Seguridad
Le obsesiona la seguridad: hizo cambiar puertas y ventanas de su casa, la llenó de rejas, y rodeó su patio con altísimas vallas y alambre de espinas. Compró perros de presa, hizo instalar alarmas, y dotó su vivienda de sensores, trampas y cámaras espía. Por las noches, en el salón, intenta leer, pero necesita controlar en los monitores que todo sigue bien. En ocasiones tiene el sentimiento vago de que el peligro habita ya en la casa, y registra entonces armarios y alcobas. Con el revolver en la mano, vigilando ante la puerta, ahoga en alcohol las ganas de suicidarse.
Éstos son mis cuentos de Cien Palabras.
Ocupan eso, 100 palabras exactas, sin contar el título.
Leed uno.
Despues otro.
Despacio, sin prisa.
Hay muchos, centenares de ellos.
Para sonreir, para reflexionar, para estremecerse...
Teneis tiempo, volved cuando querais.
11 abril, 2002
El jardín
Su mujer ya no está con él, y por eso se refugia de la tristeza trabajando en el jardín trasero de su casa, que antes siempre había descuidado y que está lleno de matojos y malas hierbas. Planta césped, limoneros, y flores cuyo nombre desconoce. Pasa todo momento libre en el jardín, regando, podando y trasplantando. Y sin poder dejar de pensar en ella. Pese al esfuerzo y al trabajo de remover y cavar, ni el sueño ni la vigilia le permiten olvidar su rostro, su mirada, sus burlas y desprecio, recuerdos hirientes que no pueden enterrarse en el jardín.
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Jordi Cebrián
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09 abril, 2002
Nada por descontado
Pensábamos que nos habían dejado sólos, que podíamos salir por las tardes a pasear de nuevo por los jardines de ayer. Creíamos, tal vez, que por ver otra vez las flores en las calles habíamos de sentirnos libres. Pero ayer soltaron otra vez a los perros, y vuelven a ordenarnos la sonrisa y los cantos. En poco tiempo nuestros amigos negarán la luz de ayer, y colgarán retratos en sus casas, y volverán a creer en himnos, patrias y banderas. Y cuando nos besemos en la calle, lo haremos mirando de reojo, y también en lo prohibido sabremos encontrar placer.
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Jordi Cebrián
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08 abril, 2002
Cerebro digital
Tras pensar mucho, di con un metodo eficaz para traspasar la información de mi cerebro a formato digital; no sólo la memoria, sino también mis deseos, motivaciones, miedos y modelos de razonamiento. Así pues, me enchufé unos electrodos y traspasé la información al disco duro de mi ordenador. De inmediato sentí un extraño desdoblamiento de personalidad, y un mareo sólo explicable por la rotación del disco duro. Antes de tener tiempo de hacer una copia de seguridad de mi mismo, se coló un virus en mi ordenador, y ahora yo, cada viernes 13, olvido todo lo aprendido hasta la fecha.
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Jordi Cebrián
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Tareas comunitarias
En la última asamblea de la escalera de vecinos, me tocó hacerme cargo de los calabozos de la comunidad. Llevaba poco en el piso, así que el presidente me acompañó y se ofreció a explicármelo. Se llegaba a través de una puerta metálica, tras recorrer un breve pasillo. El olor era desagradable y el presidente me explicó que llevaba unos días sin pasarse la manguera. Lo hice en cuanto se fue, y repartí la comida, ya fría, que había preparado la del tercero. Parecían resignados, excepto una chica que lloraba. Cuando acabé, les dije buenas noches y cerré la luz.
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Jordi Cebrián
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05 abril, 2002
Privacidad
Fui a ver al director del banco para pedir una hipoteca. Mientras hablábamos le llamaron y tuvo que salir un momento, así que aproveché para echar un vistazo a su ordenador. Allí tenía todos mi datos: mi sueldo, mis compras con tarjeta, el estado de mis cuentas... Constaba allí también una descripción de cómo eran mis relaciones con mi mujer, con mis padres, con mi jefe... Pude leer en mi ficha los nombres de las novias que tuve y una lista de mis anhelos frustrados. Decidí rebelarme contra aquello, y cambié los datos de mi estatura para parecer más alto.
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Jordi Cebrián
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03 abril, 2002
El cable amarillo
Aquella tarde estaba viendo el futbol, tan tranquilo, en el salón de su casa, cuando se percató de un cable amarillo que pasaba bajo el mueble de la tele. Se agachó para verlo de cerca: no era del televisor. Siguió el cable por el piso, vió que salía por una ventana hacia el patio de luces. Subió al tejado, y lo fue siguiendo, de terraza en terraza. Tras un gran recorrido, el cable descendía por la fachada. Se atrevió a bajar, agarrado a una tubería. Entró por una ventana, siguiendo el cable amarillo, y se encontró de nuevo en casa.
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Jordi Cebrián
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30 marzo, 2002
El parque del laberinto
El parque, en primavera, es una explosión de flores y vida. Llevo años cuidando los jardines, y aun me embriaga este olor. Los domingos como hoy, todo se llena de gente: parejas de enamorados, familias con niños, abuelos paseando su aburrimiento. Muchos entran al laberinto central, un ovillo enmarañado de setos formando pasillos, intersecciones y caminos cortados, desde donde resuenan siempre risas y gritos. Yo, además de cuidar las flores, regar parterres y limpiarlo todo, soy el encargado también de buscar a quienes se pierden dentro, y siempre acabo encontrándoles, aun cuando ya lleven días y no puedan salir solos.
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Jordi Cebrián
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28 marzo, 2002
Fin de los viejos dioses
Cuando las iglesias en ruinas aún humeen, y los antiguos dioses yazcan apaleados en callejones sucios, no faltarán quienes ya quieran alzar altares nuevos y ofrecer otra vez en sacrificio placeres y energías. Serán otras voces, otras liturgias. Y habrá quienes escriban canciones que abran el corazón y nublen la mente, y quienes coreen, y quienes sepan explicar los nuevos mitos y nos los sepan vender como reales. Volverán entonces los mártires, es cierto, pero también regresarán esperanzas y milagros, y el caos lo será menos, y no estaremos solos cuando la noche caiga y el viento helado amenace peligros.
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Jordi Cebrián
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La tuerca
Encontró la tuerca en el suelo, durante la revisión rutinaria. La examinó sin reconocer el modelo, y buscó infructuosamente de donde podía haber caído. Mostró la tuerca a sus compañeros, que andaban enfrascados revisando juntas y apretando válvulas, pero no le prestaron atención, y le sugirieron cosas que podía hacer con ella. Obstinado, fue a ver al supervisor, persona metódica y responsable, que consultó en el ordenador central la función de la pieza. Por desgracia, la consulta centralizada estaba desactivada por mantenimiento. Mientras esperaban volver a conectarse, empezaron a oírse ruidos metálicos por todo el complejo, que empezaba a desplomarse.
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Jordi Cebrián
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26 marzo, 2002
Pesadillas
Yo nunca había tenido problemas de sueño. Todo empezó cuando no quise dar dinero a la rumana que me limpió el parabrisas en un semáforo. Mientras me alejaba, me grito algo que no entendí, pero que adiviné lleno de rabia. Esa noche, y cada noche después de aquella, mis sueños se llenaron de serpientes y seres deformes. Un mes después volví al semáforo, seguro de no encontrarla, pero estaba allí. Dejé que limpiara el parabrisas y le di dos monedas. Me sonrió, asintiendo con comprensión. Luego le di dos más y le susurré al oído el nombre de una persona.
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Jordi Cebrián
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25 marzo, 2002
Misterio en la biblioteca
Está en algunas páginas de algunos libros de la biblioteca, siempre en el extremo superior derecho, un pequeño bichito caligrafiado en tinta verde. Y en la misma página, una sola palabra subrayada. La bibliotecaria que lo descubrió halló que el signo estaba incluso en volúmenes antiquísimos, nunca prestados. Desde entonces, recorre metódicamente estanterías sin fin, recopila las palabras en una lista que no deja de crecer, y las combina creando ilusiones y esperanzas. Como sabe que su trabajo está condenado a ser incompleto, cuando necesita una palabra, la subraya en un libro y dibuja con su pluma un bichito verde.
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Jordi Cebrián
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22 marzo, 2002
Conspiración
La conspiración lo abarcaba todo, y él conocía cada ramificación, cada influencia. Le llevó meses de investigación por Internet descubrir todas las conexiones y las sutiles redes de control que la conspiración tendía en cada centro de poder. No había decisión que se tomara, ya fuera en la Casa Blanca o en el Gremio de Taxistas, que no respondiera a un motivo oculto, a un propósito último conocido por muy pocos. Le faltaba sólo una pieza para completar el rompecabezas: la persona que manejaba todos los hilos. Hasta que un día, revolviendo los cajones de su mujer, halló la respuesta.
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Jordi Cebrián
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21 marzo, 2002
El criptólogo
Aquel texto cifrado se le resiste. Es experto en criptografía, lingüística y estructuralismo. Ha reventado más claves secretas de las que puede recordar, y sabe combinar intuición y tecnología informática. Pero, tras años de trabajo infructuoso, aquél código se revela más duro que ningún otro. Mentiras que son verdades y certezas vestidas de engaño; metáforas de metáforas; numerología... Todo se combina así para confundir y marear. En ocasiones piensa con temor que tal vez allí no haya nada, pero rechaza la idea de inmediato, y sigue analizando el largo texto: "...el ángel de Yahvé llamó desde lo alto a Abraham..."
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Jordi Cebrián
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19 marzo, 2002
Experiencias vivenciales
Recibió una invitación para realizar un curso de etnopsicología aplicada a reestructurar las reverberaciones cognitivas. La tontería era atrayente: pasar un fin de semana en una torre de la montaña, haciendo ejercicios de respiración, comiendo vegetariano, y escuchando disertar sobre experiencias estructurantes y hologénicas, lo que fuera que fuese aquello. La tarde del sábado ya estaban todos medio hipnotizados y con regresiones a la infancia. El domingo por la mañana recitaron mantras y por la tarde la profesora, en plena catarsis liberadora, les confesó entre lágrimas su homosexualidad. Saturado, decidió que el próximo fin de semana lo pasaría en casa.
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Jordi Cebrián
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Cápsula de salvamento
El posicionador de emergencia emitía correctamente, así que la patrulla espacial más cercana vendría pronto en su busca. La cápsula, sin propulsión, tenía oxígeno y provisiones para algunos días: sólo debía relajarse y esperar. Mientras dormitaba oyó unos lamentos, y se le disparó la adrenalina y el terror. Por instinto, contuvo la respiración y percibió de nuevo unas quejas ahogadas. Locura del espacio, pensó. Durante dos horas hubo silencio, y entonces oyó que susurraban a su oído el nombre de un dios antiguo. Le inundó su poder y su vacío, y recibió ordenes horribles para cuando regresara a su planeta.
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Jordi Cebrián
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18 marzo, 2002
Ars longa, vita brevis
¿Cuántos cuentos caben en cien palabras? El anciano llevaba escritos miles, y siempre que acababa uno nuevo, anhelaba que ese cuento ya estuviera creado, y se lanzaba compulsivo a buscarlo entre los anteriores, hasta que lo dejaba, cansado e intranquilo, y se ponía a escribir otro. Con frenética creatividad, buscaba cada día completar el círculo, el momento en que el nuevo cuento fuera de nuevo el primero, el momento en que todo esté dicho, cuando en cien palabras ya no quepan más temores ni horrores que los ya contados, ni más historias ni mentiras que las que ya ha escrito.
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Jordi Cebrián
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15 marzo, 2002
Como en otra oficina
En la oficina atendemos al público todo el día. Mi sección se encarga de recoger los papeles, comprobar que estén en regla y dar las primeras instrucciones. Ninguno de los que llegan sabe realmente de qué se trata, y vienen ilusionados, con las dos fotos y los impresos bien rellenados, por lo que nos limitamos a decirles que esperen. Cuando les llaman, uno a uno, atraviesan confiados la puerta gris. En ocasiones alguno de mis compañeros confiesa sentirse apenado por ellos; son dudas lógicas, no seríamos humanos si no nos las planteáramos, pero nuestro deber sólo es comprobar los papeles.
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Jordi Cebrián
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14 marzo, 2002
Ritos báquicos
Llegaba Helios al final de su viaje, cuando empezaron a oírse las risas y los cantos. Era Dionisos, el dios alegre, seguido de una legión de bacantes y sátiros, encabezados por su fiel Sileno. Era el momento de la celebración, del exceso orgiástico, de la embriaguez liberadora. Crecían las risas, aumentaban las canciones, corría el vino y la hidromiel. Había gritos, carcajadas y excesos. Cuando llegó la policía municipal, avisada por los vecinos, aplicaron la ley antibotellón y requisaron las bebidas alcohólicas. Las bacantes y los sátiros salieron por pies. Dionisos y Sileno fueron detenidos por resistencia a la autoridad.
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Jordi Cebrián
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13 marzo, 2002
Mi ángel de la guarda
Me está preocupando últimamente el comportamiento de mi ángel de la guarda. Hasta hace unas semanas actuaba con eficacia y discreción. Yo me sentía protegido, pero no notaba su presencia. Ahora en cambio le noto hiperactivo, y con afán de protagonismo. Peor aun: insiste en protegerme también psicológicamente, y me aconseja a todas horas que elimine mis zonas erróneas y potencie mi asertividad. Y se ha esfumado su habitual discreción. Ayer, sin ir más lejos, dos tipos quisieron atracarme, y antes de darme tiempo a solucionar solo el problema, arremetió contra ellos con una espada flamígera y los fulminó allí mismo.
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Jordi Cebrián
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12 marzo, 2002
Tener poder
Puedo inventarme un hombre, desear que desee, hacer latir su soledad en frases breves. Puedo hacerle recorrer, cada noche, las plazas y jardines de una ciudad dormida, buscando a una mujer de la que sólo recuerda su mirar lejano y sus besos de agua. Puedo hacer que con el tiempo se desvanezca el recuerdo, que cada noche duela un poco menos cada búsqueda inútil. Puedo hacer que envejezca persiguiendo la sombra de un recuerdo que ya no sabe si fue real. Pero, en vez de eso, le haré volver a casa, para encontrarla esperándole en la cama con una sonrisa.
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Jordi Cebrián
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11 marzo, 2002
Historias que quiero contaros
Me gustaría contaros la historia de Almar, un marinero tuerto (perdió un ojo en una apuesta) que viaja con su barca por los puertos más peligrosos del mundo, haciendo contrabando con cualquier cosa que proporcione dinero. Y la historia de Minea, hija de piratas, que una vez quiso a Almar, pero ahora le persigue para matarle. Os explicaría por qué le odia sin dejar de amarle, y el porqué del tatuaje rojo. Me gustaría explicaros cómo se encontraron, y los malentendidos que produjeron muertes. Quisiera contaros todo eso, y todas sus aventuras juntos, pero se me acaban las cien palabras.
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Jordi Cebrián
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08 marzo, 2002
Riesgos de las antenas
Se habían dejado instalar la antena en la terraza colectiva, porque entonces aun no se hablaba de sus peligros potenciales. Los efectos no tardaron en notarse. La pareja del segundo, que era la comidilla del barrio por lo enamorados que se les veía, andan ahora todo el día tirándose los trastos a la cabeza. Se conocen ahora amores prohibidos de la del quinto. La hija del vecino del ático, que antes parecía buena chica, se empastilla el fin de semana, y su hermano, que antes cantaba en un coro, tiene aficiones botellónicas. La ministra de sanidad ha prometido una investigación.
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07 marzo, 2002
Estigia
Hacía mucho que vagaba perdido por ese paisaje en neblinas, sin recordar cómo había llegado allí. El aire era denso, y se sentía mareado. Vió entonces no muy lejos la orilla de un río. Fue hacia él y contempló con una lejana sensación de angustia sus aguas lentas y densas. Muy lejos, la oscuridad de la otra orilla. Oyó entonces un motor, y vió acercarse una pequeña barquita de madera, pilotada por un joven. Le hizo señas, y la embarcación se acercó a la orilla. "¿Puedes llevarme al otro lado?", le preguntó. "He venido para eso", le contestó Caronte sonriendo.
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Jordi Cebrián
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06 marzo, 2002
Siempre
Siempre habrá el hijo de un herrero, y un pueblo de gente muy tranquila y valiente al que llega del bosque algún mal muy oscuro y terrible. Siempre habrá un hacha o una espada que antaño bebió sangre de monstruos o dragones. Y un joven que la empuñe, que tenga que partir y convertirse en héroe sin quererlo. Habrá siempre una búsqueda plagada de encuentros, peligros y temores. Y una inocencia que se pierde, la sangre derramada volviendo al niño hombre. Y un terrible final, donde aunque el mal perece, la tierra de algún modo se ha roto para siempre.
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Jordi Cebrián
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05 marzo, 2002
Muerte de la antigua edad
Nos trasladamos aquí tras abandonar los antiguos libros. Eramos víctimas de sueños y prisioneros de quimeras, pero cuando los dioses nos dejaron, supimos construirnos nuestros propios refugios, y llenar las vacías bibliotecas con mitos nuevos y leyendas de un pasado que volvíamos a inventar. Ahora llegan de nuevo horas de sangre y muerte: habremos de aplacar las peticiones llenando de vírgenes los templos y alzando cánticos sacrificiales. Algunos compañeros temen que nuestro nuevo dios sea tal vez más cruel y más terrible. Un dios que arranque almas y quiebre voluntades. Un dios sin nombre ni pasado, que quemará el futuro.
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Jordi Cebrián
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04 marzo, 2002
Sin nostalgia
Ya sólo queda ella en todo el bloque de viviendas. En su calle, que hace unos años hervía de gente día y noche, no pasaban hoy más que cientos de gatos sobrealimentados. El día tiene esa oscuridad grisácea que caracteriza la ciudad desde la gran explosión y que tardará años en desaparecer. Mira por la ventana sin nostalgia, y sus ojos se detienen en el enorme esqueleto descompuesto de lo que antes había sido un gran centro comercial. Allí había comprado el ordenador y la mayoría de componentes. Y como tenía buenos contactos, tampoco le había costado demasiado encontrar plutonio.
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Jordi Cebrián
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01 marzo, 2002
Mensajes en botellas
Lanzó más de un centenar de mensajes en botellas. En cada uno escribía el sueño de esa noche, o un anhelo cristalizado en palabras. Entonces se sentó a esperar, jugando con la arena, sintiendo que las gaviotas se burlaban de él desde lo alto. Y hubo noches, y hubo días. Alguna vez recuperó alguna botella, vacía, sin contestación. En una ocasión, desesperanzado ya, nadó hacía un reflejo del mar creyendo que le habían devuelto una de sus misivas: descubrió que en la botella sólo estaban sus palabras. Así que se contestó a si mismo, y lanzó la respuesta al mar.
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Jordi Cebrián
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28 febrero, 2002
Misión
Me asignaron una nueva misión a través del circuito E-3, con su indicación intermitente de alta prioridad. En Asignación de Misiones no contestaban, así que dejé el mensaje. A la mañana siguiente recibí un fax con los pormenores de la tarea, pero los códigos no correspondían a los de la preasignación. Sospeché lo peor, y fui a comunicarlo a la oficina de Posibles Infiltraciones. Allí son muy paranoicos: me hicieron análisis de orina y sangre para comprobar mi identidad y que no me drogaba. Luego me agradecieron la colaboración y prometieron estudiarlo. Al salir, me esperaban dos comisarios de Disciplina.
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Jordi Cebrián
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27 febrero, 2002
Un lugar diferente
Un mundo mágico donde los caminos conocidos nos llevarían a lugares extraños, donde las llaves se negarían a abrir puertas que no dieran a bosques o a marismas. Aprenderíamos desde pequeños que el fuego adopta formas de dioses muy antiguos, y sabríamos que cada roca, al partirse, muestra en su interior un corazón aun palpitante. En nuestros salones de colores cambiantes tendríamos esferas de cristal donde asomarnos a mundos más previsibles y estables, donde no hubiera que hablar con precaución a las palomas por miedo a sus venganzas, ni hubiera que marcar a nuestros hijos, al nacer, con tatuajes protectores.
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Jordi Cebrián
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26 febrero, 2002
Peligros de la ciudad (4)
Todo son malos augurios. Desapariciones de obreros que limpiaban las alcantarillas. Tormentas eléctricas sobre la Sagrada Familia. Trabajadores municipales de arqueología atendidos por extrañas quemaduras mientras estudiaban antigüedades halladas en unas obras. El agua llega a las casas de color ocre. Parece como si el corazón mismo de la ciudad hubiera enloquecido. El barrio gótico, bañado de noche con fosforescencias inquietantes, se ha vaciado de gente y poblado de espíritus. Para cortar el mal, el alcalde mandó destruir las tiendas de ocultismo, y las echadoras de cartas fueron encarceladas, y ha anunciado que ya se está debatiendo ofrecer sacrificios.
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Jordi Cebrián
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25 febrero, 2002
Animales mecánicos
El bosque está lleno de animales mecánicos. Los antiguos trajeron los primeros, y se fueron de nuevo a sus estrellas. Ranas con piel de titanio y con polímeros tensoactivos por músculos. Pájaros de plumas doradas y destellos eléctricos. Serpientes, topos y lagartos artificiales. Crecen, depredan, se reproducen, y cuando dejan de funcionar, sus componentes son reutilizados. Adaptan sus diseños, mejoran sus funciones. Cuando hoy te adentras en el bosque, llevas tu repulsor eléctrico para, si te atacan lobos o reptiles biónicos, poder fundir sus circuitos. Caminas, y cuando oyes acercarse los gruñidos metálicos descubres que el repulsor no tiene pilas.
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Jordi Cebrián
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22 febrero, 2002
Sospechas fundadas
Empecé a sospechar de mi marido por su extraño comportamiento nocturno. Me fije entonces en los espejos, cuando él pasaba por delante. Pero hay verdades que son duras de admitir para una esposa enamorada, así que quise asegurarme. Esa noche preparé su cena con una cantidad ínfima de ajo, la suficiente para, sin dañarle, poder descubrir la verdad. Mi marido empezó a comer, y observé atenta y esperanzada. Nada. Ninguna reacción. Así pues, mis sospechas eran ciertas, me había engañado. Por eso tiene tanto sueño por la noche, y se refleja en los espejos: ¡mi marido no es un vampiro!
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Jordi Cebrián
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21 febrero, 2002
Luna cruel
Hoy hay luna cruel, y el peso de mil nubes no la mata,ni aplaca a la bestia que huele sangre y sale. Todo esta allí, en las calles que llevan a otras calles, a plazas solitarias y a mujeres. La penumbra, telaraña densa que acaricia y avanza el terror final. Y al verla, leve y sola, su corazón ve la verdad, y teme. Pero al hombre le hierven hormonas y sangre, el animal se alza, el pasado vence, y sigue andando, firme, hacia donde moran los demonios.
Hoy hay luna cruel, y esta noche en la ciudad, nace la muerte.
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Jordi Cebrián
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19 febrero, 2002
Una puerta abierta
¿Cuánto llevamos aquí?, le dice ella, y él, que jadea como si acabara de llegar corriendo, tampoco lo sabe. Llevamos siempre aquí, le dice, siempre aquí. Y la imagen se hace cierta, el tiempo suspendido, esa sensación de haber estado y seguir estando. La luz es entonces lo único real, una puerta abierta y aquello es fuera, eso es lo único cierto, ellos están dentro y lo demás, todo lo demás, fuera... ¿Les verán si salen? ¿Quíén? Y, ¿por qué esa sensación de terror agazapada en las tripas, ese miedo a salir...? Ella se levanta despacio, y cierra la puerta.
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18 febrero, 2002
Peligros de la ciudad (3)
Si vives en un piso, haz como todos: no pienses nunca que tras las paredes hay espacios vacíos. Los ruidos que oyes por las noches son de tuberías. Lo que parecen golpes, o roces, o arañazos, son los ruidos normales de una casa cuando el sueño es poco y el oído está atento. No hay nada vivo tras las paredes, excepto los insectos normales, y los gusanos, y los nidos de arañas que toda casa tiene. Y si te despiertas angustiado por la noche, perdido en tu miedo, como si algo húmedo te hubiera rozado, recuerda: sólo es una pesadilla.
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Peligros de la ciudad (2)
Si se para el metro entre estaciones y estás solo en el vagón, no mires por las ventanillas hacia la oscuridad del túnel. Sigue leyendo, o fija la mirada en el suelo, o en el mapa de las paradas, con su mensaje tranquilizador de que siguen allí, de que tras la avería llegarás a la siguiente estación, como debe ser. Sobre todo, no acerques la cara al cristal, ni acomodes tu vista a las sombras. Y si lo haces, y ves ojos amarillos, gírate, y deséa que el metro arranque, o que estén ocupados con otro pasajero de otro vagón.
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15 febrero, 2002
GPS
El ayuntamiento decidió colocar un localizador GPS a los difuntos que fueran enterrados en cementerios municipales. La oposición criticó duramente la medida por considerarla un gasto superfluo, pero tuvieron que tragarse sus palabras cuando los ordenadores mostraron que por la noche, si bien la mayoría de puntos permanecían fijos en pantalla sobre el cementerio, algunos abandonaban el lugar y daban vueltas por el barrio, para volver al camposanto antes de salir el sol. La escasa precisión del sistema hizo que fueran detenidos por error un mendigo, una monja y un concejal. Se trabaja ya en una versión mejorada del programa.
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14 febrero, 2002
Escriba electrónico
Como requería demasiado esfuerzo mental escribir cuentos de cien palabras, decidió desarrollar un programa que combinara cien vocablos castellanos al azar, para ver si le salía algo que valiera la pena. El resultado fue patético, con fragmentos como "tira tira torrezno gozne" que ni el más desquiciado de los dadaístas aceptaría como arte. Así que refinó el programa. Clasificó las palabras y las locuciones por campos semánticos, para que no pudieran combinarse palabras de un cierto tipo y primaran, por el contrario, determinadas connotaciones, efectos o sugerencias. Tras seis o siete pruebas infructuosas, el resultado que obtuvo fue este cuento.
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13 febrero, 2002
Botellón
Como prohibieron beber alcohol en la calle, los jóvenes se reunían rodeados sólo de zumos de zanahoria y productos sanos y nutritivos. La policía no se fiaba del contenido, habida cuenta de las canciones tabernarias que, como antes, entonaban las multitudes; así que los agentes iban probando de aquí y de allá, separando lo dietético de lo espirituoso, y poco a poco se iban entrompando. Los vecinos, desesperados, viendo a los guardianes del orden beodos perdidos, se unieron al jolgorio y bebieron para olvidar. Cuando llegó el alcalde, le invitaron a un zumo y, ya borracho, lo echaron al río.
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Peligros de la ciudad (1)
Si coges un taxi, ten cuidado, pues aunque se niega oficialmente, son más de diez los casos habidos. El taxista te parecerá normal, te hablará muy indignado de esto y aquello y de lo fácil que sería arreglar las cosas, y te contará majaderías, como todos. Pero, desde la radio, le llegarán voces chirriantes que no podrás descifrar, y él responderá por el micrófono con sonidos no humanos. Te seguirá contando que hay que colgar gente en las plazas, y lo verás normal, no notarás que ha abandonado la ruta y te lleva a una zona donde sólo hay garajes.
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11 febrero, 2002
Las cuatro torres
Tenemos cuatro torres. En la primera os acogerán cuando lleguéis. Cambiarán vuestras ropas por las nuestras, y aprenderéis las canciones. En la segunda torre nos contaréis vuestros deseos y vuestros engaños, y los cambiaremos por los nuestros. En la tercera torre, cuando apenas os distingáis los unos de los otros, llenaremos vuestro corazón de un dolor muy oscuro y de afán por morir. Llegareis a la cuarta torre sin más recuerdos ni anhelos que los nuestros, y os mostraremos por fin la causa de todo mal. Entonces será cuando podáis salir, con la rabia y la furia de nuestra tribu.
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09 febrero, 2002
Concurso
El concurso empieza, cada lunes, a las nueve, y cientos de millones de personas en todo el planeta se congregan alrededor de sus pantallas para verlo. El presentador entra corriendo y sonriente, oficia la presentación de los patrocinadores, y muestra un resumen del programa anterior, en el que las tres concursantes perdieron. Aunque el público lo vio la semana pasada, y todas las cadenas lo han repetido mil veces en los recopilatorios de cada día, el morbo, el asco y el horror acucian la curiosidad. Tras la repetición de las tres muertes, entran, entre fuertes aplausos, las concursantes de hoy.
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08 febrero, 2002
La feria de los monstruos
Al entrar en la feria de los monstruos, pasabas entre el tronco parlante y la jaula de un pobre anormal con el cráneo rapado y lleno de cicatrices que gimoteaba y hacía gestos obscenos a los visitantes. Luego venían los enanos y los deformes, luchando entre sí. En la última caseta no entraba apenas nadie. Decían que podías ver allí imágenes dañinas y cortantes, hombres y mujeres que ya no lo eran. Yo jamás me atreví, pero me fascinaba observar a los valientes que osaban entrar, o a los padres que dejaban allí a sus hijos a cambio de dinero.
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06 febrero, 2002
Razones
¿Razones? La del verdugo ciego que mató a su hijo por error. La del actor que olvidó su papel y disparó al público. La de quienes llegaron con pancartas y ahora exhiben cabezas. La del niño que clava agujas a su gato. La de Dios, loco y eterno, confundiéndolo todo sin parar de reír. Y también la razón del bailarín que cae; del poeta que vende versos mustios; del arquitecto que construye catedrales sin dioses. ¿Razones? Sí. Y frio, miedo, azar y duda; víscera gritando, lo ancestral rugiendo por salir, y el hambre de sangre ajena. Razones no nos faltan.
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El futuro en el libro
Lo encontré tras el último libro del penúltimo estante, y allí se explica todo: Que se apagará el sol, que se abrirán mil simas, que se alzarán montañas nuevas en desiertos helados, que habrá un viento final, y extenderá el fuego y las ruinas. Se explica allí lo oscuro y lo temible: que habrá un mañana triste, que ni luz ni sonrisas ni el más antiguo juego salvarán el futuro, que el aire borrará las palabras serenas y el castillo que hicimos en la playa, que tú me dejarás y tus besos serán de arena y sal y continentes nuevos.
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Jordi Cebrián
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Atrapasueños
Si sabeis realmente lo que son pesadillas, las que te hacen sufrir, sudar, gritar, y despertar confuso y jadeante, no os reireis de los atrapasueños, ni os burlareis de su poder. Cuando has ido a doctores y a psiquiatras, cuando has probado desde la marihuana a la ketamina, y nada calma tu sueño, las supersticiones indias deján de parecerte estupidas. Aros de madera sobre los que los indios navajo tejen telarañas de hilo. Colgados junto a quien duerme, terrores y malos sueños quedan presos en el artefacto. Pero si no lo cambias cada semana, los sueños rebosan y pueden enloquecerte.
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Jordi Cebrián
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05 febrero, 2002
Recuerdos de la infancia
De pequeño, jugábamos de noche a dráculas entre los túneles oscuros de las casas del gobernador, laberintos encalados que daban a puertas y a escaleras y a pasillos. Los mayores hacían de vampiros, y los pequeños huíamos por galerías apenas iluminadas. Yendo con Fredi y Tere, un drácula salto sobre ellos y los eliminó, y al escapar me vi solo, perdido en una oscuridad repleta de colmillos. Deseando ser eliminado para poder salir, sentí alivio cuando me pillaron los mayores, y me llevaron a un sitio más hondo y más oscuro, donde me contaron que aquello nunca fue un juego.
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Jordi Cebrián
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04 febrero, 2002
Sueños de rey
Mientras cree dormir, nuestro rey recuerda que fue oruga, y fue perro, y que fue esclavo de un patricio de cabello blanco que le trataba bien. Recuerda que fue el hombre que quemó a inocentes en una iglesia, y que fue el capitán de un ejercito furioso por vengar a su dios, y el hombre que temió morir y en su duda mató a muchos. Recuerda nuestro rey, en su sueño infestado de torvas presencias, que un día fue barquero y hundió a ancianos en el agua para tener su oro, y recuerda que hoy muere y teme seguir siendo.
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Jordi Cebrián
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01 febrero, 2002
Procesador de textos
El procesador de textos me irritó desde que vi que me corregía las frases que había iniciado en minúscula, o me cambiaba bes por uves cuando le parecía. Pero mi inquietud creció cuando empezó a suavizar las cartas de queja que yo mandaba a los proveedores que incumplían los plazos. Donde yo escribía "Caballero mongoloide: ", él sustituía por "Apreciado señor: " De modo similar, cuando, exaltado, yo ponía en mi carta "sentirá el morder del látigo sobre sus hombros repugnantes", mi ordenador lo reemplazaba raudo por "me temo que podría ser usted ligeramente amonestado". Me vuelvo a la pluma.
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Jordi Cebrián
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