Cien Palabras ha cumplido 10 años. Gracias a todos.

Parece mentira. Hace diez años empece a escribir estos pequeños cuentos, y cree esta página para darlos a conocer. Al principio la intención era escribir uno cada día, pero al final la cosa se fue espaciando, lo que me remuerde la conciencia, pero que le vamos a hacer...

Os digo de verdad que intentaré ser más constante. Pero la voluntad es débil. Así que, como oí una vez: "No puedo aseguraros que lo intente, pero os aseguro que intentaré intentarlo."

Muchas, muchas gracias a todos. Gracias por leerme y, un poquito, por entenderme.


Jordi Cebrián



Éstos son mis cuentos de Cien Palabras.


Ocupan eso, 100 palabras exactas, sin contar el título.

Leed uno.
Despues otro.
Despacio, sin prisa.
Hay muchos, centenares de ellos.
Para sonreir, para reflexionar, para estremecerse...
Teneis tiempo, volved cuando querais.

27 noviembre, 2002

El juego de las navidades

Se reunieron muchos expertos en pedagogía y psicología evolutiva, y diseñaron el juego perfecto para los niños: nada de violencia, nada de competitividad, y mucho aprendizaje en valores. Las asociaciones de padres estuvieron encantadas, e hicieron campaña para que fuera el juguete más vendido de las navidades. Los niños que jugaban, como es muy lógico, se morían de asco, y ni aprendían ni se divertían, y acababan tirándose el tablero por la cabeza, y haciendo apuestas para ver a quien le cabían más fichas en la boca. Los padres, pobres, se miraban consternados y pensaban en qué habían hecho mal.

26 noviembre, 2002

Sueños de pago

Me pagaban por soñar. Cada noche me encontraba con ellos en un sotano húmedo y oscuro, donde bebía sus hierbas y dormía sobre un suelo alfombrado, mi mente elaborando las ficciones que, de algún modo, les nutrían. No sé qué hacían con mis sueños, pero recuerdo haber vislumbrado personas que habitaban mis ensoñaciones y se escondían tras mis fábulas y mis terrores, espectadores voraces de las mentiras que mi cerebro ideaba. Al principio tuve miedo de que me dañaran mientras dormía, pero pronto supe que sólo en sueños corría peligro, y por ello evitaba soñar con cuchillos o con hachas.

25 noviembre, 2002

El monstruo quiere vírgenes

El monstruo quiere vírgenes, le dicen. Los padres la llevan al bosque, y por el camino la hacen cantar canciones de despedida. Han de ofrecerla al monstruo para evitar que destruya sus campos y queme sus cosechas. La dejan arrodillada en la entrada de la cueva, vestida de blanco. La han enseñado a no llorar, a no mirar atrás aunque oiga a sus padres sollozar a sus espaldas, alejándose. Se van, piensa, nadie se atreve a ver al monstruo. Ella esperará allí, y cuando descubra que no hay monstruo en la cueva para llevársela, será tarde, y no sabrá volver.

22 noviembre, 2002

Bibliomancia

Había leído en alguna revista acerca de la bibliomancia, y la puso en práctica cuando tuvo una crisis matrimonial. Abrió la Biblia tres veces dejando que su vista cayera por azar sobre tres palabras. Estudiando sus relaciones y significado, encontró la mejor manera de solucionar los problemas conyugales. Viendo que la cosa funcionaba, usó también el método en su empresa, y decidió así que debía echar a la mitad de la plantilla a la calle. Aquello fue un éxito, y se forró. Usó la bibliomancia para invertir, pero por mucho que pensó no supo como relacionar “camello”, “gehena” y “aguja”.

20 noviembre, 2002

Motín

Ayer nos pusimos de acuerdo para decirle al presidente lo que opinamos sobre su estrategia. Sin callarnos nada, sin medias tintas. Lo haremos durante la reunión de cierre de inventario: antes de que empiece a hablar, le soltaremos todo lo que tenemos preparado. Lo estuvimos ensayando anoche, practicando las posibles respuestas. Consensuamos el contenido, pero costó decidir quien lo expondría. Eso nos costó más, pues sería comprometido leerle todas aquellas barbaridades sin que se lo tomara a mal. Al final decidimos que lo hiciera el jefe de contabilidad, que no había venido. Estábamos borrachos, es cierto, pero la intención era buena.

19 noviembre, 2002

Nuevas tecnologías

Nadie estaba contento con esa tecnología, pero todos querían usarla. Al principio, cuando pocos podían poseerla, fueron muchos los detractores, pero al abaratarse los precios se popularizó. Era cómodo, en efecto, usar aquellos teletransportadores de salón: marcabas el número deseado y si el otro usuario lo autorizaba te teletransportabas a su casa u oficina, dotada de un dispositivo similar. Accidentes había pocos, pero bastantes fallos de seguridad y, pese a los muchos controles de privacidad, a veces familiares indeseados se materializaban en casa por sorpresa, o llegaban por la noche hombres malos a los que no habías invitado a cenar.

18 noviembre, 2002

Miedo a dormir en sueños

En mis sueños intento no dormir nunca, por miedo a soñar también, y a no saber si estar despierto es sólo otra ficción, o si la vigilia es tenue e inexacta como la duermevela. Por eso en mis sueños, tras amarte, te abandono en una cama fría y grande, por no saber si seguiré durmiendo para siempre, más allá de otras noches y otros días, de otras vidas prestadas. Siempre despierto cansado, pero hoy no, pues soñé que dormía en tu regazo y allí soñaba también que nunca te habías ido, y despertaba igual que ahora, teniéndote a mi lado.

13 noviembre, 2002

Método científico

Mis padres no tomaban muy en serio mis aficiones científicas, y pensaban que yo experimentaba con animales para hacerles daño, disfrutando con ello. No reconocían mi método, ni valoraban los avances que realizaba. Cuando empecé a usar corrientes dejaron de bajar al sótano, pues no soportaban el olor. Yo anotaba en mis cuadernos cada progreso en mi búsqueda de un sistema para hacer revivir sus cuerpos inertes o regenerar sus mutilaciones. Pero las pruebas fracasaban siempre, hasta que descubrí el motivo: los animales no tienen alma, y eso les impide renacer. Feliz, llamé a mis padres para contarles mis conclusiones.

12 noviembre, 2002

Neuroimplantes

Para conseguir los neuroimplantes no me importó tener que fundirle los plomos a algún mediorobot. Es más, disfruté haciéndolo. Odiaba a esos seres, antes personas, y finalmente disuelta su humanidad en un revoltijo de cables y órganos eléctricos recubiertos de titanio y neopiel. Pero era consciente de que cuando tuviera los neuroimplantes iniciaría también ese descenso imparable y voluntario: querría también un corazón sin fallos, visión nocturna y telescópica, más memoria de acceso rápido, sintonizadores emocionales. Los orgánicos desprecian y odian la inhumanidad de los mediorobots, pero todos anhelan congelar su conciencia en formoles binarios y, como yo, devenir inmortales.

08 noviembre, 2002

Peluche

Cuando mi hija me dijo que su tortuga de peluche la había mordido, le dije que era una tortuga mala, y que no tenía que morder a niñas tan bonitas como ella. Di un par de azotes fingidos al muñeco de trapo, y lo puse de nuevo a los pies de la cama. Luego, para curarle el mordisco a mi hija, bese el brazo que me mostraba, con una marca roja circular como prueba del presunto ataque. Pensé que se lo habría hecho sola, con sus dientes, pero al cerrar la luz vi brillar maliciosos los ojos de la tortuga.

07 noviembre, 2002

Grandes decisiones

Llegan en coches oficiales, cargados de maletines. Se encierran en la sala y empiezan los preparativos. Sobre la mesa hay ya muchos dados de diferentes colores y número de caras, con símbolos y cifras. Para cada decisión hay que seguir complejos procedimientos, y algunas tiradas conllevan repetir el proceso desde el principio. Se apuntan resultados, se consultan tablas de decisión, se vuelven a tirar los dados. Tras muchas horas de trabajo despiertan al portavoz y le comunican las decisiones. Él convoca entonces una rueda de prensa y explica las resoluciones tomadas y los motivos, porque el portavoz tiene gran imaginación.

06 noviembre, 2002

Poderes especiales

En la última reunión de vecinos concedimos al presidente el privilegio de poder liarse a palos con cualquiera que incumpliera los estatutos de la comunidad, sobre todo si este incumplimiento pudiese implicar problemas de seguridad para la comunidad de vecinos. Las cosas mejoraron mucho: tras los primeros apaleamientos apenas nadie baja la basura fuera de horas, ni usa en sus balcones pinturas de colores no autorizados. Seguimos teniendo el problema de las músicas a todo volumen, o del excesivo olor a ajo que desprenden algunas cocinas, pero en la próxima reunión daremos al presidente una llave maestra de los pisos.

05 noviembre, 2002

Noche de difuntos

Es noche de difuntos y hoy, en la costa de la muerte, se cuentan historias junto al fuego. Sólo los locos desafiarían la niebla espesa de la noche abandonando el calor y el olor a queimada de la taberna. De la densa oscuridad del exterior surge una mujer que entra en silencio y se sienta cerca de la chimenea. Les cuenta que ella ya había estado allí, cientos de años atrás, cuando gobernaba un barco de marineros locos. Se la escucha en silencio temeroso, y el terror crece al ver hombres en las ventanas, y las espadas, y las hachas.

04 noviembre, 2002

Vida en pareja

Ella se levanta antes, para ir a trabajar. Él se hace el dormido, y espera a oír la puerta del piso cerrándose para abrirle los armarios y revolver sus cosas y papeles. Tacha nombres de hombres en cartas ya amarillas. Rasga sus medias negras y tira a la basura uno de sus pendientes azules. En el armario, le mancha algunas prendas de tinta y de aceite, y descose costuras, y se nubla su vista. Antes de salir, en un bolsillo del abrigo azul de su mujer deja un trozo de pan mascado, y en el otro una hoja de afeitar.

31 octubre, 2002

Cambiarme la memoria

Quiero comprarme una memoria nueva, recordar lugares en donde nunca he estado, rememorar tus besos, y las sonrisas que nunca me ofreciste. Quiero recuerdos que borren mis memorias antiguas, que sustituyan esos momentos huecos, de aire helado, de atardeceres solo. Quiero esta noche cambiar esta realidad turbia en la que fuimos cayendo por tu culpa, tu desamor, tu indiferencia. Cuando ya tenga la memoria nueva, todo será distinto, más bonito, te recordaré fiel y amantísima, y aunque no pueda devolverte a la vida, ya no sabré jamás cuanto he llegado a odiarte, ni recordaré que fui yo quien te mató.

30 octubre, 2002

Retenidos

Nos obligaron a permanecer sentados, advitiéndonos de las duras consecuencias de movernos o hablar con alguien. Las puertas de la sala estaban bloqueadas, y ellos se paseaban entre nosotros para controlarnos. Yo temblaba, sin poder enfocar los ojos y la mente en aquel papel con sus exigencias que nos habían puesto delante. Cuando vi que el más alto pasaba de largo y se alejaba de espaldas, aproveché el momento para mirar fugazmente a los demás. Algunos lloraban, otros, refugiados en el papel, se esforzaban por hallar sentido a la situación. Dominando mis emociones, empecé el examen por la segunda pregunta.

29 octubre, 2002

Amén

Y está escrito que llegará el día en que los razonables empezarán a hartarse, y arremeterán contra aquellos que dijeren sandeces y disparates en la plaza para cazar incautos, y les correrán a gorrazos con júbilo. No habrá piedad ni perdón para el que hablare de dioses, y de círculos en el trigo, y de carros de fuego en el cielo. Y las cuarenta plagas esperarán en fila ante la puerta de tanto botarate, sin que haya en la tierra cobijo para los que tuerzan la verdad y la maltraten, y entonces será el llanto y el rechinar de dientes.

28 octubre, 2002

Ficciones tan reales

Enloqueció, y quiso creer que todo cuanto escribía sucedía en algún lugar, que los monstruos que creaba se hacían reales en sitios lejanos, en mundos tal vez que no son éste. Creyó que si contaba historias de miedo, los horrores llenarían los días de los otros, y para evitarlo intentó escribir versos de amor, historias de buen rollo cargadas de sentimientos puros y buenas intenciones, pero las letras le fluían repletas de ambientes tenebrosos, de soledades terribles, de absurdos pegajosos y tristes. Dejó así poco a poco de escribir, hasta que dejaron de suceder cosas y el mundo se detuvo.

24 octubre, 2002

Inspectores de familia

Los inspectores municipales del Servicio de Familias llegaron a casa mientras estábamos cenando. Exigieron ver los informes de los últimos meses, con los datos detallados de a qué habíamos dedicado cada hora, cada minuto. El más alto nos recriminó que salíamos poco y, tras examinar la despensa, que tuviéramos tan pocas frutas y legumbres, que previenen el cáncer. Les parecieron fatal las habitaciones de los niños, pues el color con que habíamos pintado las paredes no era el estándar para aquel distrito. A mí me esposaron, pero mi mujer pudo quedarse con los niños hasta que llegó la asistente social.

23 octubre, 2002

Corte de pelo

De pequeño me hacían ir al barbero a cortarme el pelo. Sentado en la silla, inmovilizado con un inmenso manto azul, le sentía trastear con las tijeras junto a mi cara, realizar movimientos y cortes rápidos cerca de mi cuello, de mis orejas. Mientras pontificaba sobre fútbol, yo le miraba por el espejo que tenía al frente, le veía gesticular y hacer aspavientos, sin dejar de dar tijeretazos. Cuando cogía la navaja para retocar mi nuca, yo cerraba los ojos con fuerza, intentando no pensar que podía volverse loco justo entonces, cuando la navaja pasaba tan cerca de mi yugular.

21 octubre, 2002

Metamorfosis religiosa

Cuando se despertó, Jordi C. se había convertido en católico. Él, que hasta entonces había sido ateo militante y considerado las religiones como mitologías irracionales que lastran el progreso, había sido bendecido en sueños por el Espíritu Santo u otro pájaro similar, y sentía ahora el deseo irrefrenable de ir a misa, reprimirse los pensamientos impuros y creer en la infalibilidad papal. Sus familiares, preocupados de verle todo el día con el rosario arriba y abajo, intentaron devolverle su escepticismo original mediante la magia negra, pero a la que un vidente se le acercaba, Dios lo fulminaba con un rayo.

18 octubre, 2002

Dignidad

Me llamaron de Hollywood porque querían hacer una película con uno de mis cuentos de cien palabras, así que me compraban los derechos por una millonada. Estaban pensando en grandes estrellas como protagonistas, y una fuerte campaña mundial de marketing. Yo acepté encantado, y mientras mi mujer ya estaba pensando en ir a vivir a Beverley Hills, me volvieron a llamar. No habían recordado comentarme que debía hacer algunos cambios en la historia: no les devorarían los cocodrilos, sino que se casarían. Colgué indignado. No renunciaré a mi dignidad creativa por unos pocos millones de dólares. ¿Qué se han creído?.

17 octubre, 2002

Palabras robadas

Dábamos tan por sentado que podíamos hablar, que cuando nos robaron las palabras llegamos a creer que los ladrones tenían razón, que la culpa era nuestra. Nuestras ideas raras, nuestras opiniones peligrosas, nuestras dudas, eran lujos que la sociedad no podía permitirse en medio de la lucha, del fragor de la batalla. Ellos alzaron sus banderas y construyeron cuentos terribles con nuestras palabras, para luchar contra los relatos abominables del enemigo, ficción contra ficción, mito contra mito. Los que ya no teníamos ni voz ni símbolos debíamos limitarnos a escuchar a locos vociferantes convirtiendo nuestras ideas en trampas para idiotas.

16 octubre, 2002

Rascacielos

Vivimos en las plantas desiertas del rascacielos, en sus espacios muertos. Por las noches, cuando las oficinas están vacías, rebuscamos entre los papeles para encontrar palabras que alimenten nuestras historias. Los guardias no nos ven, tal vez porque somos rápidos y astutos, tal vez porque estamos muertos. En ocasiones nos reunimos para celebrar el hallazgo de algún dibujo hermoso garabateado en listados azules de contabilidad, o de un papel mojado de lágrimas por palabras que nunca debieron escribirse. Después cantamos versos antiguos, y recordamos con añoranza cuando el edificio era aún un esqueleto de vigas y cemento, antes del accidente.

15 octubre, 2002

Leer la prensa

Cada día lee el periódico buscando mensajes cifrados. Repasa cada texto, analiza las distancias entre las fotografías, busca sentido en los anuncios por palabras, combina los números ganadores de la lotería con las cotizaciones de la bolsa para hallar el mensaje que espera. Hoy ha encontrado una carta al director que incluye dos de las tres palabras clave, y la repasa frenéticamente en busca de la tercera, escondida tal vez entre sinónimos o palabras leídas del revés. Es ya muy tarde cuando desiste, un día más echa al fuego el diario, sabiendo que tal vez esté quemando su última oportunidad.

11 octubre, 2002

Cien palabras o no

Acabado el cuento, contó las palabras: cien, ni más ni menos. Satisfecho, lo publicó en Internet, pero pronto recibió un correo muy atento comunicándole que su última microhistoria no tenía 100 sino 103 palabras. Aunque creía haberlas contado bien, lo repitió: el lector tenía razón, pero no eran 103 sino 97 las palabras. Le añadió las tres que faltaban y, por si acaso, repitió la suma: 107. Extrañado, le pidió a su mujer que las contara: 101. La función de contar palabras de su Word daba para el cuento números negativos. Al final se hartó, y lo dejó tal cual.

10 octubre, 2002

Cámaras

En mi escalera de vecinos se decidió instalar cámaras en la entrada para descubrir quiénes tiran papeles o dan patadas a las paredes. Castigados los culpables y probada la eficacia del sistema, se acordó poner otras en la terraza para ver quién ensucia la ropa tendida de los demás, y en las escaleras, para que nadie se empuje ni insulte al cruzarse. Hoy hay reunión extraordinaria para decidir si ponemos cámaras dentro de los pisos, para evitar malos tratos domésticos o respuestas inadecuadas a las preguntas de los hijos. Yo, con tal de salir en la tele, votaré que sí.

08 octubre, 2002

Las últimas campanas

Sólo quedará ella para oír sonar las campanas cuando toquen a muerto los fantasmas. Primero no habrá flores, y cesarán los cantos. Luego morirán niños o huirán hacia un bosque donde habitan más miedos. Algunos lucharán por mantener erguidas las últimas casas, unidos contra el fuego y la ceniza amarga. Otros se esconderán, venderán familiares y amigos para salvar la piel, o aprenderán letanías arcanas para que otros horrores acudan a salvarlos. Sólo la mujer joven, expulsada del pueblo por ser bruja, podría contener esa noche las garras y los gritos, pero se quedará, cargada de odio, escuchando las campanas.

07 octubre, 2002

Canonización

En la última reunión de vecinos de la escalera, se propuso canonizar al del tercero, que además de ser el presidente es muy religioso, habla despacio, y se lleva bien con todo el mundo. Los estatutos exigen tres milagros, pero hubo acuerdo en que haber conseguido que los del ático pagaran los recibos valía por dos, así que si contábamos la vez que la abuelita del quinto se cayó escaleras abajo dos pisos sin matarse, la santificación estaba cantada. Era tal la unanimidad, que no hubiera hecho falta que aquellos hombres enormes con gafas oscuras hubieran asistido a la asamblea.

03 octubre, 2002

La mayor de las banderas

El emperador pensó que lo mejor que podía hacer para que sus súbditos fueran felices era izar, en la plaza mayor, la mayor de las banderas. Era tan bonito ver ondear los colores patrios, las bayonetas brillar al sol, respirar el olor a pólvora de las salvas ceremoniales... Los ciudadanos olvidaron cuitas y diferencias y, viendo la gigantesca bandera, se sintieron orgullosos de pertenecer al imperio que la tenía más grande. Donde antes había odio se instaló el amor, el miedo desapareció de los corazones. El emperador, orgulloso y feliz, pensó que también sería bonito soltar ratas entre la gente.

02 octubre, 2002

Búsqueda

Cuando era pequeño recortó una foto de una revista donde aparecía una humilde casa encalada, con las paredes cubiertas de flores, en algún lugar no identificado. Por una de esas compulsiones que animan el espíritu humano, dedicó sus años a buscar aquella casa, a dar con pistas que le permitieran localizarla. Recorrió así muchos países, y mostró la foto, ya amarilla, a cuantos se cruzaban en su camino. Un día alguien le llamó por teléfono para decirle que la había visto. Temeroso de perder lo que daba sentido a su vida, colgó antes de que aquél pudiera decirle su ubicación.

01 octubre, 2002

Bloqueo

No es el simple y habitual bloqueo del escritor. Ponerse ante el papel con la pluma en posición de escribir le desencadena toda una serie de reacciones adversas en el organismo, palpitaciones, nauseas y, por encima de todo, un miedo indefinido pero muy presente. Las primeras palabras surgen fluidas, hasta que empieza a difuminarse el aire, hasta que suenan las paredes, hasta que el suelo parece fundirse bajo sus pies y retumban en su cabeza las voces antiguas. Entonces, al lado de las palabras, dibuja el pentáculo y anota los nombres de todos los demonios, a los que pronto controlará.

28 septiembre, 2002

Las reglas del juego

El juego consiste en averiguar las reglas que lo rigen. Los jugadores vagan en grupo durante días por las calles, hasta que alguien aparece de repente, rodeado de cámaras y micrófonos, y agrede a uno de ellos, y da dinero a otro, y a un tercero le escupe y le dice palabras bonitas. Cuando se han ido los gritos y los focos los jugadores se miran con recelo y buscan una señal que de pistas del orden. El que tiene el dinero empieza a tener miedo, aunque no sabe si las reglas lo permiten. Después, mientras estén durmiendo, algunos morirán.

27 septiembre, 2002

Shock

Desperté tumbado en el suelo de la cafetería, bañado en sangre que creía mía pese a no sentir dolor. Luego vi los cuerpos tendidos, los impactos de bala. Me incorporé despacio, confundido, y vi que los clientes y los camareros estaban muertos, y el miedo y el asco se mezclaron con la alegría de pensar que yo me había salvado, echado bajo la mesa, donde me habrían dado por muerto. Absorto en el horror, aturdido, oía las sirenas cada vez más cerca, preguntándome quién podía hacer una cosa así, hasta que me percaté de que aun llevaba colgado el subfusil.

26 septiembre, 2002

Puerta cerrada

Papá siempre nos dice a mi hermana y a mi que podemos jugar por toda la casa, pero que nunca nos acerquemos a la última habitación del pasillo de arriba, y un día se puso furioso, me pegó porque me vio con la oreja pegada a la puerta, pero cuando mi papá duerme recorremos despacio el pasillo y nos agachamos para ver la luz, y esperamos a que se oiga otra vez esa voz rara que susurra, que nos recuerda a la de mamá, pero no puede ser mamá porque papá nos dijo que Dios se la llevó al cielo.

25 septiembre, 2002

Novela perdida

Cuando acabó la novela cometió un error informático y perdió el fichero que la contenía. Desesperado, sin copias de seguridad, intentó recuperar la información rebuscando inútilmente en las entrañas del ordenador. Al darse cuenta de que el daño era irreparable, sintió que le habían robado todo el tiempo que dedicó a crearla. Tardó mucho en sobreponerse, pensaba que nunca volvería a escribir, pero los fantasmas de su novela inexistente le llenaban las noches de sueños turbios, así que finalmente decidió rehacerla. Ahora los personajes eran más amargos, más cínicos y desesperados, y la amante del protagonista no sobrevivía al accidente.

24 septiembre, 2002

Invitación al zoo

Tenía una invitación para un acto en el zoo, donde no iba desde pequeño. Al entrar le indicaron el lugar sobre un plano. Localizó la puerta de acceso y se extrañó de ver el interior tan oscuro. Se trataría, supuso, de algún acuario, o de aves nocturnas. Siguió por el pasillo, abrió la puerta del fondo, y cuando se cerró tras de sí vio por fin las rejas, y la gente al otro lado, riéndose de él y tirándole cacahuetes. No llegó a comprender que era el invitado de excepción del martes, cuando dejan entrar a ver comer al tigre.

20 septiembre, 2002

Virtualidad real

Llevaban algo más de un año casados cuando recibieron una carta del Ayuntamiento en la que se les comunicaba que uno de los dos no era real. Les invitaban a pasarse por el laboratorio municipal de su barrio donde, tras una breve comprobación, les indicarían quién era auténtico y quién una ficción virtual. Dudaron sobre si acudir o dejar que su amor continuara más allá de tecnicismos. Pero, movidos por el civismo y el miedo a la desobediencia, se sometieron a las pruebas. Hoy uno de ellos vive solo, y el otro está cautivo digitalmente en un disco de ordenador.

19 septiembre, 2002

Localización por satelite

Me compré un sistema de posicionamiento por satélite, un GPS de andar por casa, para estar constantemente localizable. Mi mujer, conectándose a Internet desde el salón, puede saber si estoy en la cocina, en el balcón, o acercándome por el pasillo. También puede mandarme entonces un mensaje al móvil, con mis coordenadas, para que yo mismo sepa dónde estoy en ese momento. Por la noche ella discute sobre la utilidad de las nuevas tecnologías, y tengo que recordarle aquella vez en que tardó varios días en descubrirme oculto dentro de un armario empotrado, mientras que ahora lo haría en minutos.

18 septiembre, 2002

La estación

Hacía años que por aquellas vías no circulaba el ferrocarril, pero la gente del pueblo seguía acudiendo a la estación, cargados de maletas e ilusiones, esperando en vano durante horas o días, hasta que el hastío y la necesidad les hacían volver a sus casas, avergonzados de sí mismos por su infantil esperanza. Un día la gente del pueblo asumió la realidad, y se armaron de picos y palancas para derribar la estación. Esa noche el pueblo enloqueció, y todos festejaron el derribo sobre los escombros y los raíles retorcidos. Mientras el alcalde leía un discurso oyeron acercarse el tren.

17 septiembre, 2002

Nuestro enemigo el panadero

La reunión de vecinos se convocó de urgencia para mostrarnos que el panadero era nuestro enemigo. Dijeron que su sonrisa afable ocultaba un monstruo; que, si quería, podía envenenar los pasteles de cumpleaños y los bombones que se regalan los enamorados, un horror al que ningún vecino quería arriesgarse. Él no asistió a la reunión, pero quienes intentaron defenderlo o pidieron ver las pruebas tuvieron que salir entre abucheos y algún golpe. Restablecido el consenso, nos describieron crudamente cuanto tarda en morir un niño envenenado, y mientras crecía en nosotros el miedo y la rabia, empezaron a repartir las hoces.

16 septiembre, 2002

Despertar

Se siente descansado, tanto tiempo dormido tras el accidente que recuerda nada más despertar, imágenes de hierro y humo, el golpe y el olvido, tres años desaparecidos respirando por tubos y motores, sin que los médicos pensaran jamás que fuera posible aquella resurrección, nunca pudieron imaginar que tras quitar las máquinas y mostrar líneas planas sus constantes vitales, consiguiera revivir, y por eso certificaron su muerte, por eso él ahora se da un golpe en la cabeza al incorporarse, y entiende que todo esté tan oscuro y el aire sea denso, comprende que ha despertado tarde, tan hondo, tan abajo.

12 septiembre, 2002

La planta

Compró la planta porque le gustó su tronco grueso y retorcido, sus flores negras, y porque nunca había visto una igual. La puso en el salón. Esa misma noche, mientras dormía, empezaron a salir los gusanos, pequeños e incontables, por las grietas del tallo. Por la mañana, al levantarse, no percibió nada extraño, pues estaban ocultos bajo armarios o en las rendijas que quedan entre los muebles. Mientras estaba en la oficina, fueron muriendo por todos los rincones de la casa, semillas ahora de otras plantas o insectos o seres aun sin nombre donde crecerían más gusanos, pequeños e incontables.

11 septiembre, 2002

Consejos paranormales

Una vidente me aseguró, tras examinarme el aura, que en mi casa habitaban monstruos. Sin darme más detalles, me quiso vender unas velas para ahuyentarlos, hechas con cera y alas de mosca. Obviamente hice caso omiso de sus consejos, y volví a casa dispuesto a descubrir por mi mismo a los presuntos monstruos. Yo no creo en presencias espectrales, y en mi piso, lo comprobé bien, no había nadie más. Así que aquella bruja debía referirse a las cucarachas que, aunque de considerable tamaño y movilidad, viven conmigo en tranquila armonía, y así seguirá siendo pese a la magia negra.

10 septiembre, 2002

Cuento cifrado

Este cuento contiene un mensaje cifrado, aunque en apariencia repite la eterna historia de guerras, viajes y búsquedas. Un soldado huye de su ciudad cuando está a punto de caer en manos enemigas. Desde la segura lejanía, ve arder la ciudad, y oye gritos de mujeres que no han podido irse. Se da cuenta entonces de que esos gritos y esas llamas lo perseguirán siempre. Para olvidarlas, busca en las tabernas vinos fuertes y mujeres fáciles. Un día encuentra a un anciano al que no reconoce, aunque es él mismo. El viejo le da este cuento para que lo descifre.

07 septiembre, 2002

Mal negocio

Vendió su alma al diablo a cambio de cuatro baratijas, y cuando se dio cuenta del mal negocio que había hecho fue a reclamarla, pues le habían asegurado que tenía 15 días de plazo si no quedaba satisfecho con la transacción. En las oficinas le pidieron el recibo, y él tuvo que explicarles que se trataba de un contrato oral, sin papeles de por medio. Sin recibo, le dijeron tras escucharle, no hay devolución. Desanimado, nunca mejor dicho, pidió la hoja de reclamaciones y se despachó a gusto. Al salir a la calle, sintió el impulso de matar a alguien.

06 septiembre, 2002

Niebla

Es la ciudad más contaminada. La gente sale a la calle con lamparillas, para no chocar unos con otros entre la densa oscuridad. Ya no hay escaparates en las tiendas, pues nadie puede verlos. Los coches vagan perdidos, proclamando su desolación a bocinazos, motores fantasmales en un laberinto de asfalto y hierro, oculto entre la niebla de carbón y alquitrán. Muchos se pierden en el humo espeso, y se cuenta que vagan eternamente por calles lóbregas. Los niños, sin embargo, se mueven entre las tinieblas con naturalidad, juegan en los parques, y por las risas saben donde están los demás.

04 septiembre, 2002

Máquina de bebidas

Desde que han instalado la nueva máquina de bebidas, la gente de mi oficina está muy contenta. Era una reivindicación antigua, tener un espacio donde poder sacar un café o un té mientras uno se toma un pequeño receso del trabajo. Sin embargo, creo que tanta alegría no es normal: han dejado de criticar las decisiones de los jefes, hacen horas extras sin que se las paguen, y asumen los objetivos estratégicos de la empresa con entusiasmo, aun cuando éstos sean disparates irrealizables. Por si acaso, he decidido no usar la máquina, e intentaré descubrir qué le añaden al café.

03 septiembre, 2002

Juegos infantiles

Encontró a las niñas cuando ya llevaba rato perdido. Un atajo mal elegido y un pinchazo inoportuno le habían dejado desorientado y confuso en medio de una carretera medio abandonada. Tiempo atrás habían circulado por allí camiones que conducían a la antigua mina de carbón. La vegetación era densa y oscura a causa del polvo y del hollín. Se extraño de que las niñas jugaran solas en el bosque, y a esa hora. Les preguntó amablemente por un teléfono desde donde llamar, pero ellas prefirieron quedarse jugando con él, a atarlo, a pincharlo, a esconderlo para que nadie lo encontrara.

01 septiembre, 2002

Muerte en el balcón

Una paloma fue a morir a su balcón. La descubrió de noche, y aunque sabía que no había motivo para el miedo, la presencia de la muerte en su terraza le producía un desasosiego del que no podía liberarse. Intentó ahuyentarla, pero no se movía del rincón, agitando apenas la cabeza ante sus vanos esfuerzos por asustarla. Cerró entonces el balcón, y echó las cortinas. Mañana recogería su cuerpo inerte para echarlo a la basura, eso era todo, podía ir a dormir tranquilo. Apartó las cortinas una vez más. La paloma, con los ojos cerrados, aun temblaba. Dentro, él también.