólo quiero hacerte unas fotos, ¿dónde vas?... ¿quiénes son ellos?, ¿ya les conocías?, no, por favor.

11 junio, 2007

Sirenita enamorada

Como la del cuento, esta sirenita también está enamorada, también pasa horas sobre una roca, el viento ondeando sus cabellos largos, soñando en un amor imposible. Hay anhelos, pasiones, contra las que la naturaleza y el grupo se rebelan; deseos prohibidos. Se zambulle de nuevo, y nada junto a los suyos, sabiendo que nunca la entenderían, que si supieran la verdad la repudiarían y expulsarían del grupo. Sólo es feliz cuando puede escaparse e ir a su encuentro. Y entonces el tiempo parece detenerse, hablando, jugando, riendo, nadando juntas, disimulando un poco, deseando poder amarse sin secretos, las dos sirenitas.

10 junio, 2007

Publicidad engañosa

Desde que se implantaron las leyes contra la publicidad engañosa, la gente se fue volviendo más crédula. Cómo las leyes prohibían mentir, pensaban que todo lo que salía en los anuncios era verdad, y confiaban en sus políticos y en las instituciones financieras. Ni que decir tiene que esa credulidad fue utilizada en beneficio de unos cuantos, que compraron coches nuevos y gastaron montones de dinero en juergas. Así que ahora las tendencias han cambiado, y autorizarán de nuevo la publicidad engañosa, especialmente la dirigida a los niños, a ver si aprenden a no fiarse, y no se vuelven tontos.

03 junio, 2007

Cambio climático

Decían que el clima cambiaría, así que se les llenó todo de turistas, que querían ver como subía el nivel del mar, y como las casitas de pescadores iban siendo engullidas. Se organizaron tours para ir hasta el hielo, y los más atrevidos fotografiaban de cerca los grandes bloques fundiéndose y cayendo al mar. A la gente ya no le apetecía tanto tomar el sol, por los mosquitos gigantes y las quemaduras cancerosas, pero las piscinas climatizadas estaban a rebosar: se estaba tan bien, tan relajadito, con música new age, y películas, en enormes pantallas, de cuando aun había bosques.

Cuentos herméticos

No todas las palabras quieren ser entendidas, hay frases también que se esconden de si mismas, que se camuflan para trastocar sus significados, y aun éstos giran y se transmutan. Hay cuentos herméticos, palabras que contienen más de lo que dicen, que esconden algo, o eso aparentan. Los hombres han guardado siempre en lugares especiales estos textos. Los han guardado, los han estudiado, los han interpretado. Y cuando las murallas caen, y siempre acaban cayendo, las palabras herméticas estallan, y resultan ser un cuervo, o una espada, o la profecía que cuenta como llegará de nuevo la libertad al reino.

Muertes absurdas (2)

La calle que recorres siempre para ir a casa, la calle en la que jugabas de pequeño, te sientes seguro. No lo esperas, pues no sabes que hace una hora una mujer dejó a un hombre, ni sabes que él no puede soportarlo, y que antes la mataría que dejarla con otro, y que ha bebido, y que cuando ella salió de casa, con un portazo, el bebió más, y cogió el cuchillo, y fue tras ella. No sabes que, juesto en esa calle, la verás correr, sangrando, la abrazarás para que no caiga, y él detrás, fiero de rabia.

Apuestas con mi mujer

Aposté con mi mujer a que era capaz de escribir veinte cuentos de cien palabras en tres horas. La cosa parecía una insensatez, pues el simple hecho de contar cuantas palabras hay en un cuento, y hacerlas cuadrar, ya supone un buen rato. Además, hay que contar con que todo funcione, que el ordenador no se estropee, ni que uno se distraiga: todo ese porno colgado de Intenet que no se baja sólo, esos correos cadena a los que hay que contestar para evitar males terribles. Pero la cuestión es que, a lo tonto a lo tonto, ya tengo uno.

Componer los nombres

Primero fueron las piedras, en ellas se grabó a fuego el nombre de los monstruos. Luego las piedras se hundieron en el mar, no nacieron peces en muchos años, y los pueblos cercanos tuvieron que marchar. Con el tiempo, la tierra giró y se agrietó, crecieron montañas, murieron civilizaciones. En cada grano de arena de las playas, fragmentos de aquellos nombres siguen escritos, como partes ínfimas de un rompecabezas gigantésco. El agua y el viento mueven la arena, no se cansan de buscar combinaciones, y cuando compongan los nombres ya no habrá más agua, ni más viento, ni más palabras.

Unas monedas

Unas monedas, pidió el mendigo tras su historia, así que el rey mandó que lo arrojaran desde lo alto del palacio, como ejemplo para sus súbditos de que el dinero requiere esfuerzo. Aun se cantan canciones de aquel día, en que el pueblo se indignó, y se alzó como nunca antes. Se aprendieron lecciones diferentes, aquel día. El rey también aprendió algo, aunque nunca pudo contarlo a nadie, y quienes le conocieron dicen que, antes de ser colgado, mantenía su porte y su arrogancia. Pero todo esto son historias que se cuentan, ya sabeis, a cambio de unas monedas, majestad.

04 mayo, 2007

Productos de limpieza

Dos veces por semana una señora viene a hacer limpieza. Al principio, al volver del trabajo, me encontraba los dos o tres productos de limpieza que usaba. Pero veo que cada vez utiliza más líquidos y potingues: amoniaco, lejía, jabones de todo tipo, ceras, salfumanes, antipolvos, desengrasantes, antioxidos y cien botellas más con siglas extrañas que desconozco.

Temo que tanta química suelta no debe ser buena, y que algo debe quedar en el ambiente, y en lo que comemos. Pero me dicen que no, y que el hecho de que ahora mis hijos brillen en la oscuridad no está relacionado.

03 mayo, 2007

Descubrir el engaño

Descubrí que todo era un engaño cuando a mi jefe se le acabaron las pilas. Al principio creí que había muerto, pero justo entonces entraba el de mantenimiento con cuatro pilas nuevas y se las cambió en un momento. Abroncó a aquel chico por haber tardado tanto y le hizo salir. Luego me miró inquieto, en lo que entendí que era miedo a verse descubierto.

- ¿No lo sabías? - me preguntó. ¿Nunca lo sospechaste?
- No, claro que no. ¿Quién más sabe que eres un robot?

Me miró sonriendo, como si mi ignorancia le divirtiera. Se acercó hasta mí, y me apagó.

01 mayo, 2007

Rarezas del abuelo

El abuelo les tenía preocupados. Le veían acarrear trastos, tubos, cables que encontraba por la calle, y acumulaba en su habitación. Mientras los nietos hacían los deberes, él les cogía un lápiz o un rotulador, y se encerraba a dibujar garabatos en papeles raídos que no dejaba ver a nadie. De noche golpeaba sus tubos de metal hasta que le chillaban que parara. Llamaron a los servicios sociales, pues habían oído hablar de viejos que empiezan a acumular porquerías, pero quien vino a buscarle fue la policía. Desalojaron la casa, y la ciudad entera, por el peligro de explosión nuclear.

28 abril, 2007

Santa

Nadie creía que Santa Klaus pudiera morir, pero un error de Rudolph en una curva estrelló el trineo contra unos abetos, y Santa salió despedido, muriendo tras chocar contra una rocas afiladas.

Tras el duelo oficial, se convocaron oposiciones para cubrir su puesto. Los psicólogos descartaron a psicópatas, pederastas o políticos oportunistas. Finalmente ganó una chica que había mostrado especial habilidad en el trato con niños y renos, y que superoó a los demás en el examen teórico. Los programas del corazón no tardaron en especular sobre las visitas que Santa pudo hacer a su mamá antes de nacer ella.

17 abril, 2007

De pesca con los amigos

Me convencieron dos amigos de la fábrica para que fuera a pescar con ellos al lago. Hay que ir de madrugada, justo antes de salir el sol, cuando una neblina flota sobre el agua. Me dicen que entonces los peces suben a miles, me explican también la leyenda de un pez enorme y hambriento que habita bajo las aguas, y cuando ven mi cara de terror se burlan de mi credulidad. Me siento feliz en esta barca, pescando con ellos, y luego el golpe, ya está, y oírles y saber que no era una leyenda y yo soy el cebo.

20 marzo, 2007

Peligros de la ciudad (9)

Abrieron el nuevo barrio, pero aun no vive casi nadie. El se mudó por obligación, pero toda su escalera está vacía, como la escalera del lado. Le gusta llegar pronto a casa, antes de que anochezca. Apenas dos o tres balcones brillan en toda la calle, y las farolas alumbran para nadie.

Está a punto de ir a dormir cuando llaman a la puerta. Se acerca despacio a la mirilla, y observa fuera, pero no hay nadie. Por instinto, cierra las luces, las últimas que brillaban ya en su calle. Y cuando su puerta revienta, también las farolas se oscurecen.

Cuento que huele a sangre, que huele a polvora

Cuando las fieras cierran los ojos, en ese instante previo a abalanzarse sobre su presa, vislumbran un segundo su pasado furioso, su estirpe de luchas y colmillos, y entonces todas las fieras son la misma fiera, en ese instante previo en que el tiempo se congela.

Cuando el cazador cierra los ojos, en ese instante exacto en que aprieta el gatillo, vislumbra su pasado furioso, su estirpe de lanzas y cañones, y entonces el cazador es la caza misma, en ese instante previo que huele a pólvora y a miedo.

Luego es el silencio, y la sangre todas las sangres.

02 febrero, 2007

Todo ocupa tanto como nada

¿Habéis pensado alguna vez en que un bisonte ocupa tantas palabras como cien bisontes? ¿Y que nuestra propia galaxia ocupa las mismas palabras que todas las galaxias? He intuido entonces que podría llenar cada cuento de infinidad de seres, de más sentimientos de los que puedo sentir. Podría, de cada personaje, crear una multitud, hacerles luchar entre ellos, odiarse, vengarse, perdonarse. Cada joya encontrada sería montañas de tesoros, y cada muerte el final de una civilización. Y entonces el cien no sería un límite, ni un final, sino un infinito, un aleph contenido en el reducido espacio de este cuento.

30 enero, 2007

Reducción de gastos

Han implantado en mi escalera de vecinos un sistema para gestionar mejor los gastos. El presidente recibe las peticiones razonadas de los gastos propuestos: el cambio de una bombilla, la reparación de un tubería… Debemos incluir una primera valoración del coste, una descripción de la necesidad de su ejecución, y una hipótesis de qué pasaría si no se efectuara el gasto. La gente anda algo mosqueada, pero la pareja de ancianos del ático ya han diseñado cinco tipos de formularios y diez plantillas. Luego ella revisa con detalle la estructura formal de cada petición, y no deja pasar ni una.

25 enero, 2007

Diseños tribales

Mi hija me mostró un laberíntico diseño que una amiga le había dibujado en la libreta. “¿Parece hipnótico, verdad?”, me preguntó con voz extraña. En efecto, el dibujo era un dédalo de tinta que seducía y mareaba. En mi caso, además, acababan de sacarme una muela y estaba aun medio anestesiado. Conseguí apartar la vista, balbuceé algo, y fui a tumbarme en la cama, donde quedé dormido. Soñé con cárceles circulares, con tatuajes de fuego, con pasillos recursivos. Me desperté con un rotulador en la mano, al lado de mi hija, dibujando ambos en la pared, compulsivamente, aquellas espirales inacabables.

23 enero, 2007

Peligros de la ciudad (8)

El autobus se desvía de su trayecto habitual. Una viejecita sentada delante es la primera en notarlo. Un señor con una maleta y una chica de rasgos achinados avanzan también para interesarse. "Son órdenes", dice el conductor. "Nueva ruta".

Los pasajeros se agolpan en las ventanas, y ven alejarse la ciudad. Dos hermanos se miran: llegarán tarde al colegio. Si alguien hace amago de protestar, algún pasajero lo retiene: "No vale la pena. Son órdenes".

Cuando paran ya no hay edificios, les rodea el desierto. Los pasajeros bajan, el autobus se aleja. Se sientan bajo el sol, y esperan inutilmente.

07 enero, 2007

Noche de reyes

Le aterraba que pudieran entrar en su casa mientras dormía. Por eso nunca les había pedido ningún regalo, ni escrito ninguna carta, y pese a todo cada año descubría obsequios que tiraba a la basura sin abrir, muerto de miedo de saber que habían estado allí. Era su casa, y no tenían derecho a entrar así, con nocturnidad, forzando la ventana. Al año siguiente les mandó una carta, por primera vez, amenazándoles para que no volvieran nunca más. Unos días después, otro regalo. Pero se acabó, esta noche les espera, despierto y silencioso en la oscuridad, con el arma preparada.

14 diciembre, 2006

Ascensor de trabajo

Entró a trabajar en la empresa y, como no quedaba sitio, lo instalaron en el ascensor. Allí se quedó, en un rinconcito con un pequeño pupitre. Quienes subían y bajaban se extrañaron al principio, pero con el tiempo se acostumbraron. Le hacían bromas, intercambiaban confidencias, y cuando volvían de almorzar le traían un croissant. Pero sus superiores se quejaban. Decían que se distraía demasiado y que le costaba concentrarse en su trabajo. Vino a verle el jefe de personal, y en el tiempo que se tarda en ir desde el primer piso hasta el último, le comunicó que estaba despedido.

10 diciembre, 2006

El barrio oscuro

Allí tras cada portal hay un pecado; tras cada mirada, un secreto; tras cada tentación, un peligro. Los derrotados por su miedo, los que odian la vida, los que esconden su tedio en la rutina, no transitan de noche las calles de este barrio. Pero los que al miedo imponen su voluntad, los que ante la muerte inevitable quieren que la vida brille y sea peligrosa y que resuene, entran al barrio oscuro cuando ya no hay luz. Se invoca al olvido, se cruzan apuestas y besos. Amor y riesgo, libertad y temor. Vida, en fin, en el barrio oscuro.

08 diciembre, 2006

Cobaya de Troya

Mi comunidad de vecinos lleva tiempo enfrentada con la del bloque de al lado, discutiendo como deben arreglarse unas tuberías del patio común. Les amenazamos con abogados, y un vecino les mandó algo parecido a un requerimiento, así que se dieron por vencidos. Como muestra de buena voluntad dejaron en nuestro portal la estatua de un cobaya gigante que habían fabricado entre todos. Nuestro conserje, que es tonto, la entró a la portería, y por la noche salió de su interior el presidente del bloque vecino, y al despertarnos ya había arreglado las tuberías como le había dado la gana.

07 diciembre, 2006

Miedo

Desde la noche que la atacaron, tenía miedo. Hoy en el metro vio a un hombre, y algo en su mirada la atemorizó. Luego, camino de casa, volvió a verle. Aceleró el paso hasta escapar, pero después, en su escalera, allí estaba, esperándola, con aquella mirada. Ella gritó, salió corriendo, pero en la puerta él la agarró, estate quieta, estate tranquila. Ella le golpeó, siguió corriendo, gritando, y allí estaba él, en el paso de peatones; y dentro del coche; y sentado en aquel banco; y vestido de policía, corriendo hacia ella, pidiendo ayuda por radio, si, rápido, está loca.

01 diciembre, 2006

Prohibido tener leones

Se convocó una reunión de vecinos para prohibir tener leones en las casas. Algunos replicaron que nadie tenía leones ni pensaban tenerlos, pero el presidente argumentó que en estos casos es mejor prevenir que curar, y que nunca se sabe. Aprobada la moción, se pidió luego una inspección casa por casa para verificar que, en efecto, no hubiera leones. Muchos alegaron su derecho a la intimidad, pero, por prudencia, se autorizaron las inspecciones. Esta tarde el presidente ha de venir a mi casa, y he de mostrarle todas las habitaciones, incluso la del fondo, justo hoy que no ha comido.

28 noviembre, 2006

Intimidad protegida

Mi hija me pidió un cuento sobre ella, y, para inspirarme, decidí echar un vistazo a hurtadillas a su diario personal. Un día que ella había salido, entré en su habitación, y empezaron a sonar las alarmas. Estaba preparado para eso: desconectando un par de cables, las hice callar. Pero no contaba con el gas, ni con la trampa que golpeó mis tobillos. Tapándome la boca, alargué la mano hacia el cajón, pero algo me cayó encima. Salí huyendo, sin el diario y sin saber cómo se lo explicaría a Alba. Pero al menos ya tenía tema para un cuento.

25 noviembre, 2006

Simulacros

Al principio se hacían simulacros de incendios, o de evacuaciones. Pero luego fue obligatorio que las parejas realizaran anualmente un simulacro de divorcio, hicieran las maletas y se fueran a vivir a otro sitio, y se pelearan por los niños. Los solteros debían hacer simulacros de matrimonio, sin pasarse. Y, en los colegios, los alumnos hacían en ocasiones simulacros de estar interesados por lo que les contaban sus profesores, que a su vez simulaban interesarse por ellos, y respetarles. Y al final, claro, nadie podía distinguir entre lo real y lo simulado, pues era muy difícil hacer cuadrar los calendarios.

29 septiembre, 2006

Nuestros miedos

A mirar bajo la cama, y que sea verdad, y existan monstruos; a que muera el amor; a que algo obstruya nuestras venas y la sangre no fluya; a que la noche nos sorprenda fuera, sin saber volver; a no importar a nadie; a que el metal desgarre nuestra débil coraza; a perder a los nuestros; a morir de aburrimiento; a que en nuestro interior algo empiece a crecer implacable; a dejar de ser sin darnos cuenta, y que nuestro cerebro se disuelva lentamente, y un día la baba se nos escape, sin saber decir ya que no, que basta.

20 septiembre, 2006

Maneras de hacer

Entran los veinte en la sala, y en seguida empiezan a hablar, y exponen, y replican, y sugieren, y exigen, y proclaman, y desglosan, y planifican, y listan y validan, y se animan unos a otros. Luego toman un café, van a comer y rien juntos. Y por la tarde, aun un ratito más, vuelven a reunirse, y a exponer, y a replicar, y a decidir, y a animarse. Al final, cuando ya se cansan de desbarrar y apetece irse a casita, se encargan de lo más importante, y eligen, de entre quienes no han venido, al responsable del proyecto.

18 septiembre, 2006

Muñecas suicidas

Compré una preciosa colección de muñecas de porcelana, con sus vestidos exquisitos, sus originales sombreros, sus rostros únicos. Las puse en fila sobre sus soportes en lo alto de una estantería, y al día siguiente vi que una de ellas había caido, destrozándose. Comprobé que las demás permanecieran estables, pero por la mañana otras dos se habían suicidado. Intenté afianzarlas con alambres, pero fue inútil. Ya sólo me quedan dos. Esta tarde, mientras las aseguraba a sus soportes, capté por un instante la mirada fugaz de una de ellas, y supe, con certeza indemostrable, que no se trataba de suicidios.

13 septiembre, 2006

El collar que me compré

Al volver de vacaciones mis compañeros de trabajo observaron el collar que llevaba y dijeron que estaban de acuerdo conmigo. Yo lo compré porque era bonito, e ignoraba que tuviera significado alguno, así que sonreí estupidamente y al llegar a casa busqué por internet sin encontrar nada. Pero en la calle muchos se cruzan conmigo sonriendo de manera cómplice. Hoy, en el ascensor, una chica vió mi collar y me besó. "Yo también", me dijo, "yo también", y se fue sonriendo. Por la tarde un vecino bigotudo me hizo lo mismo. Estoy por dejar de llevarlo, pero es tan bonito...

07 septiembre, 2006

Pruebas

El pasillo se repite desde sí mismo, cada puerta son más puertas, y más pasillos. A veces, en el suelo, pan y una jarra de agua. Suficiente para recobrar fuerzas y proseguir. Entonces la luz desaparece y anda a tientas, más lentamente. Tras un tiempo de deambular desorientado vuelve la luz, y puede percibir el aroma a comida caliente llegando de alguna bifurcación. Sigue el olor, y llega a una sala donde tras unas rejas hay carne asada. Junto a la reja una palanca. Más arriba, fuera de los pasillos y las puertas, el ratón anota tiempos y evalúa reacciones.

11 agosto, 2006

Museo de Cera

Fue al Museo de Cera con sus amigos, charlando y riendo, posando junto a los famosos representados. Tras las salas de políticos, músicos y actores, llegaron por fin a la galería del terror, donde sombras y ruidos enmarcaban figuras siniestras de asesinos y verdugos. Entonces tocó con curiosidad la faz cerulea de una bruja, y percibió que sus amigos le miraban fijamente, y le fotografiaban, y luego se reían, y salían de allí sin él, como si nunca le hubieran conocido. Y cuando quiso seguirles se notó inmovil, mudo, y supo que su rostro expresaba horror, lo expresaría siempre.

30 junio, 2006

Errores de conteo

Esta mañana tuve un problema en la oficina. Los ordenadores indicaron que la ciudad había perdido más de seiscientas hectáreas desde la última estadística. Descartados los errores informáticos, pues el sistema era muy caro y por tanto infalible, se asumió como bueno el último dato y se imprimieron las cifras bien encolumnadas para que las firmara el alcalde. Por la tarde, salí de la oficina sin dar mayor importancia a la cuestión, seguro de que, una vez firmadas, esas serían ya las mediciones correctas. Tristemente descubrí cuanta razón tenía, al llegar donde antes estaba mi casa, y ahora ya no.

06 mayo, 2006

Trasplante de corazón

Su hijo vivía porque la muerte de otro chaval en accidente le proporcionó un corazón. La felicidad de la madre se nubló porque un hombre acechaba a su hijo: el padre del niño muerto. 'Su hijo tiene algo dentro quye no ha de tener', le escuchó decir por teléfono antes de colgarle. Quiso huir, pero alguien la golpeó y ató. Le vio junto a su hijo inconsciente, bisturí en mano. Con un corte preciso extrajo de la cicatriz de su pecho una pequeña placa de marfil con maldiciones inscritas y le curó la herida. 'Ahora su hijo está a salvo'

03 febrero, 2006

Un dios malhumorado

Cuando los técnicos terminaron de construir el nuevo Dios, vieron que algo había fallado: lo querían vital y alegre, lleno de colores y melodías, pero les salió gris y gruñon, un metomentodo falto de sentido del humor que se tomaba las cosas a la tremenda. A la que le hacían alguna bromita, o le hacían caricaturas, o le contradecían, se ponia furioso y usaba su omnipotencia sin contemplaciones.
Pero a muchos fieles les gustó así, y se volvieron también malhumorados y metomentodos, y pobre del que se acercara a tirar a su Dios de las barbas, aunque fuera de broma.

29 enero, 2006

El Mundo (XXI)



Las cartas se han echado, y esto es el mundo: un azar tempestuoso de amores, muertes, ímpetus y maldades; cicatrices que nunca curan, deseos de dominio y de ser dominados, confines inciertos donde nuestra realidad se abre en grietas hambrientas; mujeres y hombres amando y matando, haciendo y deshaciendo inútiles senderos donde otros confundirán sus pasos con los suyos; verdades queriendo nacer, mentiras transmutándose en verdad; un caos del que nace un orden que también acabará, arcanos esperando otras lecturas, esperando ser de nuevo barajados e interpretados, y reflejar otros mundos, otros órdenes, otros finales que, como éste, no lo serán.



El Juicio Final (XX)


En directo a todas las ciudades del Imperio, esos hombres y mujeres que un día dictaron el destino, ahora se sientan encadenados y obedientes ante el tribunal. En el público que una vez les ensalzó, arde ahora un odio visceral como su antigua devoción. No hay pantalla en el imperio que no muestre esos rostros, enfocados de cerca para remarcar arrugas y granos, para que el sudor que antes ocultaban muestre ahora su mísera humanidad. Pero no es el Juicio Final, sino el de siempre, el de quien posee las dagas y las piedras contra el que antes las tenía.



La Templanza (XIV)



Ella lo observa todo desde su alejamiento desapasionado, sin poder evitar sentir la armonía callada en esa danza mortal, contemplando las vidas perecederas con emoción estética carente de empatía. Contempla con despego a sus vecinos saliendo a la calle para lanzar flores a los de ahora, a los de antes, a los de siempre. Ella huye de polémicas, y desbroza con quirúrgica precisión las razones de los unos y los otros, orgullosa de su imparcialidad. Cuando golpean su puerta no comprende por qué los soldados la buscan a ella, y la arrastran al camión, a ella, tan apolítica, tan neutra.



La Fuerza (XI)



Todo parecía muerto cuando aparecieron las nuevas banderas. Ellos llegaron con sus grandes camiones, y sus carros de guerra, y altavoces con músicas alegres que hacían a los niños salir de sus agujeros. Reunieron en las plazas a las gentes, y les prometieron que las ciudades volverían a nacer, que los campos muertos darían frutos nuevos, más grandes y jugosos esta vez. Mientras se volvía a arar y a construir, ellos llenaron los camiones de antiguos enemigos y se los llevaron Algunos gritaban desesperados su inocencia, pero el pueblo aplaudía, pues ondeaban banderas de esperanza, y los himnos coreaban que el futuro les pertenecía.



El Sol (XIX)




El Sol arde como nunca en las calles sin vida. Algo cambió en la atmósfera cuando la gente enloqueció, alguien abrió las espitas del gas mientras todos dormían, alguien dejó volar ácidos y venenos, y volvió el cielo de ese color denso y rojizo. Ahora los árboles han muerto en la ciudad, y sólo montones de insectos vengativos se esfuerzan en recordar que la vida se resiste a morir. Los ancianos, si no hubieran muerto ya de calor y de pena, dirían que aquello es el final que les anunciaron sus abuelos. Pero hay niños vivos, muchos, los más fuertes.


27 enero, 2006

La Estrella (XVII)



Las vasijas contienen un poderoso alucinógeno. La joven deja la ciudad siguiendo el cauce del río, hasta hallar un lugar tranquilo donde sentarse bajo las estrellas cómplices y silentes. Dejó atrás la furia y el horror de las últimas semanas, la muerte de sus padres, de sus amigos. Su acción cambiará el mundo, y el líquido vertido llegará hasta las ciudades del Imperio, y los hombres transmutarán la razón en emociones deslavazadas. En las mentes de los ciudadanos se forjarán imágenes de futuros radiantes, pero en sus sueños habitarán aun los fantasmas del ayer, y cuando todos duerman, cobrarán vida.



26 enero, 2006

La Torre (XVI)




Todo se hunde. Desde la seguridad del despacho más alto de la más alta torre del Imperio, los perros guardianes emiten sus consignas a traves de inmensos altavoces, anunciando el apocalipsis, la división y el miedo. Los fuegos llevan días sin arder, y personas como hormigas prosiguen sus paseos, sus compras, sus amores, ajenos al terror ladrado desde arriba. Los niños lanzan piedras inútiles a los altavoces chirriantes, y algunos exaltados intentan forzar las puertas de la torre, ya sin defensas desde que el Emperador huyó y el Sumo Pontifice abrazó el ateismo. Si consiguen entrar, los altavoces serán suyos.



27 septiembre, 2005

El Ahorcado (XII)




Tras desayunar una ración doble, viene un cura a hablarle de paraísos, culpas, pecados y perdones. Cuando le pregunta si quiere confesarse le golpea con la bandeja, y sigue hasta que los guardias se le echan encima y le inmovilizan. El cura huye, pero sigue oyendo las blasfemias del preso, y no entiende como un corazón puede encerrar tanto odio. Eso explica las burlas al emperador, al orden, a Dios. Un pobre diablo, pero la sociedad debe protegerse. Mientras tanto los guardias conducen al reo amordazado hasta el patíbulo, donde la multitud jubilosa e impaciente pueda insultarle antes de morir.



26 septiembre, 2005

Los Enamorados (VI)




Han hecho el amor por primera vez, y no habrá más: a él lo habrán degollado antes de dos horas, y ella nunca acabará de recuperarse de aquella pesadilla. Pero ahora no lo saben, y descansan bajo las estrellas. Huyen de sus padres, pues ellos piensan que él debe cumplir su deber con el Imperio. Ahora han de verse con un escultor excéntrico que les hará papeles nuevos. Andan por la carretera, y piensan en el futuro. Un coche se detiene para llevarles. El conductor les sonríe. Semanas más tarde será ahorcado, junto al subversivo al que buscaban los enamorados.



22 septiembre, 2005

La Emperatriz (III)


Siempre había trabajado para mejorar las escuelas del Imperio, pero algo no iba bien: revueltas continuas, subversión, niños asesinos... Dirigió nuevas directrices a los colegios, les pidió que separaran en aulas especiales a los más conflictivos, y que sustituyeran sus profesores por detectores automáticos de presencia. Los padres pedían que hicieran más horas de estudio, que comieran allí, que durmieran allí, ya vendrían a verles los fines de semana. El sistema se fue perfeccionando, y para que los chavales no intentaran faltar a clase, se les rodeó de rejas y de perros guardianes. Y cada dos meses, hacían un examen.



21 septiembre, 2005

La Muerte (XIII)




Cuando los niños empezaron a matar a sus padres, se explicó primero por las influencias negativas de la televisión, y por lo mal que se enseña en las escuelas. Muchos progenitores se organizaron para defenderse, y expulsaban pronto a sus hijos de casa, montando turnos de vigilancia por las noches. Las calles se llenaron de chavales furiosos, y cuando quienes les veían volvían a casa, miraban a sus hijos con recelo, creyendo reconocer en sus ojos aquellas miradas temibles. Dormían cerrando sus habitaciones por dentro, y no aceptaban sus regalos. Y cada noche recordaban que no podían postergarlo mucho más.