Cien Palabras ha cumplido 10 años. Gracias a todos.

Parece mentira. Hace diez años empece a escribir estos pequeños cuentos, y cree esta página para darlos a conocer. Al principio la intención era escribir uno cada día, pero al final la cosa se fue espaciando, lo que me remuerde la conciencia, pero que le vamos a hacer...

Os digo de verdad que intentaré ser más constante. Pero la voluntad es débil. Así que, como oí una vez: "No puedo aseguraros que lo intente, pero os aseguro que intentaré intentarlo."

Muchas, muchas gracias a todos. Gracias por leerme y, un poquito, por entenderme.


Jordi Cebrián



Éstos son mis cuentos de Cien Palabras.


Ocupan eso, 100 palabras exactas, sin contar el título.

Leed uno.
Despues otro.
Despacio, sin prisa.
Hay muchos, centenares de ellos.
Para sonreir, para reflexionar, para estremecerse...
Teneis tiempo, volved cuando querais.

16 octubre, 2003

Omnipotencia restringida

La gente piensa que sólo por ser omnipotente ya llevo una vida regalada. Pues no señor, es muy duro. De entrada porque uno no puede andar usando la omnipotencia a diestro y siniestro, pues al final te calan y dejan de creer en la ciencia, en la tecnología, y en el trabajo honrado y esperan que se lo soluciones todo a base de milagros. Y yo siempre digo, no señor, que se lo curren. Pero lo peor es no poder usar la omnipotencia para matar gente, y tener que hacerlo siempre a través de locos, terroristas o presidentes de gobierno.

15 octubre, 2003

Cada noche, cada ciudad

Por las noches es siempre otra ciudad. Sus arcadas y escaleras, sus puentes sobre ríos oscuros y distantes, sus calles de trazados intuidos, sin luz, sin voces. En esa ciudad nocturna camino buscándote, tantas noches, tantas ciudades. Avanzo a tientas, sólo el ruido de mis pasos volviendo desde las fachadas tristes de ventanas cerradas. Cada noche te busco, intuyo tu sombra, un movimiento lejano y brevísimo, corro a encontrarte para ver amanecer de nuevo juntos la ciudad. Tu sombra se desdibuja en otras sombras, pero me acerco, y la sombra es cada vez más tu, y ya es de día.

14 octubre, 2003

El ascensor sube

Entra tras la mujer en el ascensor, pulsa el botón de su piso, y al girarse para preguntarle a qué piso va, ella ya no está allí. Sabe que no ha salido, que la puerta se cerró tras ellos, pero no hay nadie más en la cabina. El ascensor sube. Durante el trayecto, sabe que no está solo, que el frío que siente es el frío de su presencia. El ascensor sube. Su piso ha pasado de largo; todos los pisos. El ascensor sube. Entonces deja de sentir temor en ese trayecto sin final, solo en el ascensor, con ella.

10 octubre, 2003

El experto

El experto acostumbra a llegar tarde, pero cuando lo hace crece en la plaza un silencio incómodo y temeroso. Despliega sus herramientas en el suelo sobre una tela de colores, y no levanta la vista hacia quienes le observan. La fascinación y el miedo no les permite huir, ni se consentiría. Cuando todo está dispuesto el experto se levanta y señala a alguien, a cualquiera, y nunca sabremos por qué él o ella y no cualquier otra persona. Los demás, aliviados, impedirán que huya, lo tenderán en el suelo, junto al instrumental, donde las primeras incisiones impedirán que siga chillando.

09 octubre, 2003

Un pueblecito encantador

El pueblo es tranquilo, todos se conocen y hablan la misma lengua, y comparten vino, risas y bromas. Son buena y noble gente, pero temen a los de fuera, y por eso mataron al cartero, hace ya años, y al que le sustituyó, y a un doctor que quería vacunar a los niños. Las investigaciónes se cerraron sin nadie a quien culpar, pero desde entonces no llegan cartas, ni feriantes, ni poetas que hablen otras lenguas. Los domingos cuando salen del templo, las gentes se reunen en la plaza mayor a escuchar leyendas antiguas, y cantar, y bailar danzas tradicionales.

08 octubre, 2003

Decisiones drásticas

En la escalera estamos hartos de mendigos, de vendedores ambulantes y de correo comercial no deseado. Nos hemos reunido y hemos acordado hacer de nuestra escalera un lugar más seguro. Se ha decidido que entre semana no entre nadie que no sea vecino. Las visitas se solicitarán para el fin de semana, con permiso del presidente de la escalera, y reforzaremos la portería con dos guardias jurados y un perro. Para evitar problemas impediremos la entrada del cartero, y de los que digan que vienen a revisar el ascensor, por si son sectarios camuflados o inmigrantes ilegales.

23 septiembre, 2003

Desmemoria

Está condenado a olvidar. Unos lo consiguen refugiándose en el alcohol, o entumeciendo el cerebro ante el televisor.. Él, en cambio, que quiere recordar, vive su maldición con horror y con pena. Todo empezó con temas menores: no saber dónde dejó el coche, o las llaves, o el libro que leía. Pero ahora olvida también el dolor que ha infligido, y eso provoca más sangre y más dolor. De día todo es desmemoria y rutina. Al revés que la gente, por la noche se emborracha para recordar, y sale a la calle sabiendo que las nuevas muertes las olvidará mañana.

Pero no siempre fue así

Tras la gran guerra, los vampiros salieron de sus escondites y controlaron el mundo. No haber creido nunca en ellos no nos libraba de la esclavitud, ni de servir de alimento a quienes se proclamaban nuestros superiores. Algunos intentaron rebelarse, es cierto, pero lo que hicieron con ellos provocó que cada vez hubiera menos resistentes, nadie quería arriesgarse a acabar de aquel modo. Muchos se acomodaron, recibieron cargos y prebendas, fueron lacayos serviles de los chupasangre, y pusieron sus voces y sus libros a su servicio. Ahora parece que nunca hubiera existido otro pasado, y yo mismo empiezo a olvidarlo.

16 septiembre, 2003

Espera

A él no le dejaron salir. Los demás ya estaban fuera, incluso la pareja de delante en la cola, que también había tenido problemas. Ahora, en la sala sin muebles, sólo estaba él. Habían cerrado las puertas, y reducido la luz al mínimo. Estaba acostumbrado a obedecer, así que se sentó resignado en el suelo, junto a una pared. Pasaron algunas horas y finalmente llegó un responsable, quien le informó de su situación y de los complejos motivos burocráticos que retrasaban su turno. En unos días, le aseguró, estará resuelto, entretanto llene estos papeles. Siguió esperando, pero nadie más vino.

El caparazón de la tortuga

Le habían regalado la tortuga para que no se sintiera sólo, allí en su piso. No le gustaba demasiado el animal, pero se obsesionó con las manchas y dibujos de su caparazón. Aquellas formas y simetrías, códigos que pedían ser abiertos, símbolos con significados arcanos. Estudió y analizó aquel lenguaje. Llegó a conocer de memoria cada curva y relieve, y ensayó con letras y con cifras buscando un sentido que se le escapaba.

La tortuga murió. No la había alimentado. De cuclillas, en una esquina, mirando concentrado el caparazón vacío, sigue buscando signos y portentos. Sólo eso, un caparazón vacío.

08 septiembre, 2003

Acaban las vacaciones

Se acabaron las vacaciones. Estos días ha estado descansando, jugando con los críos, intentando quitarse de la cabeza los gritos y agobios del quehacer diario. En la playa, aburrido ya de leer la prensa, añoraba que acabara el verano, y poder volver a trabajar. Hay personas que sólo viven pendientes de las fiestas y los fines de semana. Pero a él le gusta lo que hace, siempre le ha gustado, así que vuelve al trabajo con ánimos renovados y examina el expediente que debe tratar hoy. Se trata de un disidente, un subversivo, pero él sabe cómo arrancarle la información.

19 agosto, 2003

Prestamo

Necesitaba dinero con urgencia, y me recomendaron a unos prestamistas que no hacían demasiadas preguntas. No me gustó el local, unos billares abandonados donde me recibió un señor, cruce de contable y cantante de tarantelas, al que acompañaban dos enormes ayudantes. Me dieron tantos billetes como pedí, y yo tuve que dejarles nombre y dirección. Los ayudantes se los anotaron en sus respectivas agendas. Cuando sea el momento, pasaremos a cobrar, me dijeron con voz queda y mirada torva. Me fui algo intranquilo. Estoy seguro de que venderán mis datos ilícitamente y se me llenará el buzón de correo comercial.

14 agosto, 2003

Luna llena siempre

¿Cuánto días hace que hay luna llena? Dos, tres semanas. Nadie parece darse cuenta. Lo comento en la oficina, y se lo toman a broma; me enseñan en el calendario las fases de la luna en los días anteriores. Pero había luna llena, como ahora, y se que la habrá siempre, que nunca volverá a menguar, que deberé resignarme a que los demás no me crean, y piensen falsamente que el tiempo no se ha detenido. Me mujer dice que a mi la luna siempre me afecta mucho, y que estas ideas me las provoca la luna llena. Tiene razón.

08 agosto, 2003

Hogar

Ella, en casa, tiene serpientes. Nadie lo sabe, pues no habla de ello con sus compañeros de trabajo, ni con sus amigos; y cuando viene alguien a su casa, pocas veces, no las ven, se esconden tras los muebles, o en el altillo, o en los rincones oscuros del lavabo.

Cuando está sola, se tiende desnuda en la cama y deja que se le acerquen, y las alimenta, y las acaricia, y las domina, y despierta entre ellas. Ha soñado cosas terribles, que le duelen al pensarlas. Vuelve al ritual de la vigilia, vuelve al trabajo, y ellas la esperan.

31 julio, 2003

Monarquía y burocracia

Revolviendo antiguos papeles familiares, descubrió que le correspondía por estirpe el título de rey. Fue al ministerio para informar de la situación y allí, tras comprobar los papeles y cobrarle las tasas de verificación registral, le dieron la razón y le acompañaron hasta el palacio real, donde desalojaron al monarca que, ilegítimamente, reinaba aun. No se lo tomó muy bien, e intentó usar su cetro con contundencia para impedir el desalojo, pero acabaron echándole a patadas. Tras firmar la aceptación de las cláusulas estándar, el nuevo rey se sentó en el trono y ordenó decapitar al anterior. Viva el rey.

30 julio, 2003

Depósito municipal

Se me llevó el coche la grúa por estar mal aparcado. Tardé dos días en ir a retirarlo del depósito municipal, y ya había una familia viviendo dentro. Me explicaron que el ayuntamiento utiliza los coches como albergues provisionales para refugiados de distintos países, acogidos en el nuestro. Mientras pagaba la tasa de la grúa, la multa y diez arbitrios, vi que en el asiento de detrás de mi coche dormían un niño y una niña. También su padre dormía, en el asiento del conductor. La mujer, despierta, me miraba con ojos tristes a través del cristal. Volví en taxi.

29 julio, 2003

Sinceridad

Llevan más de cuarenta años casados, una relación que les ha hecho felices, que ha sobrevivido con amor y comprensión. Pero hoy él está inquieto. Va a contarle a su mujer un secreto que durante todo este tiempo ha ido llevando, como una herida mal cerrada, a la que se acostumbró, pero que nunca ha dejado de quemar y doler. Una semana después de casados, por única vez, engañó a su mujer. Fue con una amiga común de entonces, una locura que duró tres días, y que hoy no comprende. Probablemente hoy se lo contará, o mañana, como cada ayer.

24 julio, 2003

Manchas

Cuando bajo la escalera para ir a trabajar, me entretengo observando los dibujos que forma el mármol de los peldaños. Distingo a veces tortugas, o palomas, o siluetas femeninas. Hoy me he fijado por primera vez en un rostro, dibujado por el azar con maestría de trazo. Era mi rostro el allí dibujado por las formas caprichosas de las manchas del mármol, perfectamente distinguible si sabías mirar. Volví a casa e hice bajar a mi mujer hasta la mitad de la escalera para que lo viera, pero no supe encontrar de nuevo el dibujo, y mi mujer no me cree.

17 julio, 2003

Contrainformación

Me hice policía para que mi patria fuera más segura, y enseguida me pidieron de infiltrarme en un grupo subversivo para investigar sus actividades. Tras meses con ellos, me convencieron de que su causa era justa, y yo empecé a pasar información erronea a mis jefes. Desgraciadamente me descubrieron, y bajo la amenaza de ser fusilado, me pidieron que hiciera creer a los subversivos que seguía con ellos, pero les traicionara informándoles falsamente acerca de las mentiras que contaba a mis jefes referentes a las falsedades que ellos me confiaban. Acabé hecho un lío, sin saber ya para quien trabajo.

15 julio, 2003

Libros letales

Me leyeron el futuro, y me informaron de cual iba a ser el último libro que leería antes de morir. Se trataba de una obra menor de Joyce, quien nunca me había interesado. Pese a todo, me hice el firme propósito de no leer jamás, por si acaso, nada de ese autor.

Han pasado muchos años. Conocí a una mujer excepcional, de la que me enamoré. Es doctorada en literatura, especializada en Joyce, e insiste en que debo conocer toda su obra. Me avergoncé de contarle mis miedos, y, por amor, arriesgo la vida leyendo los libros que me recomienda.

14 julio, 2003

Arma de fuego

Se compró un arma porque le gustaba imaginar, aunque nunca lo haría, que disparaba a la gente desde la ventana y les veía caer y retorcerse sobre una creciente flor roja. Siempre que apuntaba a alguien desde su ático se aseguraba de que el cargador estuviera vacío. Tras unos días de juego morboso quiso probarse a si mismo que, aun con el rifle cargado, sería incapaz de dañar a nadie. Ahora está emboscado en su balcón, el dedo tenso en el gatillo, frío en el estómago, el rostro de una mujer en el punto de mira. No, probablemente no disparará.

05 julio, 2003

Costumbres de días de lluvia

Nunca le explicaba a su mujer porqué salía de casa cuando llovía, y ella lo atribuía a una de sus tantas manías, como la de no soportar las colas o dormir, incluso en los meses fríos, con las ventanas abiertas.

Él salía a la calle, y empapado miraba arriba, dejaba que su boca se llenara de agua y desbordara. Entonces buscaba alguna tapa de alcantarilla que no costara levantar, y se perdía durante horas en aquellos laberintos inundados, cazando sólo. Cuando volvía a casa se duchaba durante largo rato y, si su mujer ya dormía, la besaba en la mejilla.

20 junio, 2003

Terrores

Desesperado, tras muchas noches de soñar con cuchillos y con garras y despertar gritando, fui a pedir ayuda profesional a un psiquiatra. Tras escuchar mis miedos me pidió que me estirara en el diván, que me relajara, cerrara los ojos y encontrara mi yo. En mi oscuridad, relajado ya, oí el sonido inconfundible del metal contra el metal, de la bestia afilando sus uñas en la roca, y antes de que pudiera abrir los ojos, una mano grande y que olía a formol me lo impidió. Aun no, me dijo, manténgalos cerrados, esto hará que sus terrores desaparezcan para siempre.

16 junio, 2003

Inconveniencias

A las visitas no les gustaba que el monstruo estuviera en casa, pese a que lo dejaramos encerrado en su habitación mientras cenábamos. Los invitados oían los gritos lastimeros, los golpes y el raspar de sus uñas rotas contra la puerta. Cómo nuestros amigos eran todos gente bien educada, no decían nada, pero se iban pronto y sospecho que cuando no podíamos oirles nos criticaban cruelmente, como si ellos hubieran hecho otra cosa con un monstruo en casa, si tuvieran que tenerlo encerrado cuando hay visitas y darle de comer luego, porque al fin y al cabo es tu hijo.

07 junio, 2003

...son ojos porque te ven

Me convencieron para que fuera al psicólogo, y me explicó que mi problema consistía en que tengo una cara con la que miro al exterior, y otra con la que me miro a mi mismo. Y al verme a mi mismo desde fuera, no me reconozco, ni reconozco la cara que me observa, que es la mía, o eso decía el psicólogo al menos, pues a esas alturas yo ya me había perdido y no entendía de que cuernos hablaba. Pero, por no desairarle, asentía con ambas caras, y miraba la suya como si me importara algo lo que dijera.

05 junio, 2003

La solución

Inicia el informe admirando la magnitud de lo que va a exponer. Si se siguieran sus directrices, si se aplicaran sus criterios tal y como expondrá en esas hojas, la empresa se salvaría. Él ha sido el primero en reconocer de forma tan clara el orden que subyace bajo la desorganización, y las formas tan simples e inmediatas en que podrían reenderezarse las cosas. ¡Y los gráficos! Los ve tan claros en su cabeza, esos diagramas, esos bloques... Sería un buen informe, pero desiste, harto de que le salten los tabuladores y que las barras estadísticas salgan de otro color.

Palabras como balas

Entraron en mi casa de noche mientras estábamos durmiendo. Quise llamar a la policía, pero ellos eran la policía, y me apuntaron con sus linternas, cegándome. Uno de ellos empezó a llenar grandes bolsas con mis libros mientras su compañero hacía callar a mi mujer, que gritaba. Entonces me agarraron del brazo, me hicieron levantar. Mientras me esposaban las manos a la espalda, vi a mi hija pequeña mirar sin comprender, llorar porque se me llevaban, y ése fue el único momento en que me arrepentí de haber escrito aquel cuento en el que describía en aquellos términos al presidente.

04 junio, 2003

Pregunta de un libro de mates

Morirá dentro de diez minutos, pero él no lo sabe, y se para a mirar los escaparates en una tienda de libros de ocasión. Pasa un rato, tres minutos. Entonces sigue andando, no piensa detenerse hasta llegar a casa. Pero dos minutos más tarde compra en el quiosco un diario que no llegará a leer y una película que nunca verá, y emplea en todo ello dos minutos más. ¿Si le separan 200 metros de su casa, a que velocidad debería ir para morir justo en el portal? ¿Cuántos minutos le quedan de vida? ¿Si lo supiera, como debería disfrutarlos?

27 mayo, 2003

Elecciones

Votamos entre los vecinos de escalera para elegir al próximo presidente. El del segundo afirmó haber ganado, pues la mayoría de pisos votaron por él. Pero el del tercero argumentaba que teniendo en cuenta los residentes de cada piso, las personas que confiaban en él eran más, así que se proclamó también vencedor. Las dos chicas del ático, que no habían votado, dijeron disentir del sistema y declararon su piso autogestionado. La viejecita del cuarto propuso ilegalizarlas y prohibirles usar el ascensor. Por el bien de la escalera, daré un golpe de mano y asumiré la presidencia por la fuerza.

23 mayo, 2003

Posicionamientos

No me dejaron entrar, y cuando me quejé, me replicaron que la pegatina que llevaba era ambigua, que no quedaba claro ni que yo fuera demócrata, ni que estuviera en contra de las guerras, ni que condenara con la suficiente vehemencia las agresiones a los animales, las violaciones de niños o los maltratos físicos y mentales a las mujeres. Yo intenté exponer que mis ideas y mis posicionamientos políticos o sociales eran de difícil transcripción a pegatinas polícromas, pero me di cuenta por las miradas de que no estaban por demasiadas sutilezas, así que decidí marcharme. Ya votaré otro año.

13 mayo, 2003

Bloqueo del escritor

Fue al psicólogo y le contó que ya no podía escribir, que le faltaban ideas y sentía angustia y vacío ante la página en blanco, eso a lo que llaman bloqueo del escritor. Tras escuchar sus lamentos, el psicólogo le explicó sus innovadores métodos de tratamiento conductista, consistentes en amenazar con romperle las piernas si la semana que viene no traía escritos veinte cuentos. El escritor expresó reticencias, y el psicólogo hizo entrar a un matón para que le diera, como advertencia, un puñetazo en el estómago. En casa los cuentos fluyen como nunca antes, pero ahora se siente avergonzado.

El tren de la bruja

Desde muy pequeño he odiado el tren de la bruja, esa atracción donde los niños recorren en un trenecito un lugar oscuro donde la bruja les espera, gritando y agitando su escoba, para asustarles, hacerles reír, o ambas cosas. Pero para mí era un lugar horrible de verdad, un lugar donde la oscuridad podía contener cosa malsanas y terribles, donde cada ruido podía ser presagio de males insospechados, y aun recuerdo el sudor frío que sentía cuando mi padre me obligaba a estar allí, horas y horas, disfrazado de bruja y asustando a los niños, mientras él llevaba la taquilla.

06 mayo, 2003

Fe perdida

Pasaron los años, y se dio cuenta demasiado tarde de que no creía en dios, que sus ceremonias y ritos se le antojaban de repente gestos vacíos y huecos. Aunque siguió estudiando cada día los libros arcanos y releyendo sus pasajes, que en otro momento fueron fuente de inspiración y ahora resultan sólo cuentos rancios, el anciano no pudo recuperar la fe perdida, ni hallar la fuerza y el valor necesarios que le permitieran rebelarse. Y por eso, aunque carentes ya de significado, mantiene sus rezos, sus misas y sus bendiciones desde el balcón de la Plaza de San Pedro.

28 abril, 2003

Nuestro doble

Cada persona tiene en algún lugar su reflejo invertido, alguien que se comporta en todo al reves, cuyos gustos son exactamente los opuestos, y cuyas emociones funcionan de forma contraria a la del original. Nuestro doble invertido jamás hubiera abandonado a esa mujer con la que no te atreviste a salir, ni hubiera aguantado tanto tiempo en el trabajo ínfimo y mezquino donde no te encuentras a gusto. Es probable que ella esté ahora con él, diciéndole al oido las cosas que por vergüenza o miedo jamás le confesaste, y mientras te consumes de envidia y desesperanza, él es feliz.

15 abril, 2003

El bien y el mal

Los hombres malos explicaron a los buenos los buenos resultados de obrar mal. Muchos hombres buenos sabían que era malo confundir bien y mal, pero algunas buenas personas vieron entonces que el mal podía ser bueno contra males mayores, y admitieron que los malos hicieran cosas malas si era por hacer el bien. Los malos, mientras tanto, seguían con sus maldades, justificadas por buenos fines, y lo malo es que, en ocasiones, haciendo el mal conseguían cosas buenas. Entonces los buenos dejaban de sentirse mal y se ponían contentos, y los malos jugaban a ser buenos, pero lo hacían mal.

Bajar al sótano

El jefe me hace bajar a veces al sótano a por papel de fotocopias. Se que no hay nada allí, que las fantasías de presencias oscuras y viscosas tienen poco que ver con la realidad y mucho con las películas de miedo que debiera evitar. Pero eso no quita que cuando alargo la mano hacia el interruptor para bajar las escaleras, tema sentir unos dedos muertos agarrando mi muñeca y tirando de mí hasta su oscuridad. Por eso hace días que vengo a trabajar con el cuchillo, por si el jefe me pide que baje, que no lo pida más.

Distorsiones temporales

En mi casa el tiempo sufre distorsiones muy extrañas: puedes entrar en una habitación, consultar tu reloj, y darte cuenta al salir de que es más pronto que cuando entraste. Estas distorsiones provocan, por ejemplo, que se me queme la comida antes de haberla puesto al fuego, o que aparezca aun sucia la ropa que puse en la lavadora. Mi mujer me asegura que eso no es posible, y sospecha que son excusas mías para justificar mis despistes. Yo no quiero contradecirla, pero la prueba de que estoy en lo cierto es que eso mismo ya me lo dijo ayer.

En tan pocas palabras

Se le habían encallado las palabras en algún pliegue extraño del cerebro. Quisiera hacer fluir historias en las que poder dotar de pasado y familia a cada personaje creado, y construir su personalidad ficticia en cientos de páginas perfectas donde las vidas, las mentiras y los deseos se cruzasen y entrecruzasen. Pero no se sentía capaz de asomarse a ese vértigo, y por eso escribía unos cuentecillos ínfimos y aun así notaba que las ideas tardaban en llegar, como si no quisieran ser encerradas en tan pocas palabras, igual que los pájaros que mueren de pena en jaulas tan pequeñas.

Trámites

Estuvo llamando toda la mañana, pero en los juzgados le aseguraban que nadie sabía nada de su caso, así que se fue hacia allí en persona, indignado por un trámite judicial que le habían comunicado, que no entendía, y que nadie parecía poder explicarle. Cuando mostró el papel en recepción, la señorita hizo que un par de guardias se lo llevaran. Con buenas palabras y sin dejar de sonreír, le cachearon, desnudaron y desinsectaron. Sus intentos de resistirse fueron inútiles: eran amables, pero grandes y fuertes. Ahora, solo en la celda, comprende amargamente que hubiera sido mejor tramitarlo por Internet.

02 abril, 2003

El presidente

(Este microcuento lo publiqué originalmente el 2 de enero de 2002. Siento enormente que parezca actual.)

El presidente lo sabe todo. Sus consejeros bullen a su alrededor, aportándole datos, argumentos, estrategias. El cerebro del presidente organiza, clasifica, disecciona y decide. Entonces los teléfonos se ponen en marcha y se gritan ordenes. Muy lejos alguien explota en pedazos, pero lo hace en silencio, dignamente, procurando no molestar. El presidente, sin embargo, tampoco estaba ya escuchando, pues de un vistazo necesita interpretar y asimilar los nuevos datos. Otra reflexión, otra orden, otra muerte. Sus consejeros admiran su coraje, su resistencia, su decisión. Al presidente, esa noche, mientras da de comer ratas a sus serpientes, le sangrará la nariz.

Objetivo militar

(Este microcuento lo publiqué originalmente el 14 de setiembre de 2001. Siento enormente que parezca actual.)

Cuando me dijeron los vecinos de escalera que Bush había salido por la tele diciendo que quería bombardear mi piso no me lo creí. Pero la del tercero, una chica muy maja, me aseguro haberlo oído ella misma, así que fui al Ministerio del Interior.

- Mire usted, nuestro país mantiene buenas relaciones con Estados Unidos, así que el problema es entre usted y ellos.

Cuando volví a casa, ya habían hecho una primera ofensiva. De una de las habitaciones que daba a la calle no quedaba nada. Llamé a Bush, pero no se ponía. Entonces oí que volvían los aviones.

31 marzo, 2003

Ayuda humanitaria

Son gente muy rara, traidores y desagradecidos, pero puede entenderse por la tiranía a que se han visto sometidos tanto tiempo. Su suspicacia es extrema: si les apuntas con un rifle, se sienten amenazados. Tengo que hacerlo para evitar malentendidos, no sea que piensen que mis balas y mis bombas son una amenaza para ellos y se lo tomen a mal. Pero aunque no valoran el esfuerzo y sacrificio que hacemos por ellos, seguiremos aquí, garantizando que reciban nuestra ayuda, aunque confieso que cuando les ves así, gritando enfurecidos, de lo que te dan ganas es de liarte a balazos.

27 marzo, 2003

Tormenta de arena

Nunca se había visto en Madrid una tormenta de arena como ésta, ni en Londres, ni en Washington. Los meteorólogos afirman que es casualidad, que nada tiene que ver con los sucesos de Irak, a los que los extremistas llaman guerra. Pero es difícil hacer entender a la gente que este viento cargado de polvo, este cielo rojo que cubre nuestras ciudades, sean casuales, porque la arena que azota las casas, que cubre nuestros coches, que nos impide respirar, no sabe sólo a tierra, a fango y a petróleo; queda también en el paladar un regusto terrible a carne quemada

12 marzo, 2003

Fiebre

Caí en un estado febril causado por la gripe y se me llenaron las noches y los días de sueños ácidos, de sonidos moviéndose y colores aullando. Cuando el sudor y la ausencia de tiempo se funden, el alma y la materia se reconcilian por fin, y sólo queda esa extraña sensación como de estar cayendo, hundiéndose de espaldas en un mar denso y blando. Perdido en mis paraísos víricos, esperé que se me mostrara mi animal totémico para guiarme hasta la luz y el conocimiento, pero lo cierto es que los antibióticos funcionaron antes de que alcanzara la sabiduría.

05 marzo, 2003

Otros lugares

Hoy, mientras andaba hacia el trabajo, una excavadora que retrocedía ha estado a punto de dar a un pobre hombre en la cabeza. Él no se ha dado cuenta, ha seguido andando, sin saber que de inmediato en otro universo no habrá tenido suerte, y yo habré tenido que agacharme, sobresaltado, para ayudar al hombre, intentar reanimarle en un esfuerzo estéril y terrible. Ahora escribo este cuento, pero hay otros cuentos que se están escribiendo al mismo tiempo, en lugares que se multiplican y se desdoblan en cada nuevo pliegue del destino, cuentos reales sobre hombres que mueren de verdad.

26 febrero, 2003

Día de lluvia, día de muerte

Mal día para los paraguas. El viento y una lluvia densa y espesa llenan las calles de cientos de paraguas muertos, cadáveres de alambre deshilachado y piel suelta. Avanzo por la calle y oigo los lamentos de mi paraguas antes de desfallecer y retorcerse y abrirse en una caricatura ridícula y grotesca. Luchando vanamente contra los elementos y el destino cruel, contemplo impotente su final. Intento reanimarlo, devolverle su anterior forma y función, pero acabo envolviéndolo con respeto en su propia tela, y sigo andando con dignidad bajo una lluvia cruel a la que no le importa una muerte más.

19 febrero, 2003

En mi pueblo

En mi pueblo hay tres tipos de personas: quienes viven en las casas, los que duermen en la calle, y los que habitan los tejados. Los que vivimos en casas, cuando por las mañanas salimos hacia el trabajo les vemos sentados junto a los semáforos o en los bancos de las plazas. A la gente de los tejados pocos les ven: algún antenista, alguna señora mientras tiende la ropa. Pero ellos intentan no estorbar, se apartan de las terrazas y las ventanas. Les gustan las tejas y los techos inclinados, y se juntan en corros para charlar y cantar bajito.

12 febrero, 2003

Informe

Me han pedido que redacte el apéndice de un subapartado de unos documentos anexos a un informe, trabajo de gran importancia. Me dedicaré a ello esta tarde. Redactaré unas cuantas páginas que enmarquen las frías cifras dentro del ámbito global y estratégico de la Corporación. A mi lado, mi misma mesa se repite interminable, y muchos como yo teclean datos parecidos. Al cabo de horas, días o meses, la Impresora Central publicará y encuadernará el informe. El Departamento de Validaciones comprobará errores tipográficos y de cálculo. Y sólo cuando los datos sean correctos, se archivará en el Gran Archivo Central.

10 febrero, 2003

Espejos

Todos los espejos son un mismo espejo. Detrás de sus reflejos mentirosos hay oscuridades que los unen. Si fuerzas la mirada hasta que tu imagen falsa se nuble y se borre, atisbarás a ver lo que se ve detrás de los espejos, verás una joven peinarse mientras sonríe enamorada, verás ancianos que miran al niño que fueron, verás hombres temerosos de reconocer su mirada cobarde. Y en algún otro espejo, si miras demasiado, ella verá también desvanecerse su rostro, y tu mirada estará en la suya un instante, hasta que un parpadeo te devuelva reflejados de nuevo tus ojos tristes.

05 febrero, 2003

Estudios de mercado

Me llamaron para participar en una prospección de mercado, para un nuevo producto de una empresa japonesa. Éramos ocho personas y el entrevistador nos preguntaba nuestra opinión sobre distintos aspectos de aquello que querían vender. Yo les dije que me parecía una birria, y les expuse las razones que me llevaban a pensar que aquello no lo compraría nadie en su sano juicio. Los demás invitados opinaban lo mismo, y acabamos todos opinando vehementemente sobre la perspicacia de aquel empresario. Cuando ya nos íbamos, me pareció ver por una puerta entreabierta un japonés compungido con una katana en la mano.