Cien Palabras ha cumplido 10 años. Gracias a todos.

Parece mentira. Hace diez años empece a escribir estos pequeños cuentos, y cree esta página para darlos a conocer. Al principio la intención era escribir uno cada día, pero al final la cosa se fue espaciando, lo que me remuerde la conciencia, pero que le vamos a hacer...

Os digo de verdad que intentaré ser más constante. Pero la voluntad es débil. Así que, como oí una vez: "No puedo aseguraros que lo intente, pero os aseguro que intentaré intentarlo."

Muchas, muchas gracias a todos. Gracias por leerme y, un poquito, por entenderme.


Jordi Cebrián


Éstos son mis cuentos de Cien Palabras.


Ocupan eso, 100 palabras exactas, sin contar el título.

Leed uno.
Despues otro.
Despacio, sin prisa.
Hay muchos, centenares de ellos.
Para sonreir, para reflexionar, para estremecerse...
Teneis tiempo, volved cuando querais.

29 mayo, 2009

Haiku vampírico

Nota aclaratoria: Este cuento es una excepción a una de mis normas. Siempre he pretendido que mis cuentos de cien palabras, o las colaboraciones que me llegan, sean en forma de prosa, sin aceptar el verso.

Este cuento está formado por 10 haikus. Como sabeis, un haiku es una forma poética de origen japones, consistente en tres versos con 5,7 y 5 silabas cada uno, sin rimar. Me pareció un reto interesante utilizar esta estructura para narrar una historia, simple, pero con su planteamiento, su nudo, y su desenlace, y por supuesto de cien palabras exactas. Si sois puristas y quereis repasar la métrica, tened en cuenta las sinalefas y demás. Este es el resultado del experimento.


¡Pobres vampiros!
Hambre, y luz que quema.
Sueñan de día.

La ve de lejos,
Y se acerca a ella
Quiere atacarla.

Sola en la noche,
Sin luz. Frio y miedo.
Nadie la espera.

Ella no grita.
El la abraza fuerte.
Besa su cuello.

No es nuevo en eso,
ni ella la primera
a la que mate.

No tiene prisa.
Primero el deseo,
luego la muerte.

Ella esta quieta,
muda, sin defenderse.
El se sorprende.

Toda victima
Chilla, o pide perdón,
O lloriquea.

Mira sus ojos,
Ella también le mira,
Y le sonríe.

¡Pobres vampiros!
Ella tenía hambre.
Ahora ya no.

27 mayo, 2009

Maneras de hacer

Abro la puerta y los muertos están allí, esperándome. Uno a uno les dibujo en la frente el signo que aprendí hace tiempo, cuando los continentes tenían otras formas. Les doy órdenes, observo sus miradas vacías y sus colmillos amenazadores. Finalmente les enseño la fotografía. Salen fuera, a la oscuridad.
Se que no es bonito, ni caballeroso, ni acorde con los días que hemos disfrutado, pero la vida no es justa, ni la muerte. Habría sin duda mejores maneras de dejarlo, pero al fin y al cabo tú tampoco eres humana. Miro la foto y sé que te encontrarán, querida.

25 mayo, 2009

Comadreja en casa

Una amiga mía se compró una comadreja, que resultó ser muy caprichosa. El bicho no quiere estar en la jaula, así que campa a sus anchas todo el día. Tampoco quiere comida de lata, sino sólo refinados guisos, y se enfada si la comida no está a tiempo. No muerde, pero enseña los dientes a la mínima. Cuando ella llega del trabajo, las botellas de licor están vacías, y la comadreja duerme en el sofá, con la tele encendida, toda la casa sucia y revuelta. Y ya lleva días insistiéndole en que el piso esté a nombre de los dos.

15 mayo, 2009

Por una palabra

Escribí un cuento de cien palabras perfecto. La gente lo leía con avidez, y lo enviaban entusiasmados a sus amigos. Me llamaron para hablar sobre el cuento en la tele, y desde Hollywood querían adaptarlo. Entonces alguién descubrió que había escrito "porque", en vez de "por qué", así que ahora sobraba una palabra. Pero quitar cualquiera de ellas desmontaba el delicado mecanismo de relojería que había conseguido construir. Finalmente eliminé un artículo, pero ya no es lo mismo. Los críticos literarios me ignoran, han cancelado el programa al que tenía que ir, y Scorsese ya no me coge el telefono.

13 mayo, 2009

Gas en el avión

“Dentro de unos minutos iniciaremos el aterrizaje. Las autoridades locales nos obligan a llenar la cabina de un gas totalmente inocuo, a través de los conductos de ventilación. Procederemos en breve.” Nadie pareció inmutarse, ni cuando empezó a salir un vapor verde de las rejillas del suelo. Viéndome inquieto, el pasajero sentado junto a mi me tranqulizó: “Ellos saben por qué lo hacen, no se preocupe. No lo harían sin tener un buen motivo”. Al poco rato, las azafatas salieron de la cabina de los pilotos, y todas llevaban mascaras antigás, pero entonces a mi ya no me importaba nada.